Las aerbicas
(Delirio otoal)
Maxi Rodrguez
Personajes
Margarita, 78 aos
Mari Paz, 73 aos
Mariv, 71 aos
Franki, un macizo sin edad
A mis abuelas, que estarn viendo el mar
Uno
Dos abuelas septuagenarias sobre dos bicicletas es.tticas.
Margarita. - Hidratos de carbono.
Mari Paz. - Pero eso se come?
Margarita. - Fundamental.
Mari Paz. - Pues, hija, no s...
Margarita. - Pasta o arroz, entiendes?
Mari Paz. - Ah.
Margarita. - Y acompaarlos de protenas, vale?
Mari Paz. - De qu?
Margarita. - Protenas, Mari Paz, que parece que ests atontada.
Mari Paz. - Cmo quieres que est? (Suspira.) Ay Dios mo, si es que da gusto orte hablar! (Pau.sa.) Te echar tanto de menos...
Margarita. - Deja de dramatizar. Las protenas, sabes dnde estn?
Pausa. Mari Paz, ensimismada, masculla algo ininteligible y luego, distrada, vuelve a mirar a su compaera.
Mari Paz. - Las qu?
Margarita. - Qu coo haces?
Mari Paz. - Rezo a Santa Rita.
Margarita. - Haz el favor...
Mari Paz. - Eso digo yo: pinsatelo bien!
Margarita. - Ya est pensado y requetepensado, comprendes? Slo espero que te alimentes debidamente y sepas gastarte mi dinero.
Mari Paz. - Tu dinero. T lo has dicho: tu dinero. Yo...
Margarita. - No seas tonta, ya no lo voy a necesi.tar. Qu asco de hijos, qu asco de vida...
Mari Paz. - Pero... los hijos cambian, la vida cam.bia...
Margarita. - Pollo a la plancha.
Mari Paz. - Qu?
Margarita. - Ah estn las protenas, compren.des?, el pollo te sentar bien...
Mari Paz. - Ay Dios, ay Santa Rita! (Solloza.) Y las grasas?
Margarita. - Imprescindibles, pero sin abusar, eh.
Mari Paz. - (Incapaz de reprimirse por ms tiempo, rompe a llorar estruendosamente.) Ay Dios, con lo lista que eres!, Ay con lo que sabes...! Ay Virgen, con lo que t sabes, Margarita...!
Margarita. - Chissst!, te quieres callar?
Mari Paz. - (Entre lgrimas.) Ay, no lo puedo reme.diar!
Margarita. - Pedalea y calla!, nada de escndalos, vale? Me lo has prometido.
Mari Paz. - (Gimotea.) Ay no puedo, no puedo!
Margarita. - Qu?
Mari Paz. - (Lloviendo kleenex.) No puedo, tengo que parar!
Margarita. - (Amenazante.) Quieta ah, que te quito el dinero, eh!
Mari Paz. - Es igual. (Se frena de golpe.) No lo podr soportar.
Margarita, resuelta y muy irritada, se apea de su bici, abraza a Mari Paz y mirndole fijamente a los
ojos le habla con severidad.
Margarita. - Est bien. Te vienes conmigo?
Mari Paz, con un rictus de terror, vuelve a dar pe.dales frenticamente.
Mari Paz. - Ni hablar!
Margarita. - As me gusta. Empieza la cuenta atrs. Concntrate en la pantallita y deja de lla.mar la atencin, no me seas egocntrica.
Mari Paz. - Ego qu? (Nuevo berrinche.) Ay, Mar.garita, con lo que t sabes...!
Margarita. - Otra vez?
Mari Paz. - Si es que es verdad. Con ese lenguaje que tienes, hija, y esos conocimientos de todo, y esa cabeza tan bien amueblada que parece men - tira que... (Ausente.) Qu tornillo era?
Margarita. - Olvdate del tornillo. La palanca, Mari, es darle a la palanca y ya est! Sin proble.mas. Y acurdate de... (Se le viene a la cabeza.) Coo, las plantas!
Mari Paz. - Qu plantas?
Margarita. - El sobrecito... Te he metido una nota con los avisos pero... no me acuerdo... Es que... las plantas si no se riegan...
Mari Paz. - Se mueren! (Vuelve a llorar.)
Margarita. - Chissst...! Olvdalo, venga, es igual. Atenta a la pantallita. Atenta a que... Qu coo haces?
Mari Paz ha sacado un sobre abultado de la rionera e intenta abrirlo mientras pedalea.
Mari Paz. - Aqu no veo...
Margarita. - (Apurada.) Guarda eso! Me prome.tiste que lo abriras al acabar!
Mari Paz. - Ay, hija, como has dicho...
El sobre se ha abierto un poco y cae al suelo un billete de 5 euros. Mari Paz hace ademn de parar para recogerlo pero Margarita se lo impide.
Margarita. - Djalo, no hay tiempo, ya lo cogers!
Mari Paz. - Ay madre!
Margarita. - Atenta a la pantallita.
Mari Paz. - Ay Santa Rita que en el cielo ests escrita con...!
Margarita. - Mari Paz, por el amor de Dios.
Mari Paz. - No puedo. Toma. (Le tiende el sobre.) Se acab.
Margarita. - Otra vez? Para ti todo. (Lo rechaza, melodramtica.) Que te quedes con mis ahorros, coo. Slo te pido este favor...
Mari Paz. - Me siento incapaz.
Margarita. - Venga, no me decepciones. Y cuida tu alimentacin!
Mari Paz. - Ests segura?
Margarita. - Completamente. No quiero sufrir ms.
Mari Paz. - Ostras, lo mismo deca mi cuado!
Margarita. - Quin?
Mari Paz. - Luego se cur y escribi un libro.
Margarita. - Qu asco de vida, Mari Paz, los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros! (Pedalea an ms fuerte.) Atenta, vamos all!
Mari Paz mira de reojo a la pantallita de la bici de su compaera y se entrega a la oracin.
Mari Paz. - Padrenuestro que ests en los cielos... yo necesito el dinero, venga a nosotros...
Margarita. - Mari Paz... Ciento cuarenta caloras, preparada...
Mari Paz. - Ay con lo que t sabes!, ay tan lista y tan guapa y tan...!
Margarita. - Tan anciana que... se me acaba el desierto.
Mari Paz. - Qu bobadas dices?
Margarita. - La ancianidad es un desierto: tus hijos te abandonan, tus amigos han muerto...
Mari Paz. - Y yo qu, rica? (Blandiendo el sobre.) Por qu crees que acepto yo esto?, porque me lo has pedido, porque tus deseos son...
Margarita. - Guarda ese sobre, anda! Preparada!!!
Mari Paz. - No puedo hacerlo. Soy tu amiga.
Margarita. - Gurdalo y cntrate en la palanquita!
Mari Paz. - Soy tu amiga. (Entre lgrimas.) No puedo, no lo har...
Margarita. - Guarda el puto sobre! Lista?!
Mari Paz. - (Gimotea.) Te quiero, te... (De pronto, al tratar de meterlo en la rionera, el sobre se abre del todo inesperadamente y saltan por el aire un mon.tn de recortes de peridico. Cambia de semblante.) Te vas a cagar!
Margarita. - (Absorta. Como en otro mundo.) Adelante!
Mari Paz. - Querer engaarme a m...
Margarita. - Cinco!
Mari Paz. - Guarra, sinvergenza!
Margarita. - Cuatro!
Mari Paz. - Te voy a matar!
Margarita. - (Asiente.) Tres!
Mari Paz. - No me extraa que no te trague tu familia, arpa!
Margarita. - Dos!, rigame las plantas!
Mari Paz. - Vete a la mierda!
Margarita. - Uno, y...! Gracias por todo!
Mari Paz. - Murete ya!
Mari Paz tira de la palanquita y, de una mtica pe.dalada, Margarita sale en bici por la ventana.
Dos
Habitacin de un centro geritrico de salud men - tal. Margarita, algo magullada y luciendo collarn, re.pasa su lbum de fotos apoyada en un par de muletas. Mientras, Mariv lanza con inquina pelotas de papel a un retrato colgado en la pared. Entre dardo y dardo, entona una especie de marcha militar (versin, claro, Tercera Edad).
Mariv. - Toma, perro, en toda la jeta!
Margarita. - Te vas a lastimar.
Mariv. - l, l se va a lastimar en cuanto le agarre
por el cuello y... (Canturrea.) Ta - ra - r, tam, tam, tata ri ta riii!! Margarita. - Podras acribillar ms bajito a tu yerno?
Mariv. - Djate de fotos entraables y fjate en sta! Zas, zas, zas! Es la guerra, compaera! Ta - ra - riii!!
Margarita. - Me duele la cabeza.
Mariv. - (Enigmtica.) El mar.
Margarita. - Eh?
Mariv. - Piensa en el mar azul, las olas viniendo hacia ti. Y nosotras all, montadas en el euro... Margarita. - Desde luego... Qu humor tienes!Mariv. - Vienes o no?
Margarita. - Pero t me has visto bien?
Mariv. - Claro, y el mdico, y casi todos los mdi.cos de la ciudad. Eres un prodigio de la natura.leza, un caso digno de admirar. Vamos, me pego una leche yo as desde un primero, y tienen que recogerme con pinzas.
Margarita. - Qu humor tienes, de verdad!
Mariv. - (Marcial.) Camarada Margarita, te ne.cesitamos!
Margarita. - Anda, calla.
Mariv. - No puedes bajar los brazos, camarada, esta guerra la vamos a ganar!
Margarita. - Qu guerra, ni qu nada. Djame en paz.
Mariv. - Presiento que es el destino, sabes? Si he.mos coincidido aqu por algo ser. Algo tendre.mos en comn, no?
Margarita. - S: problemas mentales, no has vis.to la placa al entrar?
Mariv. - Afirmativo! (Sonre.) Ves?, t tambin tienes humor.
Margarita deja su lbum de fotos sobre la cama y desfila con sus muletas marcialmente, con gesto de
complicidad.
Margarita. - A la orden, Mariv, ta - ra - r, tar, ta.riii !
A Mariv le da un ataque de risa.
Mariv. - Ay, qu pinta, para, para que me parto!
Margarita. - (Contagiada.) Pues si t te partes yo... (In crescendo.) Yo me hago otra luxacin, ja, ja, ja!
Mariv. - (Desternillada.) Qu coo maniaco - depresiva?, t lo que eres, es una cachonda, Margarita, ja, ja, ja!
Margarita. - Calla, calla, no me puedo rer, que me duele todo!
Cesan las carcajadas. Pausa.
Mariv. - En serio, te cuento el plan?
Margarita. - Bah, como si fuera tan fcil salir de aqu.
Mariv. - Facilsimo. Peor era lo tuyo! Volando en bici, tres pisos, una palanca... Es tan difcil de creer...
Margarita. - Un milagro, ya ves. Cosas de loca.
Mariv. - Por qu quitarte de en medio? Luchar!!!, sa es la clave. Comprendes?, que sepan que estamos vivas y que son ellos, esa familia a la que queremos tanto, quien nos tiraniza y nos hace enfermar!
Margarita. - Djame de rollos, Mariv!, djame de rollos...
Mariv. - T sabes que es verdad. Me lo has dicho al entrar.
Margarita. - Me equivoqu, estaba medicada, no s... Todo ha pasado ya... Adems, mis hijos...
Mariv. - Ya estamos otra vez con eso?, te has quedado boba del golpe o qu?
Margarita. - Mariv, por favor...
Mariv. - Ahora, resulta que tus hijos son maravi.llosos?
Margarita. - S, en el fondo... me quieren.
Mariv. - Te han quitado de encima. Como los mos. Igual.
Margarita. - No me han quitado de encima, no es verdad.
Mariv. - (Sardnica.) No, te han dejado caer...
Margarita. - Me han trado hasta aqu.
Mariv. - (Cnica.) Huy, qu detalle...
Margarita. - Me quieren!
Mariv. - Dnde estn, eh?, dnde estn?
Margarita. - Qu importa? Me quieren mucho aunque vengan poco a visitarme.
Mariv. - No vienen.
Margarita. - Cmo que no?, no los has visto?
Mariv. - (Puetera.) Ah!, era esa gente que baj tus cosas del coche, los que te regalaron veinte minutos y unas flores? Qu majos... (A saco.) Mira, tus hijos...
Margarita. - Qu, eh? Si no vienen ms a verme es porque estn muy atareados.
Mariv. - No existes para ellos, no lo entiendes?
Margarita. - Viven en otra ciudad! No tienen tiempo!
Mariv. - Ya, ni memoria, como los mos. Qu ha.cemos para refrescrsela?, salimos volando por la ventana de la entrada?
Margarita, visiblemente dolida, se deshace en lgrimas.
Margarita. - No... no tienen tiempo, pero yo s que piensan tanto en m como yo en ellos.
Mariv. - Eso es lo malo. Te tienen pillada, compa.era. Y ya es hora de que espabiles y dejes de llorar, porque lo que no se puede...
Mari Paz (off). - Se puede?
Mariv. - Lo que no se puede...
Mari Paz (off). - Se puede o no se puede?
Pausa. Las dos se miran contrariadas. Margarita enjuga sus lgrimas, mientras Mariv se esconde detrs de la cama con un montn de pelotas de papel.
Margarita. - Adelante
Pausa.
Mariv. - Santo y sea!
Mari Paz. - (Entra acobardada.) Yo mayormente... soy de Santa Rita... (Ve a Margarita.) Milagro, ha sido un milagro! (Llora.) Perdname, Marga.rita, perdname...
Margarita. - Bueno, bueno, ya est.
Mari Paz. - Fue horrible. Me sent fatal. Me han echado de casa. Me quieren internar...
Margarita. - Pero qu dices? Clmate, anda.
Mari Paz. - (En plena llantina.) Yo... Yo... Mis hijos creen que estoy loca, que no tengo personalidad, yo...
Mariv. - (Saliendo de detrs de la cama.) Otra ms?, bienvenida al club!
Mari Paz. - (Sorprendida.) Ah va!, y qu haces t aqu?
Mariv. - (dem.) Me... me conoce a m?
Mari Paz. - Claro, no coincidimos en clase de ae.rbic?
Mariv. - (Flipada.) Ah, pues no s, no caigo...
Mari Paz. - S, mujer, con Franki. No ibas t a cla.se con Franki?
Mariv. - S, s. Franki, el del culote, el Franki.
Mari Paz. - Claro. Pues yo soy de las de atrs del todo. (Pausa.) Yo soy la de... (Gesto.)
Mariv. - La de la palanca?, t eres la de la palan.ca? Qu monstrua!
Mari Paz. - Bueno, ya estaba todo hecho, yo slo tuve que apretar. Lo invent ella. (Seala a Margarita.) Bueno, y su amigo, el dueo del gimnasio, lo van a patentar, se dice as? Pues... (Se corta.) Esto... os veo genial!
Margarita. - Ya ves: mujer enferma, mujer eterna.
Mariv. - Chissst! (Sotto voce, a Paz.) Nos ayudars a escapar?
Margarita. - Djala, anda!, no ves que est fatal?
Mari Paz. - (Metiendo mano en su bolso.) Te he tra.do los recortes de prensa.
Margarita. - Todava ests con eso?, cmo pue.des ser tan rencorosa?, t crees que si en vez de recortes tuviera billetes de euro me iba a suici.dar?
Mari Paz. - Me refiero a estos. (Saca unos trozos de papel.) Digo: por si no has ledo los peridicos estos das...
Mariv. - A ver. (Lee.) La abuela E.T, Salto al Spa.ce.
Margarita. - Este dibujo soy yo?
Mari Paz. - Aj. Te comparan con aquel marciano que suba a la luna en bicicleta. (Imita.) Mi ca.saaa, ser bueenooss.
Mariv. - (Lee.) ...Y, al final, la anciana lleg a otra luna, la de un Renault Space que estaba aparca.do debajo del gimnasio. Milagrosamente, y ante el estupor general, la abuela y la luna resultaron ilesas aunque se teme que la mujer tenga pertur.badas sus facultades mentales....
Mari Paz. - Hija, te pone muy bien, la verdad.
Mariv. - Qu cabrones, se van a enterar...
Mari Paz. - Qu pasa?, algo va mal?
Mariv. - Nada, que estamos a punto de entrar en guerra.
Mari Paz. - (Perpleja.) Guerra? Aqu? (Escudria la prensa.) No, eso es en Iraks y Afganisnosequ, ves?
Margarita. - Nosotras, Mariv se refiere a noso.tras.
Mari Paz. - Vosotras?
Mariv. - S. Guerra. Cmo lo ves?
Mari Paz. - Vosotras? (Pausa.) Ah. (Pausa.) Con.tra quin, vida?
Mariv. - La familia.
Mari Paz. - Ah. (Pausa.) Pero qu familia?
Mariv. - Todas!, todas las familias!
Mari Paz. - Coo...
Mariv. - Y te digo ms: contra el Sistema!, y con.tra la Sociedad!
Mari Paz. - Recoo...
Margarita. - Entiendes?
Mari Paz. - Mayormente... no, pero me puedo apuntar?
Margarita. - Cntrate, Mari Paz, que no tienes personalidad.
Mari Paz. - S que tengo. Adems, me han echado de casa, me quieren internar.
Mariv. - Pues librate, mujer, djate llevar!
Mari Paz. - Me dejo, me dejo...
Margarita. - Ves?, ves cmo no tienes persona.lidad?
Mariv. - Es cierto o no que nos hemos pasado toda la vida trabajando?
Mari Paz. - A m me vas a contar...
Mariv. - (En plan arenga militar.) Lo hemos dado todo por nuestras familias, nunca hemos dicho que no a nada, verdad?, hemos aceptado cargas y ms cargas. Pero no cobramos, no cotizamos, no existimos! Y encima, nuestros hijos...
Margarita. - Nos quieren mucho, es verdad, pero... (Con un rictus de tristeza.) Nos echan de casa, ya ves.
Mariv. - Ah quera llegar.
Mari Paz. - Y yo: me quieren internar! (Enfatiza.) Me quieren internar!
Mariv. - (Resuelta.) Tienes un mvil?
Mari Paz. - Que s, coo, no te digo que me quieren internar?
Margarita. - Un mvil de llamar.
Mari Paz. - (Cae.) Ah. S, s, s. (Lo saca de su bolso.)
Margarita. - Qu vas a hacer?
Mariv. - Dmelo. Trae ac. (Agarra el celular.) Ayuda a Margarita a recoger sus cosas!
Margarita. - Adnde quieres ir?, si apenas pue.do andar.
Mari Paz. - Vamos, te ayudo! Qu album de fotos ms chulo!, puedo fisgar?
Margarita. - (Irritada.) De eso nada, trae ac. (Se justifica.) Es que... es de gente muy querida. Y no se puede mirar.
Mari Paz. - (Flipa.) Ah.
Mariv. - Venga, chicas! Ta - ta - riiiii - ta - r! (Des.cuelga el retrato.) Que hay mucha guerra que dar!
Mari Paz. - Y se quin es?
Margarita. - Su yerno, no preguntes ms.
Mariv. - Adelante, camaradas, ni un paso atrs!
Mari Paz. - Qu ha dicho?
Margarita. - Chissst!, que tiene un plan!
Mariv marca un nmero de telfono. Las otras in.tentan escuchar. Pero antes de que hable, la escena se queda en oscuridad.
Tres
Las tres septuagenarias, inquietas y sudorosas, frente a una fuente pblica. Anochece en la ciudad, ruido de coches y, en la lejana, alguna sirena de polica.
Mari Paz. - Uf, qu sofoco! Bueno, bueno, bueno... Haca aos que no me diverta tanto.
Mariv. - Arrmate al chorro, mujer, hay que repostar. (A Margarita.) Y t, qu tal vas?
Margarita. - Asfixiada, pero bien. (Se refresca la cara.) Crees que nos seguirn?
Mari Paz. - El tipo de la furgoneta lo hizo genial, nadie sospech nada. Vosotras por un lado, yo por mi propio pie, nadie nos vio...
Mariv. - Pues claro. (Metindose en la fuente.) No nos ven.
Las otras dos la miran alucinadas. Mariv, chapo.tea sin recato.
Mari Paz. - (Flipando.) Se ha metido dentro. Est fatal.
Mariv. - Somos transparentes!
Mari Paz. - Se ha tomado la pastilla?
Margarita. - Djala, ella sabr.
Mariv. - (Crecindose en el agua.) Y vosotras debis aprender: somos de cristal, nadie nos ve, les damos igual!
Mari Paz. - Vaya, con lo bien que bamos, nos van a pillar.
Mariv. - (Chapotea.) Agua bendita, qu ganas tena!
Mari Paz. - Toma. (A Margarita.) Aguntame el mvil.
Margarita. - Qu vas a hacer? (Mari Paz ya est dentro.) No me lo puedo creer.
Mari Paz. - Qu quieres?, no tengo personalidad.
Margarita. - Si te vieran tus hijos, tus nietos, tus...
Mari Paz. - Que da igual, me quieren internar..!
Margarita. - Ya, pero... (Suena el celular. Pausa.) Qu hacemos?
Mariv. - Calma. Ahora el objetivo es relajarse y descargar tensin.
Mari Paz. - Ah. Entonces, que salte el buzn!
El mvil sigue sonando. Mari Paz baila desde el agua al comps de su hortera sintona.
Margarita. - Y si digo que estamos en guerra, que llamen en otro momento?
Les da un ataque de risa a las tres. El mvil deja de sonar.
Mariv. - Est fresquita, eh, qu gusto! Y t qu?
Margarita. - Se podr mojar el collarn?
Mari Paz. - Se puede todo, mujer. (Pausa.) Aunque yo lo de la guerra no lo acabo de ver.
Mariv. - Chisst, calma! (Intrigante.) sta es la operacin calma.
Mari Paz. - (Atacada.) Ay, yuyu!, no me hables de operaciones.
Margarita. - Es que baarse en una fuente pblica...
Mari Paz. - Pues anda, que salir en bici por una ventana...
Mariv. - (Mstica.) ste es un espacio de quietud y calma para favorecer la introversin, comprendis?
Mari Paz. - La intro qu? Ay, t s que sabes, Ma.riv! Venga Marga, boba, deja la muleta y ven aqu!
Margarita. - Voy, voy. (Rezongando.) De perdi.das...
Mari Paz. - A la fuente, ja, ja, ja!
Margarita entra renqueante.
Margarita. - Uf, qu gusto. Hala, la faja pingan.do!
Mariv. - Bien! ste ser nuestro punto de encuen.tro, ok?
Margarita. - La fuente?, por qu?
Mariv. - Porque la zona de aguas siempre lo ha sido, histricamente.
Mari Paz. - S, vida, histricamente.
Mariv. - Ah, t sabes lo de los baos romanos y rabes?
Mari Paz. - Bueno, yo histricamente... iba a la piscina municipal. Y haba muchos jubilados y tal. Y oye, mucho encuentro y eso, y practicbamos el acuagim.
Margarita. - El qu?
Mari Paz. - Nos daban un churro.
Mariv. - Un churro?
Mari Paz. - S, un trozo de goma mayormente.
Margarita. - Y qu?
Mari Paz. - Nada, lo enroscbamos en un pie, lo ponamos de corbata, saltbamos a la comba dentro del agua...
Mariv. - Qu gilipollez. Para atontaros, veis?
Mari Paz. - Un respeto, eh, que hacamos la medu.sa. Sabis hacer la medusa?
Margarita. - Ests t buena medusa...
Mariv y Margarita se tronchan de risa.
Mari Paz. - De qu os res? Pues es fantstico para las varices y para la celulitis, bueno, y para todo, mejor que cocinar y fregar y que... (Se oye una sirena.) Ay madre, ya estn ah!
Mariv. - Chisst, relax. No nos ven. Relax, que tenemos edad.
Pausa. La sirena se aleja.
Margarita. - Lo raro es que no pase nadie. (Pau.sa.) Ni un alma.
Mariv. - Nosotras a lo nuestro.
Mari Paz. - Lo nuestro?
Mariv. - A reponer fuerzas para la batalla.
Mari Paz. - Ah va, la batalla!, se me haba olvida.do.
Mariv. - Yahora... (Agita los pies.) El efecto yakuzzi!, veis? Hala, todas!
Margarita. - Yo... como no revuelva con la mule.ta...
Mariv. - Bueno, la que pueda.
Mari Paz. - (Patea enloquecida.) Ay qu gustooo, qu sensacin de libertad!
Mariv. - Pues esto no es nada, se van a cagar! (Canta.) Ta - ta - ri - ta - riiii!
Todas. - (A coro.) Ta - ta - r - ta - riiiiii!
Entre risas y chapoteos se hace el oscuro.
Cuatro
En la oscuridad se oyen voces.
Mari Paz. - No es por molestar, pero esto es un de - lito.
Margarita. - Tenemos tantos..., qu ms da!
Mariv. - Chisst! (A la luz de una linterna.) Queris callar?
Mari Paz. - Por qu no hay luz?
Mariv. - El automtico, lo bajan siempre cuando van de vacaciones. Quietas ah. Ya casi lo tengo.
Margarita. - No se ve ni pa cantar.
Mari Paz. - (En coa.) Ta - ta - r - ta - riiii!
Mariv. - Chisst! Ya lo tengo!
La escena se ilumina dejando a la vista la sala de estar de un lujoso piso familiar.
Mari Paz. - Ostras!, ests segura de que vives, ejem..., vivas aqu?
Mariv. - Ya ves. (Sealando un montn de fotos familiares enmarcadas en la pared.) Abuela con perrito, abuela y nietos de playa, abuela cocinando....
Mari Paz. - Qu guapa has salido en sta, estabas teida?
Mariv. - Estaba... (Con un nudo en la garganta.) fe.liz.
Margarita. - Qu fuerte, y ahora ni siquiera tienes llave...
Mariv. - Menos mal que me s todos los escondi.tes. En realidad, la mana de dejar una copia debajo de la maceta era ma.
Mari Paz. - (Sigue husmeando.) Ostras, el del retrato de la residencia, mira, mira...!
Margarita. - Chisst, calla, no lo puede ni ver.
Mariv se vuelve, y en un arrebato, descuelga la foto de su yerno y la pisotea con saa.
Mari Paz. - Ya no la ver nadie, has hecho bien.
Mariv. - (Se sienta, compungida.) He trabajado de la maana a la noche. No he hecho ms que trabajar. Me acostaba a las tres de la madrugada para acabar los encargos de costura. Acab con una angina de pecho, pero llev las riendas de la casa y cuid de mis padres enfermos, de una hermana y una sobrina, lo que fuera para sacar adelante a los mos...
Margarita. - Clmate, te va a dar algo.
Mariv. - ... Luego, mis hijos se casaron y vinieron los nietos, y nos mudamos a esta casa y...
Mari Paz. - Venga, venga, ya est. Toma mi paue.lo...
Mariv. - Hasta hace tres aos todo entre estas cua.tro paredes dependa de m, sabis? La limpieza del hogar, la colada, cocinar, cuidar a los ni.os...
Margarita. - No llores, hija, que a m me ha pasa.do igual.
Mari Paz. - A todas. Trabajamos a reventar.
Margarita. - Venga, Mariv, cmo vas a dar gue.rra as?
Mariv. - (Entre lgrimas.) Un da te fallan las fuer.zas, el mundo se te hunde y... ya no eres nada.
Mari Paz. - Al revs, eres fundamental! (Pausa. Las otras le miran desconcertadas.) A ver, qu haran sin nosotras los mdicos, las enfermeras, los la.boratorios, las ambulancias, los hospi... (Le sue.na el mvil. Pausa.) Ostras, me ha pillado de sor.presa.
Mariv. - (An llorosa y enrabietada.) Trae ac! (Al telfono.) Diga? No, no est. Bueno, s. No, ponerse no puede porque est... (Con voz ronca.) secuestrada!
Mari Paz. - Ay la madre que la pari!
Mariv. - Una broma? No. Somos... (Ms ronca.) mala gente.
Mari Paz. - Ay, me estoy respigando!
Mariv. - ... S, somos un comando nuevo. Qu pasa, no me cree? (Gngster total.) Pues si no pa.gan doce mil euros le corto a ella un dedo y se lo mando a usted por correo...
Mari Paz. - (Flipando.) Se ha vuelto loca.
Mariv. - ... Punto. Corto y se acab. (Cuelga.)
Margarita. - Hija, nos has dejado...
Mari Paz. - (Alteradsima.) Ests majara o qu?, era mi hija? (Morbosa.) Qu te ha dicho a lo del dedo?
Mariv. - Que quera ms!
Margarita. - Ms qu?, ms dedos?
Mari Paz. - sa ha salido a su padre. Como la pille, la mato!
Mariv. - Estos juegan fuerte. Ni un euro nos van a dar.
Mari Paz. - Qu vais a hacer, me vais a descuarti.zar?
Mariv. - No digas tonteras. Mientras que nues.tros parientes se ponen nerviosos, nosotras va.mos a actuar! (Despeja de un manotazo la mesa de la salita y va sealando sobre el cristal.) Fijaos en el teatro de operaciones...
Mari Paz. - (Palideciendo.) Ay, por favor, qu ma - reo.
Margarita. - Qu te pasa?, ests blanca...
Mari Paz. - Ay, no lo puedo remediar, cada vez que pronuncia esa palabra...! Es que, hija, tantos aos pasando por el quirfano...
Mariv. - Pues acostmbrate, Pacita, porque ahora operaremos nosotras, vale? Localmente, eso s.
Mari Paz. - Sin anestesia?
Mariv. - No, mujer, por el barrio. Comprendes? (Seala.) Aqu, en este radio, hay que desplegar.se, envolver, contraatacar.
Mari Paz. - Yo lo de envolver... desde que traspasa.mos la mercera...
Margarita. - Y cuando vuelvan tus parientes de vacaciones?
Mariv. - Para entonces ya tendremos nosotras mucho dinero y estaremos pasndolo pipa fren.te al mar.
Mari Paz. - Ostras, qu bien suena.
Margarita. - Lo del dinero no lo he entendido.
Mari Paz. - Ni yo. (De pronto, aterrada, agarra un abrecartas de la mesa y grita como una posesa.) No, no, atrs!
Mariv. - Chissst, qu haces, idiota? Baja la voz.
Margarita. - Quieres que venga la polica?
Mari Paz. - (Erre que erre.) Atrs, no dejar que me cortis ni un dedo! slicas, sadiscas o como se diga!
Mariv. - Tranquila, mujer, parece mentira, cmo puedes pensar una cosa as?, a ti te parece nor - mal?
Mari Paz. - Normal? (Mirndolas acoquinada.) Aqu nada es normal... Y claro, (Gimotea.) es que... si os empeis me dejo trocear, como no tengo personalidad...
Mariv. - Anda, calla, ser mejor que te eches en la habitacin de los nios, ests un poco nerviosa.
Mari Paz. - Nerviosa yo? (Pausa.) Tienes razn.
Margarita. - Pero an no has dicho de dnde sacaremos el dinero.
Mariv. - De aqu.
Margarita. - De tu casa?
Mariv. - Ya no es mi casa. Me han echado, pasan de m.
Mari Paz. - Pasan?, qu quieres decir?
Mariv. - Que no se acuerdan de que existo. Ah, y que voy a desvalijarles el piso
Margarita. - Desvalijar?, ests loca.
Mariv. - No, estoy en guerra. Y vosotras igual, no?
Mari Paz. - Ah lleva razn.
Mariv. - Iremos empeando cosas poco a poco, y de paso, discretamente operando, con perdn, por el barrio.
Mari Paz. - (Fascinada.) Ay qu lista, qu artista!
Margarita. - Yo no s qu decirte, la verdad.
Mariv. - No hay nada que decir. A descansar. No levantis las persianas, ni hagis nada sospechoso. Recordad que aqu no hay nadie.
Mari Paz. - Ay, hija, qu raro...! Entre que no nos ven, que somos transparentes y que aqu no hay nadie... me siento como un... espentro, expetor, especto...
Margarita. - Un qu?
Mari Paz. - Un fantasma, joder!
Margarita. - Acustate, anda.
Mariv. - Acostaos las dos. Hoy vigilar yo. Vosotras descansad que maana iremos Alcampo, de
batalla.
Margarita. - Qu ha dicho?
Mari Paz. - Ay, no s, ella sabr!
Cinco
Alcampo, centro comercial. En mitad de un pasi.llo, las tres septuagenarias, armadas de un taco de folios, cuchichean. De pronto, Mari Paz, alza la voz.
Mari Paz. - Hola, buenas, venamos mayormente a presentar batalla y...!!!
Mariv. - Cllate, haz el favor. Dispersaos! Y sobre todo, recordad, a qu tipo de rehenes vens a liberar.
Margarita. - Yo voy por ah.Mari Paz. - Yo... ta - ta - ra - ta - riiii!
Mariv interpela a una anciana en la seccin de frutera.
Mariv. - Sofocos?, taquicardias?, decaimiento persistente?, cansancio extremo?, tristeza y desnimo?, alguna cada fortuita debida a mareos sbitos? Aj! Y encima de todo eso se siente culpable y hundida por no poder hacer frente a sus obligaciones diarias, verdad? Pues seora, es usted de las nuestras, otra abuela esclava! Hgame el favor, deje ah los kiwis y grite conmigo: Noooooo!!!
Off. - Qu dice?, es para la tele?
Mari Paz forcejea con otra anciana en menaje del hogar.
Mari Paz. - Cmo que no?, lo niega?, niega usted que es una esclava? Bueno, es normal. (Consulta los folios.) Por vergenza o exceso de responsabilidad negamos siempre que nos sentimos esclavas de nuestras propias familias, faltara ms! Pero no, seora, librese de la mantelera y repita conmigo: Nooooo, nooooo!!!
Off. - Que deje de gritar, que no se lo comprar igual.
Margarita adoctrina a otra venerable viejecita en la seccin de cosmtica.
Margarita. - ... Mire, hemos sido educadas para decir s a todo lo que viniera, nunca tuvimos un no para nuestros padres y tampoco lo tenemos ahora para nuestros hijos, aunque abusen de nosotras. Mire, djese de frascos y lea mis labios: Nooooooo!!!
Off. - Lleva usted razn, por eso no me he casado yo!
Mari Paz rodea a otra en la seccin de congelados.
Mari Paz. - Seora, salga del frigo que yo odio la guerra fra. Deje ese paquete de calamares, que venga algn hijo suyo a por ellos! No ve que ellos son unos egostas? Librese, mujer, y grite conmigo: Nooooo!!!
Off. - Cmo dice?, de qu marca son?
Mariv vuelve a la carga en artculos de ocasin.
Mariv. - Pero, seora, no est harta de ocuparse de la casa, de los hijos, de recoger a los nietos, de hacer comidas familiares, de...? Pues claro que s! Claro, porque cuando les interesa somos ancianas pero cuando no les interesa les importa un pito que estemos agotadas por sobreesfuerzo fsico y emocional, por tanta responsabilidad, verdad?, lo vamos a aguantar? Noooo, nooo, nooo!!!
Off. - Noooo, bravo, bravo!!! (Ovacin.)
Margarita aborda a otra por la espalda.
Margarita. - Agobiada, eh, no me diga ms: (Lee.) El metabolismo descompuesto, la diabetes por las nubes, el nimo por los suelos y los ner.vios a flor de piel, eh. Y la culpa es de los aos? No, seora! Vamos a permitir esta esclavitud? Nooo, nooo, nooo!!!
Coro de viejas. - Nooo, nooo, nooo!!!
Suenan las alarmas. Inquietante algaraba.
Margarita. - Qu pasa?, vienen los de seguri.dad?
Coro de viejas. - Siii, siiii, siiii!!!
Las tres septuagenarias se juntan en el pasillo central y, a trancas y barrancas, lanzan los pasquines al aire y huyen despavoridas.
Seis
Sala de estar. Hay bastantes claros entre el mobi.liario. Es evidente que numerosos muebles y objetos de decoracin han sido empeados ya. Mariv prepara caf. Mari Paz hurga en su mvil y Margarita hojea, sumida en la tristeza, su lbum de fotos.
Mariv. - Hay que mover el culo, andar de prisa y correr ms... para prevenir riesgos.
Mari Paz. - Por qu?, porque lo diga el mdico?
Mariv. - No, boba, para que no te agarre el de se.guridad.
Mari Paz. - Ah. (Pausa.) Seguro que no hemos he.cho el ridculo?
Mariv. - Por supuesto que no. Una guerra... tiene estas cosas.
Margarita. - Menuda guerra... (Solloza.) Nos van a pillar, no tiene sentido!
Mari Paz. - Ostras, ya est, ya le ha dado la depre.sin! nimo, mujer, en cuanto vendamos el microondas y la cadena musical, nos vamos dere.chitas al mar.
Margarita. - Qu asco de vida (Derrumbada.) Y mis hijos, me estarn buscando?
Mari Paz. - Y los mos?, por qu coo no llaman? (Agita el mvil.) Y si llamo yo y les doy el nmero de cuenta?
Mariv. - No me han tomado en serio, Mari Paz, pensarn que algn gracioso te ha robado el mvil.
Margarita. - (Sin levantar la cabeza del lbum.) Nadie nos toma en serio. No somos nada, no valemos nada, no...
Mariv. - Bueno, ya est bien! (Le arranca el lbum.) Trae ac. Tanta foto y tanta... negatividad.
Margarita. - (Muy enfadada.) Qu haces, bruja?, devulvemelo!
Mariv. - Djate de mirar fotos de tus amiguitas y mira...
Margarita. - (Se incorpora y va hacia ella.) Trae ac!
Mariv. - Mira, Mari Paz, qu bonito, de cuero y colorines... Lo podamos empear tambin! no te parece?
Margarita. - Dmelo, bruja!
Las dos forcejean. El lbum cae al suelo. Mari Paz se acerca a recogerlo y al ver lo que hay en su interior se queda de piedra.
Mari Paz. - No me lo puedo creer... Son esquelas!
Mariv. - Esquelas?, qu dices?, en un lbum de fotos?
Margarita. - (Ausente.) La ancianidad es un de.sierto, todas tus amigas han muerto.
Margarita, acorralada, rompe a llorar. Silencio. Las otras se miran sin hablar.
Mari Paz. - Venga..., Marga, no pasa nada.
Mariv. - Eso, venga, nimo. Ya est el caf!
Mari Paz. - Animo, mujer. No te deprimas, no merece la pena.
Margarita. - Me quiero morir.
Mari Paz. - Tranquila, no digas bobadas. (Alerta a Mariv.) Estn cerradas todas las ventanas?
Mariv. - Clmate, mujer.
Margarita. - Me quiero morir. Me quiero morir.
Mari Paz. - Hija, qu perra has cogido! Chist, seguro que estn cerradas todas las ventanas?
Margarita. - No hay nadie, no somos nada.
Mariv. - Nada?, mranos, somos carne de enciclopedia somos pioneras!, hemos iniciado la guerra de los cien aos!
Mari Paz. - Eh, eh, que no llegamos ninguna a los ochenta...!
Mariv. - No es cuestin de edad. Quiero decir que esto no es de un da para otro, Mari Paz.
Mari Paz. - (A cuadros.) Ah.
Mariv. - (Solemne.) La liberacin de las abuelas esclavas y abandonadas seguir aos y aos, pero nosotras hemos abierto brecha...
Mari Paz. - (A Margarita.) Ya ests mejor? Claro, mujer, con un buen caf...
Mariv. - ...Y abriremos este licor... (Alza una botella de coac.) precisamente para sellar...
Margarita. - Azcar?
Mariv. - Marchando! (Busca por varios cajones.) Dnde narices habrn puesto el azcar?
Mari Paz. - A ver, djame a m. El caso es que me suena...
Mariv. - Qu desastre de casa, a ver si la desvalija.mos de una vez. Antes no pasaba esto. La azucarera siempre ha estado aqu, pero estos cafres...
Las dos se han vuelto de espaldas para buscar por todos los cajones. De pronto, el ruido de una persiana les sobresalta. Margarita, obnubilada, intenta tirarse por una ventana.
Mari Paz. - Ay Dios mio, ay Santa Rita!, Mariv, aydame!
Entre las dos reducen a su compaera.
Mariv. - Hala, hala, ya est! (Resuello.) Mira que eres terca!
Mari Paz. - Qu mana, hija, y sin bici ni nada!
Margarita. - Me quiero morir.
Mari Paz. - Qu aficin a tirarte por la ventana!
Margarita. - Me quiero morir.
Mariv. - Ya te tocar, no tengas prisa. Lo que tienes que hacer es animarte.
Mari Paz. - Eso, vida, eso, como las dems.
Mariv. - Ahora te tomas el caf y... esta copita de coac.
Mari Paz. - (Para s.) Se excitar con la cafelina?
Margarita. - Es que sin azcar yo no... Hay o no?
Maiv y Mari Paz se dan la vuelta instintivamente, pero antes de llegar a los armarios de la cocina se vuelven aterradas.
Las dos. - Eh, quieta ah, eh, eh, eeeh,!, quieta.aaaa!! (Pausa.) Creas que bamos a picar otra vez, eh?!
Margarita permanece inmvil frente a la taza de caf y les mira perpleja.
Margarita. - Es igual. Me tomo slo el coac.
Mariv. - Ejem..., sa es mi chica! (Sirve tres copas.) Mari Paz, ven a brindar!
Mari Paz. - Ostras, mirad dnde estaba el azcar y qu poquito queda ya!
Mari Paz se acerca con una bolsita de plstico pero cuando va a echar una cucharadita en el caf de Margarita, Mariv se interpone enrgica.
Mariv. - Quieta!, qu haces?, qu haces?
Mari Paz. - Ay, qu pasa!, es diasbtica o qu?
Mariv. - Pero sabis qu es eso? No toques nada, te quiero, te quiero! (Besa a Mari Paz con autntica pasin.)
Mari Paz. - (Pasmada.) Joer, lo que hace el coac...Mariv. - Ah estaba, que se jorobe mi yerno, se va a cagar!
Margarita. - Cuando vea su casa vaca..., es nor - mal!
Mariv. - Es que... esto no es azcar, esto vale ms!, por qu creis que el cabrn tiene este pedazo de casa? As enga a su familia, se deshizo de m, puso vitrocermica y todo y (Apura otro chupito.) Aggg, se va a cagar!
Mari Paz. - Hija, de verdad te lo pido: no bebas ms!
Mariv. - (Exultante.) Atrs, atrs, la cartera!
Margarita. - Qu cartera?
Mariv. - La ma, dnde est? Acrcame mi bolso! No toquis nada. Atrs! (Abre su cartera.) Sabis qu es esto?
Mari Paz. - Bah, la tarjeta dorada!, vaya novedad.
Mariv. - Aj. Pues ahora fijaos, fijaos. (Separa un montn de azcar y la remueve con la tarjeta dorada.) Se crean que la abuela era tonta, que no se enteraba de nada. Pues lo pill todo, porque soy ms lista que ellos y por eso me quitaron de en medio y... (Febril.) Echadme otro coac!
Margarita. - (Obedece.) Se va a mamar, se va a ma - mar.
Mari Paz. - Qu haces?
Mariv. - Rayitas, no lo ves?
Mari Paz. - S, por eso te pregunto. Podemos ju.gar?
Mariv. - Quieta. Atrs, atrs...! (Las otras retroce.den de nuevo.) Tenis un billete?
Mari Paz. - Oye, rica, que te quedaste t con lo de la casa de empeos. No est en tu cartera?
Mariv. - Es verdad. Atrs, atrs! (Obedecen.) Aho.ra voy a enroscar este billetito y...
Mari Paz. - Pero qu haces?, para eso quieres los euros, para meterlos por la nariz?
Mariv. - Chisst, Atrs, atrs!
Margarita. - No es por nada, pero si sigo reculando me voy a caer por la ventana y, oye, ahora que me lo habais quitado de la cabeza...
Mari Paz. - (Harta ya.) Ya basta!!, me vais a vol.ver loca entre las dos!, t, ven ac, Margarita, y t...!
Enmudece de golpe al contemplar cmo Mariv se mete un par de rayitas por la nariz.
Mariv. - Ahhhh! Venga, ahora vosotras, pero con cuidado, eh, ya habis visto cmo lo hago yo...
Mari Paz. - (Se persigna.) Alabado, alabado...!
Margarita. - Pero eso no era para el caf?
Mari Paz. - (Resabiada.) Ay, Margarita, con lo que t sabes, hija, pareces boba! (Susurra a Mariv en plan confidencial.) Pssshh... Marijuana, quiz?
Mariv. - Qu importa el nombre? Lo nico que s, es que mi yerno se forra con esto. Yo lo espiaba algunas noches y vea cmo lo haca.... Ven, ven, ya vers!, agarra el billetito...
Mari Paz. - Ay Virgen, no s si sabr! Yo, la nariz...
Margarita. - Acurdate de cuando tomaste aquello para la rinitis.
Mari Paz se mete un par de rayas y le sientan genial.
Mari Paz. - Oye, es raro, ja, ja... Queris ms coac? Ahora t.
Margarita. - (Muy predispuesta.) Qu de rayas, voy pall!
Margarita esnifa compulsivamente y se pone como una moto. Llegados a este punto, la botella est casi por la mitad y las abuelas no lo pueden disimular.
Mariv. - Un brindis por nosotras y... y por todas las mujeres de nuestra generacin!
Mari Paz. - Eso, eso! Y por los hombres? No, por ellos no, ja, ja, ja.
Beben entre risas. Y llenan los vasos a toda velocidad.
Margarita. - Pues yo brindo por los ancianos solitarios! y por los impedidos!
Mari Paz. - Eso, y por el reumatismo, ja, ja, ja!
Mariv. - Eso, eso, y por las enfermedades cardio.vasculares, ja, ja, ja!
Margarita. - Ah, ah le has dao, Mariv! (Aplausos.) Y por el hijoputa que invent el Alzheimer y la demencia senil!
Mari Paz. - (Aplausos.) Ay, que me parto, ja, ja! Pues yo brindo por Nemesio el de la Carmina, que se muri bailando un pasadoble en la pista de Benidorm, ja, ja!
Mariv. - Y yo por Consuelo, la de la gasolinera, ja, ja, ja!
Margarita. - Qu Consuelo, ja, ja, ja? Ah, Con.suelo, pobre!
Mariv. - Sii... Antes de viajar se hizo un chequeo, ja, ja, ja... se subi al coche con la nuera, los nietos y todo, ja, ja... y a los veinte kilmetros o as la dejaron abandonada en una gasolinera, ja, ja, ja!
Mari Paz. - Ay, ja, ja, ja, que me estoy poniendo mala! paramos ya?
Margarita. - No, no, sigue, que esto es buensi.mo, ja, ja, ja, que cinco minutos de carcajadas equivalen a cuarenta y cinco minutos de aer.bic, ja, ja, ja!
Mari Paz. - Ay Margarita, lo que t sabes, ja, ja!, y te queras suicidar, ja, ja, porque creen que ests loca, ja, ja, ja! y nosotras igual, ja, ja! Ay, me meo, me meo, ja, ja!
Margarita. - Y encima esto, ja, ja, ja, tiene la ven.taja de que no perjudica al corazn ni a las articulaciones, ja, ja, ja!
Mariv. - Ay, lo del colesterol, ja, ja cuenta lo del colesterol, Mari Paz, ja, ja, ja!
Mari Paz. - Ay s, mi Paco, ja, ja, ja, que se muri viendo la tele! Lo mat el colesterol, ja, ja, ja! Demasiada grasa, ja, ja, ja!
Mariv. - La vida es una mierda, si no fuera por el mar, ja, ja!
Mari Paz. - Manos de cerdo, chorizo..., ja, ja! Coma cosas muy fuertes, ja, ja, ja...! Mi Paco, digo, mi Paquito!
Margarita. - Ay, qu bueno, ja, ja, ja!, ahora me meo ms, ja, ja!
Mari Paz. - ...Y se jubil y en menos de un ao adis, ja, ja, ja!
Margarita. - Ay, ja, ja, ja, que no puedo, ja, ja!Mariv. - Ja, ja, ja, viendo la tele, ja, ja! Por qu lloras, ja, ja?
Mari Paz. - No s, ser de risa, ja, ja. Y t?
Mariv. - Yo? Ay, ja, ja, qu raro es todo. Y t, Margarita, lloras de risa o res de pena, ja, ja, ja?
Pausa. Las tres lloran amargamente por ms que traten de disimular. Entre el torrente de lgrimas, la risa se ha esfumado ya.
Margarita. - Ay no s, no s! (Se incorpora cons.ternada agarrada a sus muletas.) Voy a mear... o algo.
Mari Paz. - Tenis pauelos?Mariv. - Toma, un rollo de cocina, qu berrinche ms tonto.
Margarita. - Eh, eh, mirad, mirad! (Tira las muletas y se queda colgada mirando al vaco.) Es increble!
Mari Paz. - Qu haces?, te la vas a pegar!
Margarita. - (Camina sin muletas en pleno colocn.) La mente se aleja del cuerpo y la muleta anda sola...
Mariv. - Agrrate, que vas a caer.
Margarita. - Poco a poco... (Se suelta cada vez ms.) Poco a poco.
Las otras dos, enjugndose las lgrimas, aplauden emocionadas.
Mari Paz. - Oh, milagro! Ser Santa Rita?
Mariv. - Va a ser la perica, como dice mi yerno!
Mari Paz. - Quin, el coac? Oye, vida, qu tal vas?
Margarita. - (Eufrica.) Genial, ja, ja! Genial! (Se abalanza sobre su lbum y lo rompe con fuerza lanzando las esquelas por el aire.) La vida es be.lla, hay que luchar!
Mari Paz. - (Cuchichea.) Cmo decas que se llamaba esto?
Mariv. - Bipolar, transtorno bipolar.
Mari Paz. - Seguro que ests bien, vida?
Margarita. - (Desatada, fuera de s.) Genial, genial! Esto son viajes y no los del Inserso!
Mari Paz. - Mariv, me pones a m ms rayas de bipolar?
Mariv se troncha de risa. Y saca la tarjeta dorada para seguir repartiendo el material.
Siete
Puerta de entrada de una sala de fiestas para la tercera edad. Las tres septuagenarias, vestidas con una ropa muy estrafalaria, salen del local y en mitad de una esquina se ponen a cuchichear.
Mariv. - Uf, qu dolor de cabeza! (Quitando sus gafas de sol.) Qu, cmo ha ido?, qu dicen las fuerzas aliadas?
Mari Paz. - (dem.) Ni aliados, ni n. Aqu la gente no sabe que estamos en guerra, slo quieren cha - cha - ch.
Margarita. - (dem.) Y esto del camuflaje me pare - ce una exageracin, de verdad.
Mariv. - No has interceptado ningn mensaje ofensivo?
Margarita. - S, un cafre me llam gordita, pero sin sonotone (Seala el aparato de pega que lle.va en su oreja.) me lo habra llamado igual.
Mariv. - No, camarada. Con esa arma el enemigo se relaja porque cree que ests sorda como una tapia. Y entonces t sabes qu piensan y entras en accin.
Mari Paz. - Yo donde entr fue en los lavabos. Ha.ba una viejecita abrazada al ambientador y con dos ramitos de mimosas.
Mariv. - Qu dices?, todava ests borracha?
Mari Paz. - No, el mdico le haba recomendado que el resto de sus das los pasara en un ambien.te sano y poco contaminado y...
Mariv. - En serio?
Mari Paz. - S, s. Y entonces ella... se vino al des.guace y...
Mariv. - Lo veis?, la gente anda fatal! Hay que liberar a nuestros coetneos antes de que...
Se oye una sirena de polica.
Margarita. - Os?
Mariv y Mari Paz. - Qu?
Nueva rfaga.
Margarita. - Nos van a atrapar! No los os?
Mari Paz. - Ay, calla, mujer, djanos disfrutar!
Mariv. - Os recuerdo que no hemos venido aqu a eso. Se trataba de contactar con las fuerzas alia.das para ir todos juntos a la lucha final!
Mari Paz. - Al mar?, vienen todos con nosotras al mar?
Margarita. - Pero qu aliados?, ni aliados ni n!
Mari Paz. - Lo mismo que en el centro comercial. Nos toman por locas. La gente es inveroximil, verdad? Bueno, y yo, como no tengo personali...
Mariv. - Silencio, por favor! (Otra sirena lejana. Pausa.) Qu tal el cuerpo a cuerpo?
Mari Paz. - Ay, vida, dicho as...!
Margarita. - Ellos estn despistados, Mariv. Es como si la jubilacin les hubiera transtornado, no s. Mariv. - Pero todos?
Margarita. - Bueno, uno se me acerc y empez a hablarme del aislamiento de las mujeres de
nuestra edad. Mariv. - Aj. Y de qu ms?Margarita. - Del desconcierto, y del vaco vital...
Mariv. - En serio? Y t...?
Margarita. - Yo qu?
Mari Paz. - Qu le dijiste, mujer?
Margarita. - (Recrea.) Vaco vital?, t lo que quie.res es follar!
Mari Paz. - As se habla, Margarita!
Mariv. - Pero bueno, sois un desastre. As no hay manera de establecer lazos con otras vctimas de...
Mari Paz. - Bueno, yo lazos s que...
Mariv. - Qu?
Mari Paz. - A m me enganch un tipo que tiene un diente y medio.
Mariv. - Aj.
Mari Paz. - S, no s. Pepe, ochenta y tres aos, le faltan dos dedos. Se despierta por las maanas y dice: qu sorpresa, sigo vivo! Luego, sale a pa.sear.
Mariv. - Aj. Y qu ms?
Mari Paz. - Nada, hemos quedado para otro da.
Mariv. - Maana ser tarde, camarada.
Mari Paz. - Ya, pero casi me echa el diente y medio... me dio, me dio... grima.
Mariv. - Y de negocios? (Silencio.) Habis vendido algo de azcar?
Margarita. - Yo nada. Se lo expliqu a cuatro pen.sionistas, pero cuando les dije que era para meter la nariz...
Mariv. - Y el de la puerta?, no estabas negocian.do con el chaval de la puerta?
Margarita. - Acabamos fatal. Me llam camella y mira, si no me llega a sujetar Mari Paz...!
Mariv. - Pues vaya ruina!, habramos hecho ms negocio vendiendo pastillas antirreumticas!
Margarita. - Desde luego, tal y como va la Segu.ridad Social...!
Mari Paz. - Es que a estas edades se desconoce el bipolar.
Mariv. - La perica, Mari Paz.
Mari Paz. - Ms a mi favor, quin va a pagar para meterse un ave por la napia?
Mariv. - Pues hay que insistir. En pocos das, al mar.Mari Paz. - Ay s, todo sea por el mar! El mar, la
mar, el mar...
Mariv. - Calla. Hay que seguir con el plan. Ta - ta.r - ta - riii!
Suena otra sirena.
Margarita. - Lo que t digas, pero vmonos ya!
Mariv. - A la orden, mi teniente.
Margarita. - Qu?
Mariv. - A la orden mi...!!!
Margarita. - Eh, eh, de teniente, nada!, que oigo perfectamente. (Quitando el sonotone.) Esto es slo para despistar! (Salen.)
Ocho
Sala de estar. Cada vez hay menos muebles, objetos decorativos y menaje del hogar. Mariv cuenta el dinero mientras Margarita mira f jamente a Mari Paz quien, obsesionada con su hija, le habla con voz camuflada desde el celular.
Mari Paz. - Al? (Imitando a El Padrino.) Mire, llamaba para amenazar... Qu? Oiga, le digo que estoy a punto de cortarle un dedo a su mam. Qu, que le da igual? (Con su voz.) Zorra, has salido a tu padre!!! No me vais a internar! (Pausa.) Ha colgado.
Margarita. - Hija, se habr aturdido, pareces un ventrlocuo. Ya tenemos bastante dinero, no necesitamos el rescate.
Mari Paz. - Si no es por el dinero, coo, yo a lo que voy es al detalle. Que a esta juventud le da todo igual, Margarita, que ya no hay decencia ni dignidad. Mis hijos...
Margarita. - Bueno, al menos t puedes hablar con ellos porque los mos... (Medita.) Sabes una cosa? Que, aunque ya dudo de que me echen de menos, me sigue angustiando saber si mis nie.tos llevan la ropa limpia, si comern bien y...
Mariv. - Ay pobrecitas mas! (Condescendiente.) No tenis remedio... Esta guerra es un mal necesario y por eso... (Pausa.) Chisst, no os ningn ruido?
Margarita. - S, alguien se acerca a la puerta...
Mari Paz. - Ay qu miedo!
Mariv. - Calma, compaeras. Alerta el sistema de seguridad!
Mari Paz. - Ay Santa Rita...!
Mariv. - Chissst, apaga esa luz! Cada una a su puesto!
Se esconden en difentes partes del cuarto. Una llave suena en la cerradura.
Mari Paz. - Ay Virgen! Yo me entrego...
Mariv. - Chisst, atrs. Preparadas para la emer.gencia.
Un tipo entra en el saln, da la luz. Abre los ojos como platos al descubrir la casa semivaca. De pronto, llega hasta sus pies un cochecito teledirigido. El tipo, alucinado, se agacha hacia el juguete. En ese momento estallan en su cara los petardos que hay en el interior.
Se queda aturdido con la cara entre las manos. Salen las tres septuagenarias con sendas sartenes y a base de golpes en la cabeza lo dejan inconsciente.
Mariv. - Lo saba, el coche - bomba no suele fallar!
Margarita. - Hay que ver los petardos de tu nieto, ah dentro tiene un arsenal...!
Mari Paz. - Chisst, no hablis alto, a ver si se va a despertar!
Mariv. - Que se fastidie, por perro. Caramba, cmo ha crecido en estos tres aos...!
Mari Paz. - S, qu alto y qu fuerte es tu yerno, hija! Le habremos daado el cerebro con la sartn?
Mariv. - El cerebro?, no creo, como no le hayas dado en los gevos
Margarita. - A quin se le ocurre adelantar el regreso de vacaciones?
Mariv. - Bueno, vamos a darle vuelta de una vez. Listas? A la una, a las dos y a las!Todas. - Treees!
Entre todas le giran para verle la cara. Pausa.
Mariv. - Coo, pero si ste no es... no es...
Mari Paz. - Pero si ste es... es...
Margarita. - Quin es?, quin no es?
Mariv y Mari Paz hablan a la vez. No se les entiende nada. Pausa.
Mariv. - Que no es mi cuado, ser un vecino, digo yo.
Mari Paz. - Un vecino?, pero si es Franki!
Margarita. - Quin?, Franki, qu Franki?
Mariv. - Ah, Franki, s, tienes razn, el monitor de aerbic! Es amigo de mi yerno, pero qu coo har aqu?
Mari Paz. - Habr venido a regarle las plantas. (La miran.) Digo yo.
Margarita. - Ay, las plantas! (Para s.) Qu ser de las mas?
Mariv. - Caray, no lo haba reconocido.
Mari Paz. - Claro, hija, sin culote... (Fascinada.) Qu guapo es!
Mariv. - Uf, Quin lo iba a esperar!
Mari Paz. - Ya, fjate. (Pesarosa.) Si me llego a en.tregar...
Margarita. - Bueno, habr que despertarlo...
Mariv. - Ni se te ocurra. Para qu?
Margarita. - Para que cante, no?
Mari Paz. - (Arrobada.) Mejor que baile, que... (Pau.sa.) Perdn.
Mariv. - Lo que hay que hacer es amarrarle. An no sabemos sus intenciones y no podemos ba.jar la guardia. Rpido, buscad cuerdas. Ten, cor.ta stas del tendal. Ser nuestro prisionero de guerra!
Mari Paz. - Ay, me encanta!
Mariv. - Ah, y otra cosa vital: no debe vernos la cara!
Mari Paz. - Ay madre!
Mariv. - Podra identificarnos, entendis?
Margarita. - Ya, ya, pero de dnde sacamos...?
Mariv. - T, mira entre los juguetes del nio.
Margarita. - Ya he mirado, no hay nada. Como no nos pongamos las gafas de sol y un mandil de paoleta...
Mariv. - ste se est moviendo, qu hacemos?
Mari Paz. - Rpido, rpido, poneos esto, estaba en la mesilla de noche. (Re.) Ay, hija, tu familia... qu cachondos!
Reparte rauda y veloz el ltimo grito de sex - shop: un luminoso antifaz con un pene de goma en la cabeza. Las otras, alucinadas, se lo encasquetan a toda veloci.dad, luego atan al prisionero con la cuerda del tendal y lo amordazan.
Mariv. - (Susurra.) Qu coo es esto?
Margarita. - Ay, no s, ser de una despedida de soltera...! (La miran.) Digo yo.
Mariv. - Esto no es serio, Mari Paz.
Margarita. - Ay, hija, son pirulas, qu ms da! Ahora se llevan mucho...
Mariv. - (Puetera.) Siempre se han llevado.
Margarita. - ...Para decorar. Quiero decir, para decorar.
Mari Paz. - Chisst, silencio, que se va a despertar! (Robtica.) Ho - la - ene - mi - go, por - qu - t - entrar - a - qu?
Mariv. - Qu le pasa a esta?, por qu le habla as?
Mari Paz. - Ay, no s, habr que asustarle... o algo!
Margarita. - Ah! Tiene razn, que se intimide un poquito, no?
Mariv. - Est bien. Dejadme a m!
Margarita. - Ya vuelve, ya vuelve en s...
Mariv apaga la luz. La imagen de las tres septuagenarias de rodillas frente a Franki es como una especie de velatorio espectral. Ah, un detalle: los penes de goma se encienden y se apagan en la oscuridad.
Mariv. - (Con repentina voz de ultratumba.) Fraaaanki, Fraaaanki, has sido muy maloooooooo!!!
Los ojos del tipo amordazado se abren cada vez ms.
Mari Paz. - (Sotto voce.) Meca, yo me cago de miedo...
Margarita. - Chissssst, ella sabr...!
Mariv. - Fraaaanki, no ests en el cielooooo!!!
Les hace un gesto a las otras para que participen.
Margarita. - (Siguindole el juego.) Noooo, esto... esto es... es el purgatorioooooo!
Mari Paz. - (dem.) Esooo, esooo! Tieneeees purgacioneees?
Irremediablemente, los penes tiemblan de la risa. El hombre, inmvil y sin poder hablar, no sabe si reirse o llorar.
Mariv. - Te vamooos a torturaaar!, te vamos a daaar tu medicinaaaaa!
Margarita. - (Susurro.) De qu coo habla?, no entiendo nada.
Mariv. - Aquiii estaa! (Le muestra un CD.) Muuusica daancee!, nos vaamos a veeengar!
Margarita. - (Masculla.) Ay madre!, se lo va a meter por el culo?
Mariv se aleja con el compact disc. En unos segundos empieza a sonar I Will Survive.
Mari Paz. - Anda, menos mal que no empeamos la cadena musical...
Mariv. - Vamos, chicas, tres, dos, uno y... arriba y... abajoo!
Ante el estupor de Franki, las abuelas se ponen a bailar aerbic con sus penes intermitentes en la cabeza. l trata de zafarse pero no lo logra, tampoco puede pronunciar palabra. Ellas, se contonean insinuantes y conscientes de su superioridad.
Mari Paz. - Qu?, monitor!, debemos mejorar la tcnica?
Margarita. - (La ms torpe.) Uf, qu bien lo ha.cis!
Mariv. - Ya ves, desde los ochenta llevo, hija, desde el boom, quera ser Jane Fonda. Pero ella, ella...
(Mirando a Mari Paz con una mezcla de deseo y admiracin.) Ella es la mejor!
Mari Paz. - Gracias. (Coquetea, creda.) Ah cmo me halaga!, pero prefiero que hable el monitor. (Se acerca a Franki en plan loba.) Qu?, no dices nada? (Ojeando su entrepierna.) Ests pinocho, eh?, qu puntuacin me das?
Le baja con mimo la mordaza y Franki, que lle.va un buen rato siguiendo el show con una mueca de espanto, rompe a gritar. Es un grito seco y preciso de terror. O sea, tcnicamente: Noooooooooooooooooo! Luego, silencio y oscuro total.
Nueve
Habitacin matrimonial. Mari Paz y Mariv comparten cama y conversacin.
Mari Paz. - No deberas haberle dado tan fuerte.
Mariv. - Bah, l se lo busc.
Mari Paz. - Ya, pero has vuelto a dejarlo inconsciente. Tienes la mano muy larga, Mariv.
Mariv. - (Por lo bajini.) Si yo te contara...
Mari Paz. - Qu?
Mariv. - Nada. A ver qu tal le vigila Margarita, porque sa tambin... Lo mismo le da la euforia y lo deja escapar. O se deprime, como siempre, y...
Mari Paz. - Chisst, no seas mala! La pobre... As, sin litio, no anda muy... Bueno, como las dems... Ay madre, qu ser de nosotras...! (Farfulla algo ininteligible.)
Mariv. - Qu dices?
Mari Paz. - Rezo a Santa Rita.
Mariv. - Ah. (Le sonre con ternura.) Apago la luz?
Mari Paz contina enfrascada en sus oraciones. Mariv apaga la luz. Larga pausa.
Mari Paz. - Qu... qu haces?
Mariv. - No s.
Mari Paz. - No sabes?
Mariv. - Chisst, no te gusta?
Mari Paz. - No... no creo.
Mariv. - Te gusta?
Mari Paz. - Es raro.
Mariv. - Pero te gusta o...?
Mari Paz. - (Atropellada.) S. No. No s. (Enciende la luz.) Qu buscas?
Mariv. - Qu dices? (Con su mano quieta sobre el pecho de Mariv.) Decas algo?
Mari Paz. - Oye, sigue... sigue si quieres, pero todo est bien.
Mariv. - Todo?
Mari Paz. - S: corazn, estmago, riones...
Mariv. - Has pasado demasiado tiempo en el hos.pital.
Mari Paz. - (Ingenua.) Demasiado. Y mira, ahora como de todo.
Mariv. - (Pcara.) De todo?
Mari Paz. - (Le aparta la mano.) Quieres ver mis anlixis?
Mariv. - Anlisis.
Mari Paz. - Bueno, eso. Quieres verlo?
Mariv. - No, no, de verdad. Prefiero que me ha.bles.
Mari Paz. - Qu... que te hable?
Mariv. - S. Dime algo de ti.
Mari Paz. - Ay, Mariv, qu rara te veo, hija! Te preparo una manzanilla?
Mariv. - Dime algo de ti, mujer.
Mari Paz. - Pero de qu?
Mariv. - Un recuerdo, no s.
Larga pausa.
Mari Paz. - Me oper de cataratas.
Mariv. - Ah. (Pausa.) Ya.
Mari Paz. - Ya qu?, ya te lo cont?
Mariv. - No, pero... algo ms personal?, qu piensas hacer cuando estemos a solas frente al mar?
Mari Paz. - Ms personal? (Pausa.) Ah, me romp el fmur! Se dice fmur, eh? Fue tremendo, estaba yo...
Mariv. - (Cortante.) Mujer!
Mari Paz. - Qu pasa?, ya estn ah?, otra sire.na...?
Mariv. - As no se puede.
Mari Paz. - No se puede qu?
Mariv. - Chissst... Calla, calla, hay ruido en la co.cina.
Mari Paz. - Ay Santa Rita, que ya vienen! (Pausa. La mano de Mariv vuelve a posarse en su pecho.) Qu haces?
De pronto, entra Margarita superacelerada y al verlas de esa guisa se queda cortada.
Margarita. - Oye, oigo sirenas de polica por todo el...! Qu... qu hacis?
Mari Paz. - Un... un... un chequeo. Bueno, digo yo.
Margarita. - Te... te est metiendo mano.
Mariv. - Margarita, por favor...
Margarita. - Te est metiendo mano. Y t, como no tienes personalidad, te dejas verdad?
Mari Paz. - Yo, mayormente... (Liada.) T engo sueo.
Margarita. - Ya. Deb suponerlo. Tanta miradita durante el baile. Qu le has dicho, que hemos vivido todos estos aos reprimidas, que nos to.camos muy poco y necesitamos probar cosas y tal...?
Mari Paz. - A m? Ay no, de eso no me ha comen.tado nada.
Mariv. - Te ests equivocando. Deberas ir a vi.gilar!
Margarita. - Mariv, ests chiflada. Lo tuyo no es normal.
Mariv. - Ja, mira quin habla...!
Mari Paz. - Os preparo una manzanilla?
Margarita. - Bruja, viciosa!!!
Mariv. - Celosa, bipolar!!!
Mari Paz. - Ay Virgen!, y el prisionero, qu va a pensar?
De repente, se oye un portazo monumental. Las tres se quedan en silencio sobrecogidas. Tras una leve pausa, Mariv saca una sartn debajo de la almohada y se la entrega a Margarita con aire castrense.
Mariv. - T ests de guardia, no salgas desarmada!
Margarita sale de la habitacin alzando la sartn en plan machete y al instante regresa abatida.
Margarita. - Mierda, se ha escapado!
Mariv. - Lo saba, si estuvieras donde tienes que estar...
Margarita. - Ja, si lo hubiramos atado como se debe atar...
Mari Paz. - Por favor, no discutis ms!
Margarita. - S, hay que largarse, la polica estar al llegar. Cojamos el dinero y...
Mariv. - Tomad! (Reparte guantes.)
Mari Paz. - Nos da tiempo a fregar?
Margarita. - Que no, coo. Es para no dejar huellas. Venga, venga, hay que salir pitando!
Mari Paz. - Ta - ta - r - ta - rii! Ay Madre, qu vida de sobresaltos! Y adnde vamos?, nos separamos?
Margarita. - Yo s un sitio.
Mariv. - Cul?
Margarita. - (Iluminada.) All no nos encontrarn.
Mari Paz y Mariv se miran sin rechistar.
Diez
Las tres septuagenarias sobre tres bicicletas estticas.
Margarita. - Hidratos de carbono.
Mari Paz. - Ya lo s, Margarita, ya me lo has dicho ms veces. Pero, mira, en esta guerra hemos comido de eso, verdad?
Mariv. - Claro, y de todo. Nos hemos sabido orga.nizar. Por eso estamos aqu, tan... radiantes.
Margarita. - La tercera juventud!, me dice.
Mari Paz. - Quin?
Margarita. - Mi amigo, el dueo del gimnasio. Y tambin dice que jubilada viene de jbilo, ja, ja, ja.
Mariv. - Qu gilipollez.
Mari Paz. - No lo he entendido. (Pausa.) Cunto queda para el mar?
Mariv. - El mar?, unas cuantas caloras ms.
Margarita. - Mira, si te concentras mientras pe.daleas lo puedes ver. Lo ves, Mari Paz?
Mari Paz. - Siii! (Se le ilumina el rostro y rompe a llorar.) El mdico me dijo que aprendiera a quererme, a cuidarme y a pasrmelo bien.
Mariv. - Por qu lloras, mujer?
Mari Paz. - Porque con vosotras me lo he pasado muy bien. Ahora, (Entre sollozos.) sois lo nico que tengo y...
Margarita. - Venga, no te emociones, ya est, ya est.
Mari Paz. - ...Me habis enseado tanto... (Crecida.) A todo, a... haasta a... a luchar contra la tirana de algunos parientes y del sistema solar!
Mariv. - Social.
Mari Paz. - Qu?
Mari Paz. - Del sistema social.
Mari Paz. - Bueno, eso. Qu ms da? Lo impor.tante es que est all, ya lo veo, ya siento el ma.aar. (Inspira.) Ahhhh! El ruido de las olas al romper...!
Margarita. - Las olas? No, ese rumor no es de olas.
Se presiente un tumulto en la sala. Voces, carreras y ruido de megafona.
Mariv. - No, no son olas. Es la polica.
Mari Paz. - Ostras, es verdad! (Les saluda con la mano.) Mira, y el to de la foto, ah atrs!
Mariv. - S, eh, eh, es mi yerno que viene con los de uniforme. Y esos del fondo?
Off. - Quietos, no os acerquis!
Margarita. - (Emocionada.) Mis hijos, por fin!, me quieren tanto como yo a ellos! (Saluda.) Aqu, aqu, estamos yendo al mar!, qu ganas tena de veros...
Off. - Atencin, estn rodeadas!
Mariv. - Rodeadas?, nosotras?
Mari Paz. - Mira, como en las pelculas... Ahora llegar mi hija y me contar los dedos de los pies y me dir que no ha pegado ojo pensando en mi secuestro...
Las tres abuelas pedalean complacidas como si la escena fuera una ensoacin.
Off. - Quietas, bajen de la bicicleta con las manos en alto!
Mariv. - Adelante, chicas, no hagis caso, piensan que estamos locas pero los locos son ellos el mar ya est ah! Ta - ta - riii, ta - riiii.
Margarita. - Y mis plantas?, y mis nietos?, debo darles la propina. Ta - ta - riiii!
Mari Paz. - Aqu est, Margarita! (Abre un sobre y arroja dinero al aire.) Yuju, ahora tenemos dinero de verdad, para todos, para dar y tomar!
Off. - Quedan ustedes detenidas!
Margarita. - Ja, ja, ja! Ni caso, chicas, el entrenamiento aerbico es lo mejor para el corazn.
Ta - ta - riii!
Mari Paz. - Ay Margarita, con lo que t sabes...! Gracias por liberarme, por darme fantasa, por traerme al mar...!
Off. - Se les acusa de: fuga de un centro geritrico de salud mental...
Las abuelas aplauden enloquecidas y pedalean a ms velocidad.
Mariv. - Preparadas, listas y... Cinco...!
Off. - ...Escndalo pblico...!
Mari Paz. - Cuatro...!
Off. - ...Allanamiento de morada...!
Margarita. - Tres...!
Mariv. - ...Robo...!
Mari Paz. - Dos...!
Off. - ...Trfico de drogas...!
Margarita. - Uno y!
Off. - ...Y secuestro!
Las tres. - Chao, familia! Ta - ta - riiii, ta - riiiii!
Tres palanquitas se accionan mgicamente y de tres mticas pedaladas, las abuelas salen en bici por la ventana.
Una posible resolucin escnica para el final se.ra la proyeccin de cada una de las actrices (riguro.samente de la edad del personaje) volando en bicicle.ta segn el plano de E.T. a golpe de pedal hacia la luna, y dejando traslucir en la pantalla el punto de humor imprescindible para llegar a protagonizar, con coa, vigor y autoirona, este delirio otoal.
TELN
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