Hotel Europa

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Hotel Europa

Teatro del Norte

Personajes:

Arlequino

Guardia

Hombre

Madre

Saïd

Leila

Patrón

Encargado

Funcionaria

Puta

Ludmila

Juez

Príncipe

Dottore

Pantalone

1

Arlequino Estoy harto de esperar. No aguanto más. Con este pa.trón se come poco y ese poco me lo hace desear. Hace media hora que tocaron las doce en esta ciudad y el mediodía de mi estomago hace dos horas que tocó. Si por lo menos supiera dónde nos alojaremos. Los otros apenas llegan a una ciudad buscan una posada; este no, me deja el equipaje y se va, de visita, y se olvi.da de su pobre servidor. Dicen que hay que servir con amor a los amos; habría que decirles a ellos que ten.gan un poco de caridad con la servidumbre. Aquí hay una posada, Albergo Europa, voy a ver si encuentro algo con que entretener los dientes. ¿Y si el patrón me busca? ¡Que se jorobe y aprenda a ser más discreto! Yo voy; pero, ahora que lo pienso, hay otra difi cultad que se me había pasado: no tengo ni un centavo. ¡Oh, po.bre Arlequino! En vez de servidor quiero ser… quiero ser…pero si yo no soy Arlequino, yo soy un emigran.te africano y acabo de llegar a Europa.

2

Guardia

¡Alto! ¿A dónde vas?

Hombre

¿No puedo pasar?

Guardia

No. No puedes pasar.

Hombre

¿Y más tarde podré pasar?

Guardia

Tal vez. Pero por ahora no.

Hombre

El paso debería ser libre para todos.

Guardia

Si tienes tantas ganar de pasar, haz la prueba. Pero te recuerdo que delante de cada puerta también hay un guardia. Y cada uno es más poderoso que yo.

Hombre

Esperaré hasta conseguir el permiso.

3

Hombre

Habíamos salido a la media noche y casi no llegamos hasta el amanecer. Por suerte el mar estaba tranquilo y no íbamos demasiado apretados en la patera. Y por suerte también no había policía en la playa. Pero nada más pisar tierra, toda la comida que mi madre me ha.bía preparado para el viaje, la vomité. (Hace como que vomita. Secuencia de movimiento.)

4

Entran, en una aparición, su madre y su mujer. El Hombre se sorprende y habla con su madre.

Madre

¡Europa…Europa!… ¿Qué se te ha perdido a ti en Europa?

Saïd

Madre, mi primo me dijo que allí hay trabajo y que puedo ahorrar.

Madre

¿Necesitas ahorrar? ¿Para qué? Tenemos para vivir.

Saïd

¡Para mal vivir, madre! Si atravieso el mar, es para ga.nar más, para vivir mejor. Y pronto se podrá decir: “¡en casa de Saïd se come!”

Madre

No hay nadie en esa tierra, Saïd. Nadie. No hay nadie vivo. Toda Europa ya no es nada. Saïd, no vale la pena perder la vida por tan poco.

Saïd

Madre, no tiene nada que temer. Me convertiré en alguien.

Madre

¡En alguien, en alguien! Sé a dónde vas, y por qué vas allí. No es para ganar dinero, no, sino para que los que te obligan a ir allí sepan bien que no son ellos los que se tienen que quedar aquí. Toma, llévate la manta, que en viaje puede hacer frío.

Madre

¿Y a tu mujer? ¿Te la vas a llevar?

Saïd

No. Traeré suficiente dinero para comprar otra…

Madre

Para quitártela de encima tendrás que pagarle a su pa.dre mucho dinero… mucho…

Saïd

¿Y si se va con otro durante mi ausencia?

Madre

¿Quién la va a querer? ¡Es tan fea! Y tú quieres atrave.sar el mar para ganarte una más hermosa.

Saïd

¡Voy a trabajar!

Madre

Claro. Después de todo un par de muslos son un par de muslos. Apresúrate. Se ha levantado el viento.

Saïd

Leila. Levanta el velo para que pueda verte por últi.ma vez.

Madre

No vale la pena, Saïd. Tan fea como siempre.

Saïd

El dinero se lo enviaré por correo.

Madre

¡Que tengas suerte, Saïd… que tengas mucha suerte!

Leila

Sin estribos, sin brida, sin silla, solo con tus muslos, atravesarás la noche… la noche…

Las dos mujeres desaparecen lentamente. Saïd cami.na con su pesada maleta sobre sus hombros. Final.mente cae al suelo con la maleta.

5

Patrón

Trabajarás de ocho de la mañana a ocho de la tarde. Por cada caja de fresa que recojas te pagaré mil. Cuantas más recojas más ganas. La comida y el alojamiento corren por tu cuenta. Y no hay contrato ni seguridad social. (Se vuelve a Saïd.) ¿Lo tomas o lo dejas?

Saïd

Lo tomo. (El Patrón deja caer la caja.)

Patrón

Ah, y si llega una inspección, no te conozco de nada.

Hombre

Al principio las fresas no me gustaban, en realidad nunca las había probado, pero poco a poco fui cogiéndoles el gusto y de cada tres que recogía comía una. ¡Tenía tanta hambre! (Mima la acción de comer.)

Patrón

¡Eh, ¿pero qué haces?! (Le quita la caja y marcha con.tando las fresas.) ¡Una! ¡Dos! ¡Tres!

Saïd

A partir de aquel momento el muy canalla contaba cada caja, y si no había cien fresas no me la pagaba. Así que no tuve más remedio que cambiar de trabajo y cambiar de patrón. Y, con tanto cambio, seguía siendo un extranjero, un extranjero con las manos vacías.

6

Cuando se puso por primera vez una gota de agua en un microscopio se observó con estupor un enjambre de seres invisibles a simple vista. Hasta entonces la vida había sido una cosa visible: el caballo, el cisne, el delfín, el gusano. Pero esta nueva forma de vida sus.citó muchas preguntas: ¿Cuál era la función de estos pequeños seres? ¿Cuál era su relación con el reino de la naturaleza? Y durante años en los salones de Europa, se habló de los microbios como de una curiosidad cuya existencia no tenia ningún peso. Pero luego se supo algo más so.bre su significado en el proceso de la vida; se supo que eran muchos y más peligrosos que el tigre.

7

Guardia

¿Qué haces todavía aquí? Ya te he dicho que todavía no puedes pasar.

Saïd

Entonces, ¿cuándo? ¿Mañana?

Guardia

No lo sé, pero hoy no.

Saïd

Esperaré todo el tiempo que haga falta.

8

Saïd abre la maleta y saca la máscara de Arlequino y la tela.

Hombre

Cuando decidí que había llegado el momento de ca.sarme me fui a ver a todos los padres que tuvieran una hija soltera, pero todos, todos, exigían algunos centa.vos más de los que yo tenía para vender incluso a la más fea que les quedaba. Finalmente pedí prestado y conseguí suficiente dinero para casarme, para casarme únicamente con Leila.

Comienza a bailar con la tela y la máscara como si fuese su mujer.

9

Con unos pantalones entre sus manos entran Leila y la Madre. De pronto Saïd las ve y queda inmóvil.

Saïd

¡Leila! ¡Madre!

Leila

(Habla a un pantalón.) Te paseas durante toda la no-che por mis sueños, dejas que el viento levante tus piernas, pero delante de mí te haces el muerto. (Tira el pantalón.) Sin embargo estás vivo, caliente, dispues.to a todo: a caminar, a mear, escupir, a toser, a fumar, a montarme y a que yo te monte… Estás peor hecho que Saïd. Y aunque tus piernas tienen la forma de las suyas, las suyas son más hermosas. Sus nalgas son mu.cho más redondas que las tuyas. Pero no orinas tan lejos. Ven, Saïd… salta sobre mí… después desapare.cemos, tú y yo, en los matojos… bajo el ciruelo… de.trás del muro… y yo en tu grupa… Ven, Saïd, ven… Saïd…

Habla la Madre.

Madre

¡Saïd! ¡Saïd!

Hombre

Madre…

Madre

Y el dinero, ¿cuándo llega?

Saïd

Pronto, madre, muy pronto.

Madre

Tenemos hambre, Saïd.

Saïd

No se preocupe, madre, pronto le enviaré el dinero.

Madre

Saïd, debes andar con cautela. ¿Me oyes, Saïd?

Saïd

La oigo, madre, la oigo.

Madre

¡Tenemos hambre, Saïd, tenemos hambre!

Leila

Saïd, ¿por qué te fuiste por el mar en lugar de ir por la ca.rretera? Por la carretera no te habrían visto. En cambio, por el mar, te olfatearán, porque apestas, apestas…

Madre

¡Saïd!

Leila

¡Saïd!

Saïd

¡No! ¡Yo ya no soy Saïd! ¡Yo ya no soy africano!

10

Encargado

¿Un adelanto?

Saïd

Sí, un adelanto.

Encargado

¿Pero en qué te gastas el dinero? ¡Seguro que en mu.jeres!

Saïd

Mi madre está enferma, tengo que mandarle medici.nas y dinero.

Encargado

Todavía faltan quince días para terminar el mes.

Saïd

Pues ya no me queda nada.

Encargado

Tú lo que eres es un manirroto. Tienes que aprender a administrarte. ¡Administrarte! Si no te administras nunca podrás ahorrar. Tú lo que necesitas es esto. Un libro de cuentas.

Saïd

Pero… yo…

Encargado

Lo que ganas lo pones en el “haber”, lo que gastas en el “debe”. Lo que resta es el ahorro. ¿Entiendes? Toma, te lo regalo. Pero recuérdalo bien. Debe, haber, ahorro.

Saïd

Debe… haber… ahorro…

11

Funcionaria

¿Nombre?

Saïd

Saïd Adwaji.

Funcionaria

¿Saïd?

Saïd

Saïd Adwaji.

Funcionaria

¿Con c o con z?

Saïd

Saïd Adwaji.

Funcionaria

Bueno, X. ¿Lugar de nacimiento?

Saïd

Ahljira Newant.

Funcionaria

¿Cómo?

Saïd

Ahljira Newant.

Funcionaria

¿Alcira de Valencia?

Saïd

Ahljira Newant.

Funcionaria

Bueno, africano, ¿no? (El Hombre afirma con la cabeza.) Firma aquí. (Saïd duda.) ¿No sabes fi rmar? (Saïd afirma con la cabeza.) No importa. (Firma ella por él.)

El visado es sólo por tres meses. Si en tres meses no consigues el permiso de residencia tienes que marcharte. ¿Entendido? ¡Tres meses!

Hombre

Al fin tenía mi primera documentación, seguía siendo un extranjero, pero ya no era un sin papeles. Había ascendido un peldaño en la pirámide de la extranjería.

Guardia

No, todavía no puedes pasar.

Saïd

¡Tengo papeles!

Guardia

¿Papeles?

Saïd

Sí, ¡papeles!

Guardia

(Le coge los papeles y los mira.) Te los cojo para que no creas que has hecho un esfuerzo inútil. Pero todavía no puedes entrar.

Saïd

¿Por qué no? ¿Por ser africano? Un francés puede convertirse en un musulmán. Y un hindú puede ser un director de orquesta. El que haya nacido en una tie.rra y de unos padres no quiere decir que yo sea como aquella tierra y como aquellos padres, ¿no? ¿Y si un europeo fuese tan sólo un africano del norte?

Guardia

¡Sigue esperando!

13

¿Cuánta patria necesita un hombre? Pero también. ¿Cuánta capacidad de ser o hacernos extranjeros necesitamos? En realidad, ¿qué significa ser español, francés, inglés, europeo? Pero también: ¿Qué significa no ser sólo senegalés, marroquí, africano?

Por suerte, nuestra patria no está hecha de tierra ni de geografía.

Por suerte, nuestra patria está hecha de historia, de personas y de teatro.

Saïd vuelve a su máscara y a su tela.

Saïd

Leila aquí todo está oscuro. La única luz me la trae el recuerdo de tus dientes estropeados, de tus ojos sucios, de tu piel triste. ¡Leila… Leila!

14

Patrón

Saïd, Saïd, tengo que darte una mala noticia. Ha lle.gado una orden de arriba diciendo que una vez más

hay que reducir personal.

Saïd

Y me ha tocado a mí, seguro.

Patrón

Ya sabes, el año ha sido malo, los impuestos son muy altos…

Saïd

Soy ilegal, por mí no paga impuestos.

Patrón

Sí, sí, ya lo sé, pero ya no te necesitamos. Toma esta carta, quizás pueda servirte para encontrar otro traba.jo. Lo siento, Saïd… lo siento…

Saïd

Pero esta carta tampoco me sirvió para encontrar tra.bajo ni para ahorrar dinero, con lo que no tuve más

remedio que buscarme la vida.

15

Saïd

¡Ay! ¡Ay!

Ali

¿Qué pasa, Saïd?

Saïd

Una cosa horrible, Alí… Mi madre se está muriendo y necesito mandarle medicinas y dinero.

Ali

¿Dinero?

Saïd

Sí, necesito mil.

Ali

¿Mil…?

Saïd

¡Mil!

Ali

Mil… ¿Pero tú saber lo que ser mil? Ninguno tenemos mil.

Saïd

Pues yo tengo que conseguirlo esta tarde. Necesito mandarle dinero y medicinas a mi madre… Necesito esos mil… tengo que sacarlo, si es preciso, de debajo de las piedras.

Ali

Quizás mañana el encargado…

Saïd

¡Saïd, mañana está muy lejos y yo necesito esos mil hoy mismo! ¡Hoy, Alí, hoy!

Ali

¿Y si yo empeñar mi abrigo?

Saïd

No, no el abrigo no.

Ali

¿Cuánto creer que dar por él?

Saïd

Por un abrigo como éste unos quinientos, por lo me.nos.

 Ali

¡Quinientos! Pues ya tener el dinero. Tú esperar aquí que voy a empeñar abrigo.

Saïd

¡Alí!... ¡Alí! Espera… hay un pequeño problema. ¿No me puedes adelantar algo de lo que te van a dar por el abrigo y mientras tanto yo voy a comprar las medici.nas para mi madre?

Ali

Es que… casi no tener.

Saïd

¿Cuánto tienes? ¿Sólo?

Ali

Bueno, también tener esto otro.

Saïd

Suficiente. Anda vete a empeñar el abrigo.

Ali

Pero tú esperar aquí.

Saïd

No te preocupes, aquí estaré.

Ali

Ahora volver.

Saïd

Vete a empeñar el abrigo. ¡Aquí te espero!

16

Aparece la Madre.

Madre

¿No te da vergüenza?

Saïd

¡Madre!

Madre

¿Cómo has podido llegar a esto? ¿Cómo has podido dejar de ser persona para convertirte en un ladrón?

Saïd

En esta vida todos roban, madre…

Madre

¡Todos no! Enséñame las manos… Ves, no están enca.llecidas por el vicio de robar… están encallecidas por

el trabajo. Tú no eres un ladrón… Saïd, eres un emi.grante africano… Un emigrante.

Madre

¿A qué años llegaste a Europa?

Saïd

A los 25…

Madre

¿Y cuántos trabajos tuviste desde entonces?

Saïd

Ya ni me acuerdo.

Madre

Yo sí que me acuerdo… Te echaron de muchos tra.bajos…

Saïd

En unos me echaron y en otros me fui yo.

Madre

Te echaron… y seguro que… ¡por ladrón!

Saïd

¡Qué manera de mentir!

Madre

¡Yo no miento! Ya sé que robas para ayudar a los de.más... ¡Pero robas!

Saïd

Sí, tiene razón… robo… Pero es que yo no conozco otra manera de ahorrar que no sea robando. Pero mis ahorros sirven para ayudarla a usted y a Leila.

Madre

Todos no. Me dijiste que me habías enviado todo lo que habías ahorrado, diez mil, pero tenías quince mil. Le robaste a tu madre cinco mil. ¡A tu propia madre!

Saïd

Madre, si le dijese en las condiciones que vivo, lo poco que gano, y cómo me tratan y explotan, se moriría de vergüenza.

Madre

Pobre Saïd… ¿Cómo has podido llegar a esta miseria negra?

Saïd

No lo sé, madre, no lo sé…

Madre

¡Ay, qué maldición ha caído sobre ti y sobre todos los míos! ¡Ojalá me muera pronto para no ver los horro.res que me han de sobrevivir! ¡Ojalá…!

17

Patrón

¿Buscas trabajo?

Saïd

Sí, señor.

Patrón

¿Tienes papeles?

Saïd

Sí… bueno…

Patrón

No tienes papeles, mucho mejor.

Saïd

Los tuve, pero no conseguí…

Patrón

¿Estás dispuesto a todo?

Saïd

¿A todo?

Patrón

¿Quieres el dinero o no?

Saïd

Estoy dispuesto a todo con tal de conseguirlo.

Patrón

¿Sabes manejar una pistola?

Saïd

¿Una pistola?

Patrón

Sí, ésta.

Patrón

No te preocupes, aprenderás. Toma. Serás mi guarda.espaldas. Y controlarás también el Hotel Europa.

Saïd

¿Un hotel?

Patrón

¿Un hotel? Un antro donde trabajan las chicas que traemos de fuera. Pero, ojo, ninguna relación con ellas. Prohibido. ¿Entendido? Y si pasa algo yo no te conozco de nada. ¿Entendido?

Saïd

Y allí, en el Hotel Europa, conocí a Ludmila. Y allí, en el Hotel Europa, comenzó mi perdición.

18

Puta ¡Veinticuatro años! Una puta es algo que no se impro.visa. A esto se llega. A mí me costó veinticuatro años. Y estoy dotada, ¿no? El trabajo de una puta es mucho más duro que el trabajo de un hombre. Porque en realidad, un hombre, ¿qué es eso? Delante de noso.tras el hombre se desnuda como una puta. Aquí, en el burdel Europa, los hombres se vacían, me lo cuentan todo. Mis vestidos están al corriente antes que yo. Ol.fatean la carne caliente. Cuando la carne de un hom.bre me llama en su auxilio mi falda se levanta sola. Una empieza por seducir a un joven extranjero. Tres meses más tarde lo comprende. Luego toma partido por su causa. Y al fi nal, una es una traidora a su raza. Ahora ya soy igual que tú, los dos somos la misma ba.sura. (Se abrazan.)

19

Victoria tenía siete años cuando descubrió que era ne.gra y que una negra podía ser despreciada. Durante muchos años odió a los blancos y durante muchos años también tuvo el mismo sueño: era jefe de esta.ción y cuando llegaba un tren cargado con gente blan.ca manipulaba las agujas para que el tren se despeñase por un barranco. Todos los pasajeros morían. Y ella miraba todos aquellos muertos sin odio y sin amor, impasible. Así se convertía en la negra que los blancos querían que fuera: una negra llena de odio. Pero en realidad en lo que se convertía era en una blanca.

20

Patrón

(Interrumpe aplaudiendo.) ¡Bravo! ¡Sensacional! Las famosas moscas de África alrededor de un cadáver y hasta en el rabillo del ojo de un niño. ¡Las moscas africanas!

Ludmila

Vas a hacerme vomitar.

Patrón

No te reprimas, querida, vomita a tus anchas. Cada uno de nosotros debe asumir su responsabilidad. Yo

cumpliré con mi deber.

Ludmila

¡No!

Patrón

¡Fuera! ¡A la calle! ¡Apestas! ¡Apestas!

21

Otro Patrón ¡Señor juez, señor juez! ¡Vengo a exigir justicia! ¡Exi.jo justicia. Señor Juez! Señor Juez, esta noche quise comprobar si mi empleado, un individuo extranjero, cumplía con su obligación de guardia nocturno. Abrí la puerta exactamente a las dos y lo encontré dormido en el suelo. Cogí la fusta y evidentemente le crucé la cara. Y el muy salvaje en vez de levantarse y suplicar perdón, me aferró por las piernas y exclamó: “Arroja ese látigo, o te como vivo”. Señor juez, hay que encarcelar al culpable. Señor juez, dicte inmediatamente la sentencia.

Juez

Todo individuo extranjero, sin documentación, que sea sorprendido cometiendo algún delito, incluso el

más pequeño, será expulsado automáticamente y de.vuelto a su país de origen.

Otro Patrón

Te has enterado, la culpa es siempre incuestionable.

22

Saïd

El sueño de Europa, el sueño de la prosperidad y de la razón, mi gran sueño, una vez más sólo había pro.ducido monstruos.

23

Aparece el Guardia. Sonríe contemplando a Saïd. Éste fi nalmente lo ve y se detiene.

Saïd

¿Ya puedo pasar?

Guardia

Sí.

Saïd

¿De verdad?

Saïd

De verdad.

Saïd

¿Puedo hacerle una pregunta?

Guardia

Por supuesto.

Saïd

Si todos quieren pasar, ¿cómo es posible que en todos estos años que llevo esperando nadie haya intentado entrar?

Guardia

Nadie podía entrar porque esta puerta estaba destinada sólo para ti.

Saïd

¿Sólo para mí?

Guardia

Sólo para ti. Por eso ahora, ¡la cierro!

Irrumpe el príncipe, llamando.

Príncipe

¡Arlequino! ¡Arlequino!

Arlequino

¡Señor!

Príncipe

Arlequino, mis Consejeros me mienten todo el tiem.po, por eso quiero que tú, el más humilde de todos

mis criados, una vez más, me digas la verdad. Arlequino, ¿qué se dice de mí en la ciudad?

Arlequino

¿De vos?

Príncipe

Sí, de mí.

Arlequino

De vos se dice que sois un príncipe guapo… que te.néis bonitas piernas…

Príncipe

¡La verdad, Arlequino!

Arlequino

También se dice que sois el responsable.

Príncipe

¿El responsable?

Arlequino

¡Sí, el responsable!

Príncipe

El responsable, ¿de qué?

Arlequino

De la peste que asola a la ciudad.

Príncipe

¿Yo solo?

Arlequino

No, no… También se dice que el señor Dottore, a pe.sar de la cuarentena, y a cambio de una buena comi.sión, ha fi rmado la autorización que permite al señor Pantalone meter sus barcos en el puerto, cargados con sedas de oriente y con la peste.

Príncipe

Gracias por la información, Arlequino. Ahora, llama a mis consejeros.

Arlequino

Al momento, señor. ¡Señor Dottore! ¡Señor Pantalo.ne!

Dottore y Pantalone

¡Oh, excelentísimo señor! ¡Oh, nobilísimo príncipe!

Príncipe

Señores Consejeros, voy a abandonar la ciudad y quiero dejar el poder en vuestras manos. Pero si a mi

regreso, dentro de tres días, no habéis encontrado al culpable de la peste, vuestras cabezas colgarán a la en.trada del puerto como dos veletas oxidadas. ¿Entendido?

Dottore y Pantalone

Entendido, excelentísimo señor.

Arlequino

¿Y a quién creéis que los dos corruptos encontraron para culpar de la peste? ¡A mí! ¡Al pobre Arlequino!

Pantalone

¿Cómo te llamas?

Arlequino

Arlequino, señor.

Pantalone

A partir de ahora te llamarás Saïd.

Arlequino

¿Cómo?

Dottore

¿De dónde eres?

Arlequino

De Bergamo, señor.

Dottore

A partir de ahora serás africano.

Arlequino

¿Cómo?

Pantalone

¡Africano!

Arlequino

¡No… (Levanta la máscara.) Yo no puedo tener la culpa de la peste, ¡yo no vivo en el siglo XVI!

Dottore

¡Claro que tienes la culpa!

Pantalone

¡Por ser un extranjero!

Dottore

¡Por venir a Europa!

Pantalone

¡Y por querer vivir en el siglo XXI!

Dottore

¡Eso!

Hacer teatro hoy ya no tiene sentido, dicen algunos que viven en este hotel de lujo llamado Europa, y

contemplan, después de muchos años de hacer teatro, la indiferencia que los rodea.

¿Qué sentido puede tener hacer hoy teatro en una rea.lidad donde las tensiones son tan agudas y las tragedias tan palpables?

¿No es un modo de cerrar los ojos frente a problemas mucho más graves?

Pero detrás de todas estas preguntas inútiles se esconde la creencia, también inútil, de que el teatro es sólo un alimento cultural para pueblos bien alimentados.

26

Saïd (Ha cogido la maleta. Se dispone a salir.) Cundo mue.ra acostarme y lavarme bien. Sin charlas idiotas. Y sin moscas. Las conozco muy bien. No olvidar ponerme la mordaza y el algodón en los oídos, en las narices y en el culo. Y, sobre todo, lavarme bien los pies… me llevo al otro mundo toneladas de odio… toneladas…

(Deja los zapatos en el suelo. Sale.)

27

Leila se acerca lentamente. Se quita el velo y habla.

Leila Estos zapatos abandonados en el frío de una playa son el signo evidente de que el aire aún recibe el cuerpo de los hombres que de pie y sin aviso se doblaron del lado de la muerte.

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