El condenado

El condenado

Pedro de Silva

Personajes:

Juez 1

Juez 2

Juez 3

Secretario

Acusado/Condenado/Preso/Hijo Madre

Mdico 1

Mdico 2

Mdico 3

Carcelero

Sepulturero

Jerarca 1

Jerarca 2

Jerarca 3

PRLOGO

Una mesa amplia y sencilla, al estilo de las usadas por los Tribunales de Justicia, que descansa sobre una tarima. Tras ella tres sillas. A un lado una mesa peque-a, casi a ras del suelo, sobre la que hay una mquina de escribir antiqusima. Delante de la mesa del Tribunal, encarada a ella y de espaldas al pblico, una silla solitaria. Cubre el fondo del escenario un gran lienzo azul del que pende un retrato de una fi gura regia o laureada y un texto en latn: Honesto vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere. Al lado opuesto al de la mesa pequea hay un tabique con una ventana grande y enrejada. Sobre la mesa del tribunal hay una pajarita de papel.

Se oyen murmullos y voces a ambos lados del escenario. La escena sigue vaca durante unos momentos expectantes. Al fin entran los JUECES 1, 2 y 3, que to-man sus posiciones correspondientes.

Juez 1

Silencio en la sala! (Golpeando con el martillo que hay sobre la mesa.) Silencio en la sala!

Por un lateral entra el SECRETARIO, menudo y de gafas, a hurtadillas por su retraso. Lleva casi escondido un bocadillo a medio comer que deposita en la mesa mientras se sienta.

Juez 1

Este Tribunal va a proceder seguidamente a leer la sentencia. Rogamos al acusado ocupe su lugar.

Por un lateral traen entre dos enormes policas al acu-sado. Casi en volandas lo colocan en la silla, donde queda sentado mientras los policas se retiran. El SECRETARIO furtivamente come el bocadillo.

Juez 1

En pie! (El acusado se levanta de un salto. Tras un carraspeo el JUEZ 1 comienza a leer.) "En ... a tantos de tantos de tantos, Nos, Tribunal constituido de acuerdo con las vigentes leyes, tenemos a bien (tose) disponer lo siguiente: Que considerando que el procesado, sin nombre conocido, el da tantos de tantos de tantos, so pretexto de verse forzado a comprar medicinas para su madre enferma y sin recursos... (Levantando la vista y mirando al acusado.) hoy difunta, que en paz descanse infringi deliberadamente y a sabiendas los prrafos 1, 2 y 5 del apartado 6, subdivisin "6" del art. 459 de la vigente ley de delitos econmico-mone-tario-financieros, promulgada por decreto de tantos de tantos de tan... "(El JUEZ 2 ha estado jugando con una bolita de cristal entre los dedos y sta ha acabado cayendo y rueda estrepitosamente por el escenario. El SECRETARIO la coge y la deja sobre la mesa del Tribunal. El JUEZ 1 tose repetidamente y mira al JUEZ 2 con mirada reprobadora y al SECRETARIO con mirada entre despectiva y disculpante. Luego prosigue.)"... por decreto de tantos de tantos de tantos. Considerando asimismo que no son aplicables al acusado las eximentes contenidas en los epgrafes 7, 9 y 392 de la citada ley. Considerando que en el hecho concurren varias circunstancias agravantes, como son la invocacin de una pretendida enfermedad de la ma-dre (mirando al acusado) que en paz descansa, para tratar de encubrir sus deleznables tendencias delictivas, y la negacin obstinada... (Al decir "obstinada" el juez mira con fiereza al acusado, a la vez que golpea inconscientemente con el martillo sobre la mesa. Al caer en la cuenta tose. Mientras tanto el secretario apura entusiasmado- el bocadillo.) ... tendente a impedire la requisa de las medicinas, adquiridas con fondos ilcitamente obtenidos, por las fuerzas del orden pblico, hecho este que configura la psima entidad moral del acusado. Considerando por ltimo el gravsimo dao causado per el delito del acusado a la economa nacional y al bienestar pblico, Nos, el Tribunal, fallamos:

El JUEZ 1 toma un cariz solemne. Mira al JUEZ 3, que casi dormitaba y se incorpora presto. Mira despus al JUEZ 2, que repicaba los dedos sobre la mesa y recoge prestamente la mano. Mira por ltimo al secretario, que estaba a punto de dar un mordisco al bocadillo y al percibirse queda petrificado con el idem ante la boca. Enseguida reacciona y esconde el bocadillo. El JUEZ 1 contina mirndolo fi jamente hasta que le fuerza a arrojarlo. Acto seguido el JUEZ 1 tose y se recompone de nuevo.

"Que debemos condenar y condenamos al acusado a las penas correspondientes a sus tres delitos en sus grados mximos. Por el primer delito, correspondiente al prrafo 1, apartado 6, subdivisin "B" del art, 459 de la citada ley de delitos economco-monetario-financieros publicada por decreto de tantos de tan...

(El acusado tose. El JUEZ 1 le mira con gesto reprobatorio. El acusado hace seas tratando de achacar su tos al catarro que parece tener, pidiendo disculpas.) ... por decreto de tantos de tantos, se le impone la pena de 40 aos y un da de reclusin mayor. Por el segundo, correspondien-te al prrafo 2 del citado apartado, de la citada subdi-visin, del citado artculo, se le impone la pena de tres meses de arresto mayor..." (El acusado respira aliviado y saca un pauelo con el que se seca la frente. El JUEZ 1 menea la cabeza y el JUEZ 2 suelta una risita sdica, que el JUEZ 1 reprueba al tiempo que toma una pose de tran-ce doloroso.) "Por el tercero de los delitos cometidos, correspondiente al prrafo 3 de la antedicha ley, se le condena a ser colgado hasta que muera." (El ACUSADO deja de secarse el sudor y queda petrificado. Se rehace. El SECRETARIO se quita sus gafas para mejor observar al prxi-mo ajusticiado.) "El acusado tiene algo que decir?"

Acusado

(Entre dientes.) Yo... decir... (Gesticula.) Mi madre... yo tena... (Queda parado en seco un instante. Luego, con voz fi rme.) No. No tengo nada que decir. (Queda pensativo.)

Juez 1

(Golpeando la mesa con el martillo al tiempo que se le-vantan los tres jueces y el secretario, que no deja de mirar al acusado desde este momento se llamar CONDENA-DO. El JUEZ 3 parece distante o molesto. El JUEZ 2 juega nerviosamente con el cordn de su manto.) Este Tribu-nal declara...

Condenado

(Interrumpiendo tmidamente.) Perdn, Sr. Juez... (El JUEZ 1 le mira asombrado. El JUEZ 2 deja de jugar con la borla y el JUEZ 3 toma repentino inters en el caso.) Quisiera preguntar algo...

Juez 1

Pregunte sin temor. La Justicia no cierra jams sus puertas a nadie, ni aun al condenado, ni aun al rpro-bo, ni aun al que antepone al bienestar y al pan de las gentes torpes intereses personales. Ni aun al ms des-preciable y sucio de los mortales cierra sus puertas la Justicia. Antes bien, abre amorosa sus brazos para...

Juez 3

(Interrumpindole con flema.) Sr. Presidente, veamos qu nos quiere preguntar...

Juez 1

(Algo molesto.) Ah, s... pregunte usted.. pregunte sin temor.

Condenado

Quisiera saber si la condena de 40 aos debo cum-plirla antes o despus de la de muerte. (Se oyen risas en los laterales del escenario.)

Juez 1

(Desconcertado.) Cmo... cumplir... Despus, natu-ralmente! (Nuevas risas.) No, antes! (Risas.) Quiero decir... (Cayendo en la cuenta de su resbaln y tratan-do de arreglarlo.) Que ni antes ni despus. Se trata tan slo de una condena fijada con la fi nalidad de que ningn delito pueda escapar a la mano implaca-blemente justa de la Justicia; de que ninguno de sus horrendos crmenes quede impune. As, aun cuando no viva para verlo, la conciencia social ser testigo de que a cada infraccin le corresponde su castigo, y esta condena incidir en los nimos de las gentes hasta que un da el derecho sea rey y seor de un mundo nuevo y perfecto donde el delito no exista... (Queda pensativo.) S, donde el delito no exista.

Ccondenado

(Asombrado.) Ah...!

Juez 1

(Solemne.) Este Tribunal declara concluido el caso. (Golpea la mesa con el martillo mientras el secretario enfunda la mquina y recoge el bocadillo que estaba desparramado por el suelo. El mismo JUEZ 1 mira hacia el letrero del fondo con orgullo.) "Honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere".

El JUEZ 2 asiente mientras juega con el martillo. Acto seguido se retiran. El JUEZ 3 entre displicente y abatido. El JUEZ 2 algo encogido y dando pasitos cortos al tiempo que juega con el cordn. Suena msica solemne y marcial.

Quedan en escena el SECRETARIO y el ACUSADO. ste sigue sentado de espaldas al pblico. El secretario se le acerca y le mira con cierto detenimiento, aunque sin dejar de comer. El acusado le mira y entonces el secretario, azorado, saca un trapo del bolsillo y se pone a limpiar la mesa del Tribunal. Entran los enormes policas y, sin decir palabra, se llevan en volandas la silla, con el acusado encima.

Secretario

(Avanza hacia el pblico y se encara con l.) A m me apenan estas cosas... (Da un mordisco.) Me apenan mucho. Pero... qu se le va a hacer... (Otro mordisco.) La Justicia... es la Justicia. (Se dirige a la mesa del Tribunal y comienza a limpiarla. Acto seguido coge el martillo y se sienta al borde de la tarima, mientras contina su interminable bocadillo.) Adems... quin le manda ser tan canalla y tan ladrn... y asesino y todo lo peor de lo peor. Le est bien empleado. (Golpeando en la tarima con el martillo.) A muerte! (Acaba el bocadillo, se sacude las manos, se pone de pie y dice sentencioso y solemne:) "Suum cuique tribuere".

TELN

ACTO NICO

ESCENA I

A un lado del escenario el corte de un tabique de la crcel, con una ventana enrejada. Al otro el tabique opuesto, en el que hay una puerta y al que est arrimada una cama. Al otro lado de la puerta hay una silla, que se supone dispuesta para el carcelero. La celda est iluminada por una luz modesta pero sufi ciente. Hay varias inscripciones grotescas en los tabiques y en el suelo una jarra y una barra de pan.

Es de noche. La luz de la celda est encendida. El preso lleva una camisa rayada de presidiario sobre su propia camisa blanca.

Preso

(Mirando a travs de los barrotes. Aspira el aire que entra por la ventana.) Hermosa noche... (Pensativo). Ah fuera hace una hermosa noche... (Mirando su camisa de presidiario.) Ah fuera... (Dirigindose al pblico y encarn-dose con l.) Ah! Estn ustedes ah. Hermosa noche no es cierto? (Cayendo en la cuenta.) Oh, perdnenme! ustedes querrn saber no es verdad? Querrn saber qu me ocurre, por qu estoy aqu, qu horribles crme-nes he cometido. (Gesticulante.) Todos quieren saber... cuando alguien padece. Todos quieren que se les expli-que, pues todo debe tener explicacin... Cmo puede uno sentirse seguro en un mundo sin explicaciones...? Si yo estoy as debe ser por algo... Tranquilcense. Yo he cometido, supongo, crmenes horribles, espantosos de-litos. Les basta con que les diga esto? No, claro que no, ustedes querrn conocer los ms mnimos detalles de mi delito... perdn, mis delitos. (Burln.) Los prrafos 1, 2 y 3 del apartado sexto, subdivisin "B" del art. 459 de una de tantas leyes vigentes. (Se sienta en la cama.) Todos quieren saber. Al fin y al cabo justifi cando los males del prjimo ponemos a cada efecto su causa... y, ya saben, cada hecho causado exige otro hecho que lo cause. Al menos eso dicen las leyes metafsicas, fsicas y... teolgicas. Leyes... leyes! (Esconde el rostro entre las manos. De pronto vuelve en s, se pone de pie de un salto y se encara de nuevo al pblico.) Oh, perdnenme de nuevo!, les estaba aburriendo. (Dinmico.) Bien, les contar con todo detalle. Vern cmo todo tiene explicacin. Todo ocurri un da, hace de esto algn tiempo. Haca una hermosa tarde, demasiado calurosa qui-zs... era julio. Llegaba yo a casa cuando...

Empieza a sonar una musiquilla suave y estival. Se va haciendo el oscuro.

ESCENA II

Mismo decorado de la escena anterior, excepto la silla, que ahora est dentro.

Se va iluminando la escena, pero la luz no proviene de la bombilla de la habitacin, sino que se fi ltra a travs de la ventana. Hay un atardecer sangriento y caluroso. En la cama yace la MADRE, que grue y se mueve, molesta. Suena la misma musiquilla del final de la escena anterior. Al poco aparece en escena el HIJO, que viene en mangas de camisa, sudoroso y alegre. En una mano lleva un pauelo para enjugar-se el sudor y en la otra una trompetilla de las usadas en los cotillones.

Hijo

(Canturreando. Abre la puerta con la llave.) Vaya calor! (Entrando.) Madre, ests ah...? hace un calor ho-rrible... (Mira hacia la cama y la ve, tumbada y dolorosa. Guarda la trompetilla en el bolsillo.) Madre... qu pasa...? qu te ocurre? (Arrodillndose junto a la cama.) Qu tienes...? (Inquieto.) Madre...!

Madre

(Mirndole.) Aaaahhh... (Trabajosamente.) Hola hijo... Hace calor, verdad...?

Hijo

(Alarmado.) Madre, dime qu te ocurre, qu tienes...! Dnde te duele...? Habr que llamar al mdico... s, un mdico. (Se levanta y camina hacia la puerta.)

Madre

Espera, hijo...! No te vayas...

Hijo

Pero...

Madre

(Tratando de tranquilizarle.) No te preocupes. El mdico vendr. Los mdicos siempre vienen. (Pasndole la mano por la frente.) Qu calor, eh?

Entran sin llamar los MDICOS 1, 2 y 3, en fi la india, serios, diligentes y peripuestos.

Mdicos

(A coro.) Vaya calor!

El MDICO 1 aparta violentamente al HIJO y se pone a auscultar a la MADRE. El MDICO 2, mientras tan-to, comprueba los reflejos de las rodillas. El MDICO 3 examina junto a la ventana con un microscopio la barra de pan que estaba sobre la jarra. El HIJO trata de contemplarlo todo, perplejo.

Mdico 1

El ritmo cardiaco es correcto. La temperatura alta pero nada alarmante. Todo bien. La respiracin... (Acerca ms el odo al estetoscopio.) La respiracin... (Alarmado.) La respiracin... no tiene! Ah, s, pero muy dbil... muy dbil.

Hijo

(Alarmado.) Usted cree que...

Mdico 1

(Tajante.) Yo no creo nada...! Es la ciencia la que cree, la que dictamina, la que condena o absuelve. La cien-cia me dice que su madre est enferma, muy enferma. (El MDICO 2 sigue buscando los refl ejos de la rodilla. A l se dirige el MDICO 1.) Deje eso! (El MDICO 2 reco-ge las manos y deja el martillo sobre la cama.) El caso es grave. Deber tomar enseguida esta medicina... (Es-cribe.) Una cucharada cada media hora. (Le entrega el papel al hijo.)

Hijo

(Tmidamente.) Es...muy cara?

Mdico 1

(Brusco.) Yo soy el portavoz de la ciencia, no el co-merciante. Ante la ciencia no caben nimiedades de ese tipo. La ciencia seguir su camino a pesar de todo y de todos hasta que llegue el da en que se habr edificado un mundo nuevo y perfecto adonde no habr enfermos... (Queda pensativos.) S, donde no habr enfermos pero s mdicos que velen constantemen-te para ello. Un mundo nuevo. (Bajando el tono.) Le dir, no obstante, que el precio de la medicina es de unos noventa...

Hijo

(Esperanzado.) Centavos?

Mdico 1

(Indignado.) Dlares! (Despectivo.) Centavos... centavos...

Hijo

Dlares! Dlares...! Pero... (Suplicante.) Eso no es posible. De dnde voy a sacar noventa dlares. (Se busca en los bolsillos. Saca dinero. Lo cuenta.) Tres... tres dlares! Slo tengo tres dlares.

Mdico 1

(Despegado.) Eso es su problema y no el mo. Yo dictamino la enfermedad e indico su remedio. El buscar ese remedio es cosa suya. No se olvide: soy su mdico, no su amigo. No soy yo quin para aconsejarle cmo conseguir ese dinero. La ciencia no puede detenerse ante este tipo de obstculos. La misin de la ciencia es abrir nuevos caminos a la investigacin y al progre-so. Buscando sin descanso la senda que conduzca a un mundo donde...

Mdico 3

(Tras examinar el pan con el microscopio se ha puesto a mirar tristemente por la ventana. Interrumpindole.) Doctor... vmonos ya... se hace tarde.

Mdico 1

(Molesto.) S... es verdad. Es tarde. En cuanto a usted no olvide que se lo he advertido. Si no se le aplica esa medicina, su madre... (Mueve la cabeza signifi cativa-mente.) Vmonos. Adis.

Hijo

(Desolado.) Espere... (Cogiendo al MDICO 1 por la chaqueta, hasta que ste le suelta despectivamente.) Es-pere... (Dirigindose al MDICO 2, que al darse cuenta se pone a recoger apresuradamente sus utensilios.) Espere, no se vaya...

Mdico 2

Adis

Hijo

(Dirigindose al MDICO 3.) Yo no tengo dinero... algo se podr hacer...

Mdico 3

(Comprensivo pero impotente.) Lo siento... (Le da el microscopio.) Tenga... Es todo lo que poseo. Yo no po-dra... yo no sabra... (Resuelto.) No podra hacer otra cosa. (Mirndole a los ojos.) Hoy... har una hermosa noche... Adis.

Hijo

(Resignado.) Adis. (Cierra la puerta. Se dirige a la ventana. Mientras mira por ella, inconscientemente se tropieza con la trompetilla verbenera que haba guar-dado en el bolsillo. La mira, la toca por ltima vez, y acto seguido la arroja por la ventana. En voz baja.) Una hermosa noche... (Se dirige hacia su madre.) Madre... madre...

Madre

(Tranquila.) Qu, hijo?

Hijo

Los mdicos han dicho que... hoy har una hermosa noche...

Suena una msica suave pero no triste, mientras se hace poco a poco el oscuro.

ESCENA III

El mismo decorado excepto la silla, que est de nue-vo fuera.

Es de noche. Se ilumina la escena con la luz de la bombilla y vemos al PRESO junto a la ventana, abrochndose los botones de la camisa rayada mientras mira a travs de las rejas.

Preso

(Con melancola.) Una hermosa noche... (Encarn-dose al pblico.) Bien, ya conocen mi historia. Por el microscopio me dieron cinco dlares, que unidos a los tres que yo tena ahorrados hicieron ocho. El resto pueden suponrselo. Mi madre empeoraba y yo al principio me pasaba las horas junto a ella, mirando la calle por la ventana. Un da empeor de pronto y sufra mucho. No pude soportarlo ms y me march en busca de una solucin. Me detuvieron enseguida. (Gesticulando y pasendose por la celda.) S, ya s que debi ser algo horrible lo que hice, algo que debera cubrirme de vergenza. Un delito...! Yo, atentando contra las leyes... las leyes... (Pensativo.) A veces me pregunto quin las habr hecho... porque... alguien debe haber sido. Cualquiera sabe! En fin, que me detuvieron y me encerraron en seguida, sin embargo... (Entre tmido y sonriente.) Aquella noche, en el calabozo... recuerdo que dorm bien, tranquilo... qu cosas! Yo durmiendo tranquilo despus de haber cometido un delito tan despreciable. (Acercndose a la ventana. Queda mirando largo rato a travs de los barrotes. Se oye una msica suave y pacfica.) Vaya noche ah fuera...! (Se detiene la msica. Pensativo.) A veces... a veces pienso que la noche slo es hermosa cuando est ah fuera... Yo nunca he estado dentro de una noche hermosa... (Dirigindose al pblico, ilusionado.) ustedes s? Debe ser preciso tener mucha hermosura para participar de una noche as. Si no... se est fuera... fuera... (Rehacindose.) Fuera, dentro, qu tonteras digo! (Ve el pan. Lo parte y va a hincarle el diente cuando cae en la cuenta de algo y aparta la barra de la boca. Chistoso.) Qu cosas! Puedo comer el pan o dejarlo: soy libre... (Re.) Soy libre! (Se acerca a la ventana. Hace migajas y saca la mano entre los barrotes.) Po, po, po...! Que-ris pan, pajaritos... del seor? (Perplejo.) Del seor? (Decidido.) Queris pan, pajaritos...?

ESCENA IV

Se oye picar a la puerta de la celda. El PRESO sigue echando de comer a los pjaros. Los golpes insisten. Al otro lado de la puerta es el carcelero quien golpea. Lleva un enorme portallaves colgado al cinto y come un bocadillo.

Preso

(Escondiendo el pan debajo de la cama.) Ya va, ya va! (Asomndose a la mirilla de la puerta. Con sorna.)

Vaya, si tengo visita! Que aproveche, seor carcelero. Es un honor.

Carcelero

(Da un mordisco al bocadillo.) Calla, perro, que no es-ts en lugar propio para burlas. Ve metindote en tu cama y apaga la luz. La cuenta de la electricidad subi mucho el mes pasado. (Da un nuevo mordisco al boca-dillo.) No puedes dormir, eh? Ests nervioso. No me extraa. Pronto estars... colgado.

Preso

Espere... No se vaya. (Suplicante.) No he querido ofen-derle. (Sugerente.) Djeme hablar un poco con usted...

Carcelero

Bueno... (Da otro mordisco al bocadillo.)

Preso

Dgame, por qu me ha dicho todo eso de que me van a colgar? Yo s que lo harn, pero... Por qu ha tenido que decirlo?

Carcelero

(Avergonzado.) Perdona, en realidad no s por qu he dicho eso. Quiz... porque todos los carceleros lo di-cen..., no s. As debe ser, supongo...

Preso

Tienes razn. T eres el carcelero y debes desempear bien tu papel. Yo... soy el condenado y debo esmerarme en el mo. Eso es lo importante: jugar lo mejor posible el juego que nos ha tocado. En realidad t ests tan condenado como yo, slo que yo estoy condenado a condenado. Esa es la diferencia que nos separa... y nos une. (Suspira. Pasea por la celda.)

Carcelero

Eres un preso raro. Dices cosas extraas que no com-prendo del todo. Por qu te van a colgar? Has matado... o robado... Qu has hecho? Nadie est aqu por bueno ni por santo.

Preso

Yo soy culpable. Soy culpable de todo... de ser condenado. Soy culpable de tener que morirme. Yo soy el culpable y basta. Soy un condenado... las leyes lo han dicho.

Carcelero

(Enigmtico y pensativo.) Las leyes...

Preso

S, las leyes. Ellas hacen y deshacen todo. En realidad yo soy un condenado desde que nac. Se nace condenado como se nace cartero o abogado o mdico... o juez... o carcelero. (Con nfasis e irona). Adems... siempre tendr que haber condenados para que haya personas... libres... Las leyes hacen el resto; en realidad no hacen sino vocear lo que ya es... y velar por si alguno trata de escaparse sin condena...

Carcelero

(Se aparta de la mirilla asustado y despectivo.) Ests loco... (Saca una novela del bolsillo trasero y se sienta en la silla a leerla. Entre dientes.) Condenado loco...

Preso

Nadie est loco. Se ven cosas distintas o de un modo distinto. O, simplemente... se ven. El verdadero loco es un hombre que se ha ido. Es un evadido de presi-dio del que nadie sabr nunca. A veces quisiera estar loco, fugarme yo tambin. Pero slo pocos, muy po-cos, lo consiguen...

Carcelero

(Que no consigue leer. Se levanta y se asoma a la mi-rilla.) Cllate ya, perro condenado! Ests nervioso, eso es. Ya pronto te colgarn... Bah! (Se despega de la mirilla y se vuelve a sentar. Se acuerda del bocadillo. Lo busca, lo encuentra y se pone a comerlo rabiosamente, mientras grue.)

Preso

(Compasivo.) Pobre diablo! (Se acerca a la ventana. Comienza a orse una musiquilla suave y plcida. Hay una larga pausa en la que el PRESO mira a travs de la ventana, mientras fuera de la celda el carcelero grue y come.)

Voces al fondo

Las doce! Se apagan las luces!

Se apagan. La msica aumenta poco a poco de volu-men. Por la ventanuca enrejada se filtra una difana claridad de luna. Pausa.

Preso

Otra noche hermosa que quiere entrar en la celda... Ah!, qu paz. Luna, cielo arriba, estrellas. (Como despertando de pronto. La msica se interrumpe. A gritos.) Carcelero!, sabes lo que es una estrella? (Pausa. El carcelero grue algo ininteligible. Vuelve la msica. Se para de nuevo. Gritos otra vez.) Carcelero!, dnde est la luna?

Carcelero

(Entre dientes.) Una luna... una estrella... (Da un mor-disco a su interminable bocadillo, despectivo.) Loco...!

Preso

(Insistente.) Carcelero!, qu es una estrella?

Carcelero

(Se levanta de un salto, enojado.) Vete al diablo! (Se asoma a la mirilla.)

Preso

Carcelero... (Suave.) Qu es un diablo?

Carcelero

(Enfurecido.) Un diablo eres t, perro condenado! Un maldito diablo que ni vivir mucho ni deja vivir a los dems!

Preso

(Encarndose al pblico.) Bien... Todo est mejor ahora... ustedes ven? El carcelero ya es un carcelero, grun, hiriente y detestable. Y el condenado... el condenado va tomando al fin traza de tal, con la hiel de la muerte a flor de labios y la amargura del camino que a ella conduce en cada gesto. Como ven todo va configurndose con las hechuras que le corresponden. Todo va llegando a su estado perfecto, honesto, her-moso... justo. (Tomando en sus manos la barra de pan que tena escondida debajo de la cama.) Todos hemos nacido hace algn tiempo, con la cabeza por delante y los ojos muy cerrados, como negndose a mirar en torno, y tal vez sea ese el primer instinto que el vientre materno nos dicta. Luego resulta que unos aprietan las llaves en su mano y otros... las rejas. A los primeros corresponde cerrar las puertas y a los segundos... tratar de abrirlas. Unos y otros sern buenos si estn en su papel y saben llevar con buena escena aquello que les compete. (Mostrando la barra de pan.) Ven ustedes este pan? Est hecho con trigo y por eso es blanco; est amasado a mano y por eso es sabroso. A qu razn habramos de pedirle que fuese rosado o tuviera muescas de mquina en su corteza? Vedlo... (Lo muestra.) Es un buen pan...

Carcelero

(Irritado.) No te callars, perro! Hasta cundo habr de soportar tu chchara roncona? No hay quien duerma en esta crcel. Menos mal que pronto te columpiars al sol con la lengua fuera! (Sigue mascullando palabras ininteligibles.)

Preso

(Sigue encarndose al pblico.) Ustedes oyen...? (Com-placido.) ste s es un carcelero...! (Dirigindose al car-celero.) T tampoco duermes, puerco...? (Queda a la escucha.)

Carcelero

Grita, grita, perro, que te queda poco! Muy poco...!

Preso

(Re complacido.) Aj...! Bueno, muy bueno... un car-celero magnfico, honesto... justo... hermoso. S, esa es la palabra: hermoso... muy hermoso... (Est sentado en la cama. Comienza a sonar una msica suave y festiva. Tiende las piernas sobre la cama. Vuelve la cabeza y habla mientras va recostando el resto del cuerpo.) Hoy dormir tranquilo... como aquella vez... (La luz de la ventana va disminuyendo y la msica aumentando, mientras sigue hablando tenuemente.) Como aquella vez...

La msica alcanza un volumen elevado, al propio tiempo que se hace el oscuro.

ESCENA V

El mismo decorado que en la escena I del primer acto.

Es de noche. El preso duerme. Una dbil claridad se cuela por la ventana enrejada. Respira tranquilo. De pronto se remueve inquieto y ronca. Afuera duerme el carcelero sentado sobre la silla.

Preso

(Duerme inquieto, movindose. Se incorpora de pronto.) No... No!... Eso no!... Eso no!!

Carcelero

(Se despierta y se levanta de un salto con gran ruido de llaves.) Eh?... Qu pasa?... Quin grita? (Asomn-dose por la mirilla de la puerta y viendo que es el preso quien grita sentado sobre la cama.) Ah, eres t. Tran-quilzate perro, que armas ms charanga que un tor-turado.

Preso

(Calmndose y frotndose los ojos.) Ah... qu ocurre?...

Carcelero

(Que se ha sacado de un bolsillo pan y del otro chorizo y se est preparando un bocadillo ante la puerta.) Nada... que hablabas dormido y has despertado a media prisin. Vuelve a dormir y procura callarte...

Preso

(Casi para s.) Oh!... he tenido una pesadilla horri-ble... (Sentndose en la cama.) Horrible...

Carcelero

(Repentinamente interesado, sigue haciendo el bocadi-llo.) Pesadilla?... vaya!... nuestro extrao preso tam-bin tiene pesadillas... je!... Y qu soabas? Quizs que te tostabas al sol con una soga en el cuello?... je, je! (Asomndose a la mirilla.) Soabas eso?

Preso

Soaba... que me indultaban...

Carcelero

(Que iba a hincar el diente a su enorme bocadillo. Pa-rado en seco.) Eh!... (Mirando por la mirilla.) Que te... qu?

Ppreso

(Automtico.) Que me indultaban...

Carcelero

(Incrdulo y asombrado.) Que te... indultaban? Y eso es para ti una pesadilla?... Qu es lo que esperas perro...?

Preso

(Pasea por la celda.) No espero nada. Por eso soy un condenado, porque no espero nada. Y menos que me indulten. (Pensativo.) Debe ser horrible ser indulta-do. Es... como un muerto al que obligan a volver a la vida... Y sin dejar de ser muerto. (Acercndose a la mirilla). No lo entiendes... No te absuelven, tan slo te permiten quedarte. Es como decirte "mereces la muerte... pero qudate con vida". Adems... qu cla-se de condenado sera si me indultasen?

Carcelero

(Come el bocadillo con rabia.) Cada vez enloqueces ms... (Escupe.) Puaf,... perro loco! (Volvindose a la mirilla.) S!, condenado y bien condenado! (Muestra las llaves hacindolas sonar.) Y aqu... tengo la llave de tu condena.

Preso

(Se acerca a la jarra y trata de coger agua con una lata.) Y de la tuya... Tambin de la tuya. (Sonriente.) Yo soy un condenado, que ya nada puede hacer. Pero t... (Agrio.) T tienes las llaves de la libertad de los otros. T puedes decidir mi muerte... o mi fuga. (Compasivo.) Pobre carcelero! (Se acerca a los barrotes de la mirilla.) Tu carga s es pesada. Y no es fcil sacudirla... (Pensati-vo.) Si t supieras lo consolador que es saber que van a matarle a uno y no se puede hacer nada para evitarlo... (Sentencioso.) Tus llaves pesan, carcelero... pesan...

El CARCELERO le ha escuchado absorto y temeroso, con las llaves todava levantadas. Al decir el preso su lti-ma frase las llaves le caen al suelo. Queda petrifi cado. Tiene el bocadillo en un bolsillo.

Preso

(Provocador.) Vamos, carcelero, recoge tus llaves... va-mos... Tienes miedo, acaso? (Despectivo.) Vamos, cgelas. No basta con dejar caer las llaves para librarse de su peso. Esa... es tu condena.

Carcelero

(Coge temeroso las llaves, pero sin dejar de mirar al PRE-SO. Las recoge y se va de escena gritando, mirando a cada paso hacia atrs.) El... el diablo... el diablo en persona... El diablo...! El diablo...!

Preso

(Pasea tristemente por la celda y empieza a sonar una musiquilla.) El diablo... (Sonre.) Eso eres t, carcelero: un diablo; un pobre y obstinado diablo! Pobre carcelero! (Con una sonrisa triste.) Hoy... temo que se te indigestar el bocadillo. (Se acerca de nuevo a la jarra, se sienta en la cama y trata de extraer agua con el bote de antes. Al fin lo consigue. La acerca a los labios. La escupe asqueado y la msica cesa de repente.) Puaf!, est podrida. Dios sabe cunto llevar dentro de la jarra... encerrada dentro de la jarra... (Va tomando aire pensativo.) Todo acaba pudrindose cuando est encerrado... todo... (Una msica de redoble comienza a orse tenuemente e ir aumentando progresivamente hasta hacerse molesta al final de la escena. Al mismo tiempo la luz ir aumentando poco a poco. El protagonista coge la jarra entre sus manos. Hablando con ella.) Encerrada... t fuiste algn da arroyo u ola y ahora... te pudres. (Se pone de pie con la jarra entre las manos.) Y aho-ra tengo... en mis manos tu destino... La llave de tu destino! (Va tomando cada vez ms un aire trgico.) Ohh... todos tenemos llaves...! Todos! (Enfurecindose de repente.) Agua... s libre! Agua... vive, vive...! (Estrella la jarra contra el suelo.) Vive! (Contempla un momento el agua en libertad.) S libre...! (Cayendo en la cuenta de algo y dirigindose a la ventana enre-jada con ansiedad.) Libre... libre... libre! (Comienza a arrancar los barrotes con desesperacin. La escena se sigue iluminando y los redobles aumentan.) Pudrirme... no... no. (Se dirige al otro lado de la celda. De una patada abre la puerta y la saca de uno de sus quicios.) No quiero pudrirme! No quiero! (Se dirige al otro lado de la celda. De otra patada derriba parcialmente el deco-rado.) Soy... libre... soy libre! (Cae en la cuenta de que lleva camisa de presidiario. Se la arranca furiosamente.) Fuera... fuera!... soy libre!... (Se arranca tambin su camisa blanca. Se encuentra con su piel.) Pudrirme no... debo ser libre! (Trata de arrancarse su propia piel. Cae de rodillas. Tiene el torso semidesnudo.) Debo... (Se encoge y esconde la cara entre las manos. La msica en-sordecedora ha cesado de repente. La luz ilumina totalmente el escenario. Llora. Pausa larga para su llanto. Al fin comienza a rehacerse, como si saliese de una pesadi-lla.) Qu... he hecho...? (Mira alrededor, sigue de rodillas.) Qu... he...? (Avergonzado de s mismo.) Soy un estpido..., un pobre diablo..., un perro... condenado. (Mirando al pblico.) La libertad... no se pierde detrs de unas rejas. (Rehecho.) La libertad... se gana en otros campos de batalla...

EPLOGO

El fondo del escenario est cubierto por un gran lien-zo decorado con dibujos que simulan criptas y pan-teones. El escenario ser un cementerio. En primer plano, a la derecha, un cerquillo de madera al estilo de los existentes alrededor de las tumbas.

Luz de atardecer. En primer plano, junto al cerqui-llo, el SEPULTURERO clava unas maderas: construye un atad. Entre golpe y golpe muerde un enorme boca-dillo. As durante un rato. Despus entran por un lateral los tres JERARCAS. Su indumento es el usual de estos personajes: frac, chistera, bandas, enormes medallas, etc. La traza fsica se corresponde con la de los jueces o los mdicos. Se colocan expectantes al fondo del escenario.

Jerarca 1

(Al cabo de un rato. Al odo del JERARCA 2, que jugaba con su enorme medalla.) Bis, bis, bis... bis. (El JERARCA 2 se acerca al SEPULTURERO.)

Jerarca 2

(Al SEPULTURERO.) An... falta mucho?

Sepultero

(En voz baja.) Bis, bis, bis, bis, bis, bis, bis...

Jerarca 2

(Se acerca de nuevo a su grupo.) Dice que le haban di-cho madera de pino, y si ahora queremos que la haga de caoba tendremos que esperar. (Siguen esperando. Al rato entran los policas del principio, portando una camilla sobre la que yace un hombre cubierto por una sbana. La depositan en la parte delantera del escenario. Los uniformes que llevan son ostensiblemente distintos a los del principio. Antes de retirarse saludan a los JE-RARCAS. Pero uno de ellos lo hace con la mano izquierda y el otro con la derecha. Este ltimo se corrige azorado, mientras el JERARCA 2 le fulmina con la mirada y mueve la cabeza. Despus de que se retiran hay una pausa en la que no hay accin, salvo los martillazos y mordiscos del SEPULTURERO y los gestos de impaciencia de los JERARCAS. Al fi n el JERARCA 1 recuerda algo de pronto.)

Jerarca 1

(Al odo del JERARCA 2.) Bis, bis, bis, bis...

Jerarca 2

(Saca apresuradamente de debajo del frac una bandera plegada.) Aqu est...!

Se dirigen los tres hacia la camilla y comienzan a ex-tender la bandera sobre la sbana. El JERARCA 2 no resiste la tentacin y levanta el lienzo para ver la cara del muerto. El JERARCA 1 le corrige. Luego se retiran de nuevo al fondo del escenario. Nueva pausa.

Jerarca 1

(Consulta su reloj. Toma una decisin. Dirigindose al JERARCA 2.) El discurso... (Alarga la mano. El JERARCA 2 le tiende un papel enrollado. Lo desenrolla. Tose. Mira alternativamente a unos y otros JERARCAS, que toman actitud solemne. Los martillazos del SEPULTURERO prosi-guen. Comienza a leer el discurso con profusin de gestos y tono grandilocuente.) Hoy tenemos un (con nfasis) pro...fundo dolor al asistir a las exequias de la ltima vctima del rgimen (con fi ereza) opresorrr que hasta ahora impuso su yugo (con gesto desfallecido y bajando el tono) sobre nosotros. Hoy, que la revolucin ha triunfado, no sabemos si llorar, (torturado) agobiados por la tristeza, (liberado) o henchidos de alegra. Tristeza porque un hombre, un luchador por la justicia, (desolado) ha sido monstruosamente ejecutado. (Un silencio. Luego, de pronto.) Alegra porque ha llegado la hora de la liberacin del hombre; ha comenzado una nueva etapa de la historia de la humanidad. (A partir de este momento la luz ir aumentando sobre el SEPULTURERO, que contina martillando cada vez con ms bro y ruido. El fondo del escenario, donde estn los JERARCAS ir quedando a oscuras.) Hoy queda abierta la puerta... para la construccin de un nuevo mundo. Un mundo distinto y perfecto donde no haya lugar para la injusticia. Una nueva era de progreso eco-nmico, social y humano nos espera. Nunca ms el hombre ser humillado! (La voz se va haciendo histri-ca, confusa, apresurada, distante. El lugar de los JERARCAS est ya completamente oscuro.) Nunca ms volver a ser oprimido, nunca ms soportar sobre sus hom-bros el peso de los poderosos. (Los martillazos aumen-tan de volumen hasta hacerse ensordecedores y anular la voz del JERARCA 1. Las ltimas palabras que se oyen son:) Un mundo nuevo!

Luego los martillazos anulan todo sonido. La luz se concentra totalmente sobre el SEPULTURERO. Cae el teln.

FIN