Achicorias

Achicorias

Carlos Be

A Ester y a Fran

A Jan

A mi madre y a mi hermana

El lunes 21 de enero de 2008, The Zombie Company estren Achicorias en LObrador de la Sala Beckett de Barcelona, bajo la direccin del autor, con el siguiente

Reparto

Ester Aira como madre de Achicoria,

Clara Canetti y KittyFran Arrez como Achicoria, Roberto y Manuel

Achicoria

Valentn

pas

gran parte de su infancia

entre la escuela,

su casa

y los vestbulos de hotel.

Su padre le recoga del colegio, se lo llevaba a un hotel, a un vestbulo de hotel.

Valentn

conoca

todos

los hoteles de la ciudad

por el color de sus vestbulos.

Se llevaba muy bien con los conserjes,

siempre le traan zumos,

un refresco con gas,

estaba all hasta que su padre

saliera del ascensor.

Una hora,

casi siempre.

Valentn,

un da,

llova,

su padre y l

llegaron al hotel azul.

Calados hasta los huesos.

El hotel azul.

Valentn se sent en el vestbulo, en su silln favorito.

Su padre colg el abrigo en el silln, en el respaldo, y su jersey, un jersey verde con cuello de pico.

Viglamelos bien, eh? le dijo a Valentn.

El abrigo y el jersey

verde

con cuello de pico

en el respaldo del silln

mojaban la nuca de Valentn.

El conserje, como el silln, tambin era su conserje favorito.

El conserje no deca nada. Miraba a Valentn y no deca nada.

A Valentn le gustaba tener algo que hacer, como

vigilar el abrigo y el jersey de pap.

Pero a veces se aburra y prefera mirar cmo llova en la calle.

El conserje se acerc.

Un zumo de naranja.

Valentn,

en silencio,

se lo bebi todo,

de un solo trago,

sin respirar,

muy rpido.

Cuando llegaron a casa

su padre y l,

su madre se puso a gritar.

Era la primera vez que Valentn vea gritar a su madre. Su madre le preguntaba a su padre dnde se haban

metido, por qu habis tardado tanto, por qu llevas el jersey verde al revs.

Aquella noche

se grit mucho

hasta que su madre recibi.

Slo entonces volvi el silencio.

Por fin.

Todo en calma.

A Valentn no le gustaban los gritos.

Prefera el silencio.

Un nio

demasiado pequeo

para comprender que a su padre an le gustaba ms,

mucho ms, el silencio y que, con tal de conseguirlo, era

capaz de levantar la mano.

El conserje fue el nico que vio al nio

dejar el vaso de zumo vaco

en la bandejita de la mesa

y levantarse del silln con los labios brillantes,

trocitos de pulpa en sus labios,

sus manitas en el jersey de pico verde

le dan la vuelta.

Al da siguiente, mam se levant con la cara sucia.

Valentn se haba preparado el desayuno

harto de esperar a que su madre fuera a sacarle de la

cama.

Le pregunt a mam

qu suceda,

tena un borrn en la cara.

Mam no respondi.

Valentn abri su estuche de lpices y sac una goma de

borrar.

Intent quitarle las manchas a su madre,

pero la mujer se apart con una risa

que se convirti en sonrisa,

sonrisa que se convirti en labios mordidos,

labios mordidos que se convirtieron en llanto.

Pas un mes

sin que su padre volviera a llevarle de hoteles,

de vestbulos de colores. Al mes,

los hoteles cambiaron, hoteles nuevos,

y Valentn ya no esperaba una hora a que su padre volviera del ascensor. Esperaba dos, tres horas o ms.

Y a su madre cada noche le costaba menos golpes volver al silencio.

Tin su madre le llamaba Tin si estaban solos , qu haces?

El nio se probaba un vestido de su madre,

un vestido largo de franela.

Cuando su madre se lo pona, a Valentn le encantaba abrazarla y frotarse con las mejillas.

La tela, la sensacin era tan agradable. Por todo el cuerpo.

Tin, no seas tonto.

Mam le desvisti. El nio se qued en calzoncillos, muy quieto, mam guardaba el vestido en el arma-

rio.

Una noche

su madre le despert

y entre sueos la vio

con la cara tan oscura

a travs de un torrente de lgrimas,

miedo.

Tin, vmonos dijo.

Nos fuimos a un hotel. Yo me sent en el vestbulo. Mam me pregunt qu haca ah sentado. Entonces descubr que en los hoteles tambin haba habitaciones. Dormitorios. Compart con mam uno muy bonito, con dos camas pequeas. Mam durmi destapada. Era la primera vez que la vea desnuda. No era muy diferente a m, aparte de esos ribetes negros en su piel. Esas manchas de tinta. En la cara, en los brazos, en la espalda. Un inmenso atlas de dolor.

Cmo poda quitarle aquellas manchas. Quitrselas, borrarlas... El nio abraz a su madre y le frot la

piel con los dedos mojados en saliva. Mam se quejaba, segua sangrndole un odo. El nio no la soltaba. Quera arrancarle aquellas manchas de la piel, manchas violetas, manchas marrones, manchas amarillas. Aquella noche Valentn tuvo una pesadilla. En la pesadilla, su madre reventaba de pus por cien heridas diferentes y caa inerte al lado de un camino, rodeada de flores violetas, marrones y amarillas. Valentn le preguntaba a su madre muerta qu flores eran aquellas.

Achicorias.

Por la maana,

mam llev al nio a la escuela.

De camino,

Valentn le pregunt qu eran las achicorias.

Son flores que crecen en los arcenes de las carreteras, en los descampados, en los mrgenes del camino.

Acabaron las clases y mam no le esperaba en la puerta de la escuela.

Estaba su padre.

Le invit a cenar fuera. Valentn tena tanta hambre.

Luego fueron a un hotel.

Al llegar a casa, mam esperaba en silencio. Qu extrao. En silencio. Tan pronto.

Hoy tu hijo ha comido dijo pap.

Mam se mordi la boca. Sus ojos, tan brillantes.

Una tarde, nadie vino a recogerme a la escuela. Regres a casa caminando, yo solo. Nadie abri cuan.

do llam a la puerta. De repente, un tumulto. Ruidos de sirenas. Gente con uniformes altos. Quisieron

apartarme, llevrseme adnde. Derribaban la puerta de casa. Me col entre muchas piernas. La casa, la

habitacin en llamas. Mam, la cama, desnuda. Olor de alcohol, de pastillas, de fsforos consumidos.

Carbonizada, o que deca alguien, qu hace ese cro aqu!

Vestido de franela.

Con trece aos.

Con tantas calles pisoteadas.

Con trece aos.

Vestido como mam.

Con las manchas en la cara

y en los hombros.

A los hombres les gustaba.

En la barra de un hotel, un hombre me pregunt cmo te llamas. Achicoria. Qu nombre ms raro, eres

guapa... Algunos incluso quisieron darme afecto, afecto como el de mam, pero al final siempre preferan darme dinero. Yo, con el dinero, qu hacer.

Una vez le un libro de un nio con un nombre muy raro tambin que de la noche a la maana se transformaba en nia y luego en nio de nuevo pero segua siendo la misma persona. Cuando acab de leer el libro, recuerdo que no pens que el sexo fuera una cosa diferente, no s, algo aparte, que separara a las personas. Pens en la mujer que escribi el cuento, que acab suicidndose por no poder ser hombre.

Yo no me visto de mujer para ser mujer. Me visto de mujer para ser como mi madre, el nico ejemplo de persona bonito en mi vida. Qu injusticia para m misma, lo s. Renunciar a tanto. Mi vestido de franela, los tacones, mi chulo, venme a buscar que hoy salgo, y a la calle. Renunciando. No puede ser de otra manera. Para que se acerquen los que deben, los que creen que deben ganar, hay que dejarse perder.

Una vez,

slo una vez,

me val de mis derechos y descubr

que el nio que llevaba dentro de m

tambin haba crecido feo.

Fue con mi chulo.

Golpe como hombre a quien se crey con derecho de golpearme como hombre. Le ense que conmigo

ese derecho

no serva de nada:

me defend.

No pudo soportar perder, renunciar a su condicin de ganador. Y se fue. Los hombres, si no ganan, se

sienten vulnerables. Y se van. Se llamaba Adolfo. Y Bertn, y Ernesto... Me doli porque les amaba. Tuve que olvidarles. Y regresar a las barras de los hoteles. A mi martini blanco, fro entre las manos, a mi mirada hinchada de islas de dolor, archipilago de sueos perdidos.

Por querer ser ms que un hombre, me han cortado de raz. Hasta los hombres justos acaban por sucumbir ante los hombres. Injusto. Renunci y perd y por eso ahora todos creen que soy menos. Mentira. Algunos, adems, me creen muerta. Muerta. Mentira. No estoy muerta. Muerto. Sigo viva, madrugada tras madrugada, qu difcil levantar los das, cada da ms... Intento hablar, de verdad, lo intento, pero Adolfo y Bertn y todos los dems prefieren el silencio y levantan la mano y.

Achicoria por las calles. Conoca a todos los conserjes de todos los hoteles. Aquellos hombres que en mi infancia haban sido gentiles conmigo, ahora no eran ms que cmplices de mi trasnochar podrido. La inocencia se fue, claro, nada ms vulnerable que la inocencia. Los colores de los vestbulos se apagaron.

Valentn, el nio, se rezag en alguna esquina de la vida para llorar. No conservo de l nada ms que el

nombre que so en aquella pesadilla, Achicoria, el nombre de una mujer que sabe que ser mujer no es

bueno, pero es que no tener madre es peor. Y algunas noches lloro a mi madre y le digo al vaco que la

quiero y que nunca nadie me quiso tanto como ella y a Achicoria la encuentran de madrugada, en el margen del camino, violeta, marrn y amarilla, entre contenedores de basura, y el sol despunta y el vaco an sin responder.

No quiero callar. No puedo callar ms. Me habis odo?

Ahora os toca a vosotros.

Por favor. Hablad.

Por favor.

Hablad.

Hablad!

Clara

Me encanta esta discoteca. Pinchan una msica que me vuelve loca.

Bailas?

Djame en paz, pesado.

Me encanta esta discoteca. Pinchan una msica que me vuelve loca.

Eres la de la tele?

Djame en paz, pesado.

Me encanta esta discoteca. Pinchan una msica que me vuelve loca.

Nunca has sentido la necesidad de creer?

...

Sus ojos. Irregulares. No encuentro otra palabra para describirlos. Su sonrisa. Tan parecida a una primera sonrisa. Y esa... esa necesidad suya de ser credo.

Yo estaba sentada en mi taburete, el de siempre, en la barra, las piernas cruzadas, el bolso del hombro,

l con los dedos en la copa, sus ojos irregulares como cubitos de hielo, su sonrisa de perfil. Una camisa

horrorosa.

Me puso nerviosa. Su pregunta. Si alguna vez haba tenido... haba sentido la necesidad de creer. Nerviosa. No, nunca. Nunca he sentido la necesidad de creer. Pero por fin.

Meti el dedo en su cubata y removi los cubitos. Los ojos giraron como locos. Saca el dedo y me lo muestra.

Creo que quiere remover mi cubata. No se atrever... Me gustara, s, me gustara, pero es de tan mal

gusto. Aqu todo el mundo me conoce. Me miran. Soy la de la tele. Y su dedo ante m. Como un crucifijo. No me lo ha preguntado pero s que quiere remover mi cubata. Ha dicho algo pero no me he enterado, no estaba escuchndole, algo como qu guapa eres, algo por el estilo, una frase manida, seguro, pero esos ojos, a lado y lado de la cruz...

Me hago la coqueta. Me hago muy bien la coqueta. l es rpido. Y lanzado. Su mano en mi cintura, sus

labios en los mos. Tiene los labios de barro. Sus labios manchan, humedecen los mos. Dice algo como

que si no me gusta que me llamen guapa. Calla y devulveme tus labios, capullo.

Su mano sube por mi espalda. Hacia la nuca. Estoy perdida. Mi nuca y estoy perdida. Me la pellizca. Creo que gimo. Suerte que con la msica no se oye nada.

Cmo te llamas?

Voy a responder. No. Aparto las palabras y su lengua entra entera en mi boca. Fresca, chorreante. Su paladar sabe amargo, demasiado alcohol, a ste no se le levantar... El dedo, su dedo, el crucifijo, se abre paso entre las lenguas, se cuela en mi mejilla, est helado. De repente, lo saca a lo bestia. Grito de dolor. La boca me quema. Me ha araado por dentro!

Bruto!

Creme.

Me coge por la cintura. Me pregunta si quiero ir a su casa. No le digo que no enseguida y sonre, piensa

que s quiero, que estoy convencida, me levanta en volandas del taburete, como a una colegiala, y me deja en el suelo.

Ser duro contigo dice mientras salimos por el pasillo de la discoteca. Hay mucha gente alrededor. Me lo ha susurrado al odo. Nadie se ha enterado.

Tiene un fiat. Como mnimo, est limpio. Grito cuando baja mi asiento de golpe y se coloca a horcajadas encima de m, hay gente en la puerta de la discoteca, nos van a ver, pon... pone... su entrepierna... sobre mi cuello. Me revuelvo. Cabrn. Quiero salir, un taxi, por favor, y a casa pitando, encerrarme en casa, mi superpisito nuevo, qu gusto, echar los cerrojos, quitarme esta mierda de zapatos, dejarme caer sobre la alfombra, masturbarme.

Se baja la cremallera. Le miro a los ojos. Parece tan dulce. l vuelve a sonrer y me dice que haca mucho tiempo que tena este sueo... Su miembro cae sobre mi boca. Lo coge con la mano, me golpea los labios, est blandito, no s si ahogarme o rerme. Tengo los pezones duros como piedras y l lo nota. Me los acaricia. Con la otra mano. Cierro los ojos. Una noche es una noche. Es bueno, el capullo. Sus muslos empiezan a molestarme, pesa mucho y me los clava en los brazos. La cosa empieza a resultar incmoda.

Cario.

Ha dicho cario.

Cario, quieres que vayamos a casa?

Te he dicho antes que s.

Se retira y me besa con ternura.

Por el camino me cuenta que se llama Roberto, abogado, ha vuelto hace poco de vacaciones, un viaje por los pases del este, no le ha gustado demasiado, fue con la familia, que prefiere quedarse en casa y comerse un buen plato de carne del pas que los viajes, pero sobre todo le gustan las mujeres con sal y pimienta.

Me coge la mano y se la lleva al muslo. Tiene buenas piernas. Estamos un rato en silencio. Conduce bien. Me relaja la gente que conduce bien, yo nunca he aprendido, me da miedo.

Aparca en un parking, dice que vive a dos manzanas de ah. Salimos del coche y me da la mano. Est fuerte el tipo.

Doblamos una esquina y me paro de golpe. Increble. Mi barrio. Me pregunta si sucede algo, le digo que no. Qu casualidad, vivimos en el mismo barrio. Eso que me ahorrar en taxis luego.

Ochenta y cinco, ochenta y tres (la floristera), ochenta y uno (el estanco), setenta y nueve, setenta y siete (la zapatera esa tan cutre)... Estoy alucinando. Setenta y cinco (saca las llaves y dice es aqu). Abre el portal, la luz se enciende sola, una clula fotoelctrica, los buzones, Federico Gonzlez Gmez (prime.ro-primera), Mariana Espinosa Tresco y Esteban Primo de la Fuente (primero-segunda), Clara Canetti (segundo-primera... Yo).

Roberto pide el ascensor. Vive en mi mismo edificio. Impresionante. Somos vecinos! No le digo nada,

pero algo nota. Me pregunta de qu me ro. De nada, de nada. Qu bueno.

Segunda planta.

Sale del ascensor.

Mi vecino de rellano!

Casi no puedo evitar el dirigirme hacia mi puerta, sacar las llaves, meterme en casa, mi felpudo con el

welcome ah, el dibujito feliz de una vaca saludndome, esperndome, qu risa, Roberto me invita a pasar delante y enciende la luz del recibidor.

Desndate. De esta noche te acordars toda la vida.

La ventana del saln da al patio interior de la manzana. No entra mucha luz, suficiente para ver que est decorado con cuatro cosas, muy minimalista el tipo. Dejo el bolso sobre un sof. Tropiezo con algo, qu es. La luz del recibidor se apaga. Se abalanza sobre m, caemos al suelo, se sienta en mi espalda, noto su miembro golpendome la cabeza, saca algo del bolsillo, qu, oigo que esnifa algo sin dejar de golpearme con su..., Roberto!, grito, para ya!, deja, me permite que me gire, su cara, no veo llegar el tortazo, un reguero de sangre sale disparado a ras del suelo.

Luego, los siguientes.

Sin final.

Zorrita, voy a matarte,

zorrita.

No.

Slo puedo decir no entre golpe y golpe.

Zorrita, si dices algo a alguien te mato,

zorrita.

No.

Me desmay.

No.

No me desmay.

Estaba como inconsciente pero

no.

Sent que me violaba.

No tena fuerzas para resistirme.

Ni aire.

Es lo nico que pensaba, que no tena fuerzas ni aire, que no deba dejar de respirar mientras segua violndome.

Verdad que te acordars toda la vida,

zorrita guapa?

Verdad que te acordars toda la vida,

zorrita guapa?

Verdad que te acordars toda la vida,

zorrita guapa?

Es que no se acaba nunca!

Ya no le oa.

Me despert un ardor en los ojos.

Estirada en el suelo. No vea nada.

Las manos a los ojos.

rbitas encharcadas... Algo.

Los dedos a los labios.

Sangre.

Dnde estaba?

Dnde estaba l?

Me levanto,

es de da,

hacia la puerta,

sin cerrar,

salgo al rellano,

mi ascensor,

mi felpudo de welcome,

el dibujito feliz de una vaca saludndome,

mi puerta,

no puedo entrar en mi puerta,

ni en el ascensor,

bajo las escaleras,

tropiezo,

caigo dos,

tres,

cuatro escalones,

sin tobillo,

en la calle,

corro,

setenta y siete,

setenta y nueve,

ochenta y uno,

ochenta y tres,

ochenta y cinco,

ochenta y siete,

tres mil doscientos cincuenta millones...

No s cmo, pero al fin consegu entrar en casa.

Y no sal.

Me llamaron del programa, no poda ir, les dije, que estaba despedida, me da igual, no poda ir.

Viva en un rincn de la casa, todos los cojines y las mantas apilados all, en el rincn ms alejado de la

pared, de la pared de al lado.

l estaba al otro lado.

Lo saba.

Y yo no poda salir.

Volvera a hacrmelo.

No poda salir.

Me ahogaba con slo pensarlo.

Una semana despus,

me despert un ruido.

De la pared.

Despus llegaron los gritos.

No poda llorar,

tena pnico

de que me oyera.

Ella,

quienquiera que fuese,

tampoco llor.

Simplemente,

se apagaron sus gritos.

De repente.

Un crujido.

Quizs lo imagin.

No ms ruidos.

Excepto los gritos.

Aquellos gritos.

Clavados en mi pared.

No llam a la polica.

No podan nada.

Yo, todo lo que haba perdido...

Tanto.

Nada que hacer.

Que devolver.

Vend el piso.

Cambi de ciudad.

De provincia.

Pero los gritos.

Siguieron en aquella pared.

En esa pared.

En esta pared...

Kitty

Y despus de este pequeo intermedio, ha llegado la hora del mejor striptease de la noche, de cualquier noche, de todas las noches, en breve ante ustedes, estimado pblico! Les presento a la ms ertica y explosiva de nuestras mujeres! S, para todos ustedes, la fantstica Kitty! Aplausos, aplausos paraKitty la fantstica!

se acabaron los nios, se abre otra noche fantstica para Kitty,para Kitty la fantstica,voy a hacerles vivir la mejor noche de su vida, la ms fantstica, claro, la mejor noche de toda su vida, por.que quin les dice que esta noche no es toda la noche que les queda por vivir, maana, quin sabe?, ayer, quin se acuerda?, el presente puede cambiarlo todo y ms rpido que de la noche a la maana, y tanto, para qu esperar a la maana?, la luz hace que veamos las cosas tal como son, vaya mierda, no merecen verse tal como son, a m no me gusta despertarme de da, espero a que anochezca, entonces puedo soar que las cosas son como me gustara que fueran, me engao, s, pero prefiero engaarme a ser engaada por las luces de otros que a nadie le ped que alumbrara mi camino, aquellos focos en la carretera que me deslumbraron, quera vivir en la noche, en aquella noche, en aquella noche que sera todas las noches para m, la primera y la ltima, y al despertar en la cuneta ya no sera yo, estara fra y haran conmigo lo que quisieran bajo sus luces, a la mierda, por qu tuvo que aparecer aquel coche?,

Subes?

no soy una puta,

Cunto.

no soy una puta,

Dnde vas. Puedo ayudarte.

tienes una pistola?,

Tengo algo mejor...

dijo tengo algo mejor,

Mis propias manos...

dijo mi polla,

no, no

As. As te gusta ms?

me duele,

La tengo gorda, verdad? Zorrita...

me duele,

Te duele?

s,

Joder! Te he hecho sangre...

no,

Quieres que siga, eh?

qu ms me da,

Cierra los ojos y djate llevar... Cree en m...

no, eso no!,

Estoy a punto, estoy a punto...

Dame fuego.

s,

No podemos continuar as.

cmo?

As, coo, sin dinero. El dinero no acude soando.

pero yo no s hacer nada,

Y todas esas historias que cuentas?

no dices que soando no saldremos nunca de esta mierda?,

Bueno, no slo las cuentas por la boca. A m me las contaste con el cuerpo, recuerdas? Nuestra primera noche.

te corriste sin condn,

Qu ms te daba. El dao ya te lo habas hecho t. Tienes que vender tus historias, cario. Con tu boca.

Y con tu cuerpo. Hazlo por m. Tienes que hacerlo por m.

Yo soy tu luz.

no,

Yo soy tu luz.

Qutate la ropa!

Que te desnudes!

no puedo,

Tienes que hacerlo por m! Por m!

El pblico! Desndate!

Querido pblico! Esta noche han ido a parar al mejor tugurio de la ciudad! S, ya s, las bebidas estn aguadas y en el lavabo hay que hacer cola con las cucarachas, pero a que no saben quin ha venido esta noche! La fantstica Kitty! En cuerpo y alma para todos ustedes! Aplausos, aplausos para Kitty la fantstica!

Msica de striptease.

Primer Striptease

vaya mierda de aplauso!,

Fin de la msica.

Primer striptease interrumpido.

Cmo quieres que aplaudan? Ests hecha una piltrafa! As no me calientas ni a m!

no digas eso,

Te quejas de que te diga la verdad? Prefieres que te mienta? Pues calla. Y s, ests hecha una mierda!

Puta escoria! Levntate! Y desndate! Que te desnudes! No ves que quieren verte las tetas!

por qu?,

Como no aplaudan ahora, te mato.

La fantstica Kitty! Aplausos, aplausos!

Msica de striptease.

SegundoStriptease

cerdos!,

Fin de la msica.

Segundo striptease interrumpido.

A ver!

Quieres?

no, gracias,

La he conseguido a buen precio. Nos lo podemos pasar bien.

lo dej hace mucho, ya lo sabes,

Claro, porque era malo. Pues entrate, en esta vida no hay nada malo ni nada bueno. Hay nada, y punto.

no te entiendo,

Qu coo vas a entender t! Si vives a oscuras, con los ojos cerrados, para no ver lo que no te gusta...

al menos no aplaudo cuando veo algo que no me gusta,

Aplaudes si tienes que aplaudir. Y punto. Y si no hubiera aplaudido yo en su momento, ahora no tendra esta mierda para meternos.

no puedo, me sangraba la nariz,

Por las encas.

se me caern ms dientes, estar fea en los stripteases,

As que lo vas a hacer?

a alguien tengo que aplaudir, no quiero estar sola,

Eso es amor, mi pequea! Vers, nos lo vamos a pasar de puta madre. Vamos al lavabo, pero antes pdeme algo en la barra.

no tengo dinero,

Pues ensale una teta! Un combinado para m, cargadito, cargadito.

qu le estoy dando si le enseo mis tetas?, slo puede creerse, no s, digno de que se las muestre, orgulloso, como si creyera que se merece que me rebaje ante l ensendole las tetas, para que se sienta superior, claro, para que me sienta bajo su poder, por eso nos aplaude la gente?, para que sepamos que les debemos agradecimiento?, yo no aplaudo por eso, a m me gusta aplaudir sola, en silencio, con los ojos hmedos, por eso paso tanto tiempo con los ojos cerrados, para que no me vean al borde del llanto y piensen la pena que doy tan calladita, la tontita, mrala, con los ojos llenos de lgrimas, nunca entiende nada, y yo sigo callada y ellos son los nicos que hablan porque tienen que decir que soy yo quien nunca entiende nada porque tienen miedo de que, si no lo dicen, sean ellos los idiotas, pero yo no soy idiota, lo que pasa es que soy lo suficientemente inteligente como para saber que nadie puede entenderme, antes s hablaba, y mucho, y me aplaudan y no por mis tetas o mi culo, me aplaudan por lo que deca, siempre es as hasta que haces algo, o les muestras algo, que no entienden, y dejan de aplaudirte, y hablan entre ellos para aplaudirse la decisin de estar todos de acuerdo, en contra ma,el aplauso se da como se quita,mis ojos, no,por eso no me gusta abrirlos,me hacen sentir que estoy sola,

Y las bebidas?

No me mires as, te he dicho mil veces que no me gusta que me mires as.

Calla!, no digas nada!

ests bien?,

Joder...! Que te he dicho que no me mires as! No me gusta que me mires con esa cara. Y menos que

hables, joder. Seguro que tendra que darte la razn...

El espectculo contina!

El mejor striptease de la noche, de cualquier noche, de todas las noches, en breve ante ustedes, estimado pblico! Les presento a la ms ertica y explosiva de nuestras mujeres! S, para todos ustedes, la fantsti.ca Kitty! Aplausos, aplausos para Kitty la fantstica!

Msica de striptease.

Tercer Striptease