Oriente

Oriente

Alberto Conejero Lpez

Esta obra fue un encargo de hilo producciones a su autor y se estren con el ttulo de Desdmona, dirigida por Sandro Cordero. Se preestren en la Casa de Cultura de Pravia (Asturias), el 10 de octubre de 2008. El estreno oficial tuvo lugar en el Teatro Bonifaz de Santander, el 24 de noviembre de 2008, con el siguiente

REPARTO

Desdmona: Patricia Martnez

Otelo: Nacho Fernndez

Yago: Adn Galguera

FICHA ARTSTICA Y TCNICA

Direccin: Sandro Cordero

Entrenamiento actoral: Alejandro Gonzlez

Msica original: Marina Barba

Iluminacin: Flix Garma y Vctor Lorenzo

Espacio escnico: Carlos Lorenzo

Espacio sonoro: Sandro Cordero

Diseo de vestuario: Lus Alonso

Fotografa: Andrs Mier

Vdeo: Julin Daz

Diseo grfico: La maldita espiral

Realizacin vestuario Desdmona: ADE

Realizacin vestuario Otelo y Yago: Carlos Romo

Realizacin escenografa: Josune Caas y Rodolfo Gonzlez (Lightexpo)

Asesora: Sonia Modroo

Produccin: Begoa Garca

Because we dont know when we will die, we get to think of life as an inexhaustible well. Yet everything happens only a certain number of times, and a very small number really. How many more times will you remember a certain afternoon of your childhood, some afternoon that is so deeply a part of your being that you cant even conceive of your life without it? Perhaps four or five times more, perhaps not even that. How many more times will you watch the full moon rise? Perhaps 20. And yet it all seems limitless.

Paul Bowles, The Sheltering Sky

I am leaving this harbour

giving urban a farewell;

Its habitants seem to keen on God.

I cannot stomach their rights and wrongs

I have lost my origin

and I dont want to find it again.

(..)

I feel at home

whenever the unknown surrounds me.

Bjrk, Wanderlust, Volta

Esta obra est dedicada a la memoria de Neda Agha-Soltan.

Los lugares

Un motel en una calle de un antiguo polgono industrial reconvertido por sus nuevos moradores en un barrio-dormitorio.

La base militar a las afueras de la ciudad.

Otra base militar en las riberas orientales del Caspio, en algn lugar entre Turkemenistn e Irn:

- una pequea pista de aterrizaje semioculta por la arena.

- una cantina apenas ya frecuentada: un par de mesas y algunos taburetes.

- la puerta entreabierta del cuarto del comandante del Ejrcito del Aire.

Los personajes

Basem: cuarenta aos, comandante del Ejrcito del Aire.

Isaac: treinta y pocos aos, ingeniero militar.

Cora: alrededor de los treinta.

I

Yo no soy el que soy

Una calle, una escalera que conduce al motel. Un letrero: Sagitario. La luz de un cuarto. Entra Isaac, vestido de traje, con un sobre en la mano. Se enca.mina decidido a la puerta pero, cuando pisa el primer peldao, se detiene.

Isaac: Siento ser yo el que te traiga esta noticia, Basem, cuando an no se han lavado los mante.les ni los platos de tu banquete de boda; cuando el suelo y estos malditos zapatos siguen impreg.nados del champn derramado. Me ha tocado a m, a tu mejor amigo, y lo siento en el alma, porque hace apenas unas horas yo era tu padrino y estbamos bromeando en la iglesia para espantar los nervios. Me decas: qu pensar el cura cuando lea en voz alta mi nombre y se d cuenta de que soy moro?. Y yo me rea porque slo me acuerdo de que no creo en Dios cuando recuerdo que t eres musulmn. Te has casado, Basem, y yo he sido tu padrino, y no s qu decir, porque es de esas cosas que suceden en un momento en el que no importa que sucedan o no, pero que no estaba pensado para que sucedieran. Y ahora, mi amigo, yo estoy aqu, con estos malditos zapatos que me estn destrozando, y t duermes con tu mujer, con tu esposa. Tu espo.sa, tu es-po-sa. Es fcil recordar su nombre en.tre los muchos nombres Cora! Siento tener que presentarme en estas circunstancias. Pero quin mejor que t para perdonar un imprevisto. Has abandonado tu casa, has atravesado como una fugitiva los jardines de tu urbanizacin y te has casado con un musulmn, a escondidas de todos los que te conocan. Qu dira tu padre si te viera ahora gimiendo bajo el vientre del moro? Ojal que el viudo tenga el corazn fuerte. Porque no creas, muchacha, que todos son como t y como yo. sta es una ciudad pequea, aqu no hay rincones para esconder una boda. Has pen.sado en lo que va a sufrir tu padre cuando se en.tere? Pobre viudo, ir a la oficina y cuando le estn hablando de balances y de cuentas, pensar que le estn diciendo: Viejo desgraciado, algn da tus nietos, a los que has criado pese a la vergenza y al miedo, porque eres viudo y te aterra morir solo, tus nietos, algn da, cuando ests confiado y los consideres de tu sangre, te escupirn en la cara antes de irse a la mezquita. Lo has pensado, muchacha? Hay cosas, Cora, que es mejor dejar a medias porque, de repente, lo que era divertido, deja de ser una chiquillada, la travesura de una nia aburrida y se transforma en algo espantoso. (En la puerta.) Siento tener que traer esta noticia, ahora que ests feliz, respirando en su pecho, ahora que ests satisfecha tras haber follado por primera vez con tu marido y una vez ms con tu amante, el moro; cuando ests confiada, como un cachorrillo recin parido, impregnado todava de los humores de su madre. Despierta, Basem; ha llegado esta orden, pasado maana salimos de reemplazo.

Oscuro.

II

Sagitario

En la habitacin. Al amanecer.

Cora: Es extrao. Escucha: mi marido, mi mari-do, ma-ri-do, ma-ri-do. (Pausa.) Ven, aprovecha, luego te cansars de m, te acostumbrars y me acariciars como quien cumple con una obligacin, y yo engordar para consolarme y t me hars todava menos caso. As que acrcate y aprovecha ahora que an tengo el olor a novia. (Otro silencio, esta vez ms prolongado. Un golpe de tristeza en Cora, fugaz, apenas perceptible.) Anoche te miraba y pensaba: qu guapo es mi marido, qu guapo est mi marido durmiendo. Es extrao. Decirlo en voz alta. Mi marido, ma-rido. Qu hora es? Me ha despertado un ruido. Vuelve a la cama.

Basem: Era la puerta. Ha venido Isaac.

Cora: Isaac? Qu quera?

Basem: Por qu no vuelves a dormirte?

Cora: Qu ocurre? Qu quera?

Basem: Ha llegado una orden. Nos han convocado urgentemente, en dos das nos vamos. Cora: En dos das? Adnde? Cunto tiempo?

Basem: Clmate, duerme. Al desierto. No te pre.ocupes, estoy pensando, estoy buscando la manera de

Cora: Cunto tiempo, Basem?

Basem: Seis meses, quiz un ao.

Cora: Y yo?

Basem: Por qu no duermes y lo hablamos ms tarde?

Cora: No puedo respirar bien. Es este lugar: el olor de los armarios, los desconchones en la pared. Anoche no me di cuenta pero, ahora, no lo resisto. Era provisional, recuerdas? Slo unos das hasta que encontrsemos algo cerca de tu cuartel.

Basem: Dos das, tengo dos das. Buscar un sitio, te dejar en nuestra casa antes de marcharme.

Cora: Es este tu regalo de bodas? Una mierda de habitacin y luego una casa vaca para esperarte, si es que la encontramos. Te he defendido tanto que me morira de vergenza y de rabia si ahora tuviera que mendigar una cama. Qudate conmigo, por favor. Busca otro trabajo, pero conmi.go. Pero conmigo, Basem.

Basem: No s hacer otro trabajo. Te has casado con un militar, llevaba el uniforme cuando me cono- ciste.

Cora: Acaso no sabes lo que me van a decir si te vas? Quieres orlo, Basem?

Basem: Es mejor que no

Cora: S, hace falta. Porque todos me advertan, todos me decan que estaba loca por enamorarme de un rabe, y escuchaba una y otra vez las mis.mas historias, y las mismas bromas, y las mismas preguntas idiotas sobre si me ibas a obligar a ponerme el velo; y todas mis amigas venan a visitarme con el mismo cuento del moro que haba raptado a sus hijas. Y despus de soltarme la historieta me preguntaban si la tenas grande y si era cierto que os vuelve locos follar por el culo. Yo te defenda y les deca: l ha nacido aqu y sus padres estn enterrados aqu. Basem no va a la mezquita, Basem no cree en las cosas que no puede sobrevolar. Ellas contestaban que no me fiara porque vuestra religin es una semilla que puede permanecer oculta estaciones, aos, pero que al final termina floreciendo, y cuanto ms tarde lo hace, ms profundas son sus races; y yo te segua defendiendo, y el mundo cada vez me pareca ms idiota, ms estpido. Y ahora t quieres devolverme ah, a ese montn de gilipo.llas, para que se pasen todo el da restregndome que tenan razn y que el listo de mi marido, el moro, me ha abandonado.

Basem: No te abandono, no quiero separarme de ti, no quiero ir al desierto. Acaso crees que deseo ir a la guerra y dejarte sola?

Cora: Lo quieras o no lo quieras, es lo que vas a ha.cer. (Pausa.) Llvame contigo.

Basem: No lo hagas ms difcil.

Cora: Quiero or cmo se desperezan los volcanes en Per y cmo sollozan los campos de algodn bajo el calor de agosto. T ya lo has visto, Basem; pero yo slo conozco esta ciudad y otras ciuda.des que apestan como esta ciudad. Me han dicho que hay un ro en Guatemala que se llena de nenfares una sola noche al ao y que en el desier.to el viento

Basem: Cmo te voy a llevar conmigo? Escu.cha, cuando yo me haya tomado el caf y t ha.yas dormido un poco ms, hablamos con cal.ma. Cora Hay consignas estrictas, protocolos, formularios, impresos. No puedo meterte en el avin y ya est. Qu vida te espera a ti en una base militar?

Cora: Y qu vida me espera aqu, sola? Te prome.to que no me har notar, te prometo que nadie vendr a decirte que tu mujer ha hecho esto o lo otro. Ser invisible. Pero contigo. No quiero quedarme sola. Habla con Daro. Seguro que l puede hacer algo. Vamos, Basem, no me mires as. Si no estuviera all Daro no insistira. No va a permitir que me pase nada.

Basem: No te va a pasar nada porque no vas a ir a ningn sitio. As que deja ya de fantasear y vuelve a la cama. Me va a estallar la cabeza. Daro no puede hacer nada por ti.

Cora: Tampoco t, Basem.

Basem: Soy un militar y t la mujer de un militar. Qu ests haciendo?

Cora: Estoy cansada y quiero dormir. Pero no aqu. Son estas sbanas. Estn duras y se pegan tanto a la piel que acaban contagindote las preocupa.ciones de todos los que han dormido sobre ellas. Lo limpian todo con leja, pero la tristeza sigue aqu pegada como una garrapata. Abre la venta, da igual, me voy.

Basem: Cora!

Oscuro.

III

La cancin de los mercenarios

Ruido sordo de las botas de militares que van y vienen; de vez en cuando, el estruendo de un avin que despega.

Isaac: Nunca me acostumbrar al vuelo de los aviones. No crees que hay algo impdico en que un objeto tan pesado se aparte de la tierra y avance ufanamente por el cielo? Ya de pequeo me irritaban profundamente. Me pegaba a la ventana y esperaba, y esperaba hasta que alguno se cruzaba y yo deseaba con todas mis fuerzas que se precipitase al suelo y se hiciera pedazos. Por eso me extraa que t y yo seamos amigos y que tenga en la misma consideracin que a un hermano a alguien que se pasa la mitad de sus horas pilotando un avin.

Basem: No s a qu vamos. Llevan tanto tiempo sa.cndose las tripas los unos a los otros que ya no distinguen la guerra de lo que no es la guerra. Hace una semana, enviaron al mercado a una vieja. La disfrazaron de vendedora de pjaros. Estuvo all sentada un par de horas, ofrecien.do palomas y jilgueros, hasta que reventaron la bomba que tena escondida en una de las cestas. Y nadie maldijo porque nadie maldice a lo que se ha acostumbrado. No s qu demonios vamos a hacer nosotros all.

Isaac: A veces hay que hacer germinar el problema para poder arrancarlo de cuajo.

Basem: Por qu tenemos que arrancarlo nosotros? No es nuestro problema.

Isaac: Es una lstima no haber sido militar en las antiguas guerras. Qu raro extraar lo que no se ha vivido. Pero yo echo de menos las trincheras, los mapas bajo la luz de las lmparas de aceite, los caonazos, el soniquete del telgrafo, los im.perios fracturndose bajo las botas de los mili.tares. Antes la guerra era una bella sangra en la piel del enemigo, el descarado arrebato de la tierra ajena. Hoy nace en el vientre de las empre.sas. Por eso son una mierda. Baratijas diplomticas al servicio de las multinacionales. Asuma.mos que somos comerciales con uniforme. Pero sas son cosas que no pueden ocupar la mente de un comandante.

Basem: Comandante?

Isaac: S, seor, comandante. No pongas esa cara, tarde o temprano iba a ocurrir. Vamos, no te quedes ah parado como un pasmarote, dame un abrazo.

Basem: Quin te lo ha dicho?

Isaac: Hace ya das que el teniente va contndolo como un secreto por la base.

Basem: Y t no me lo dices hasta ahora?

Isaac: Hay novedades que necesitan un momento preciso para ser reveladas. Alegra esa cara. Me siento tan orgulloso. Recuerdo la primera vez que nos pusimos el uniforme y terminamos bo.rrachos, metidos en la fuente de aquel parque. Y t decas, djame recordarlo, t decas

Basem: No te envidio la memoria.

Isaac: Yo, Basem, ahora soy militar y ordeno para que me obedezcan: ordeno que me admiren los muchachos, los viejos, los parques, las calles de esta puta ciudad; dispongo que este pas se arrodille ante los aviones de sus hijos olvidados y que sus mujeres nos sirvan los vinos que custodia en sus entraas; y lo ordeno porque visto el unifor.me del Ejrcito del Aire y desprecio a los que ca.minan pisando la tierra.

Basem: Djate de tonteras. (Lo aparta de un em.pujn. Isaac casi cae al recibirlo.) Deberas ocu.parte un poco ms de tus msculos. Te pasas el da con el culo pegado a la silla. Cmo vas a encontrar una mujer con esos brazos raquticos y esa tripa?

Isaac: Prefiero dedicar mi tiempo a dibujar estructuras. Cuando los msculos que ahora se mar.can debajo de tu uniforme hayan desaparecido, mis obras seguirn en pie, atravesando los desiertos, despreciando las fronteras, ajenas al paso del tiempo. Has pensado en eso? Entonces las mujeres se espantarn de tu cuerpo desinflado y acudirn al calor del hierro firme de mis estructuras.

Basem: Y de qu te servirn entonces las mujeres? Ya no se te levantar y tendrs que conformarte con mirarlas de lejos. Ven aqu, quiero verte.

Isaac: Creo que ya ests viejo para estos juegos.

Basem: Atcame, vamos.

Isaac: No voy a

Basem: Deja de calcular, Isaac, no pienses. Cuan.do quieras asestar el golpe definitivo a tu enemigo, has de hacerlo como sin querer. (Mientras lo golpea en el juego.) Tengo que salir a buscar a Cora.

Isaac: No te has despedido todava?

Basem: No ha hecho falta. Viene con nosotros.

Ruido de un avin.

Isaac: Basem, no hablas en serio. No puedes lle.varte a una civil.

Basem: No es una civil, es mi esposa. Y no puedo dejarla aqu sola.

Isaac: Te has vuelto loco? Cmo vas a hacer eso?

Basem: Porque no puedo dejarla aqu.

Isaac: Tonteras. Es que no puede esperar seis meses?

Basem: Soy yo quien no puede estar sin ella seis meses.

Isaac: Qu necesidad tienes de complicar las co.sas ahora que te empezaban a ir bien? Coman.dante, Basem, comandante. Podrs joder a todos los que te humillaron, ordenarles, hacer que te sirvan. Por qu arriesgar lo que tanto trabajo te ha costado?

Basem: Daro lo ha arreglado todo: permisos, sal.voconductos, papeles.

Isaac: Daro, eso me tranquiliza ms. Crees que nadie va a preguntar qu hace tu mujer all? Y cmo ha conseguido un medicucho todos esos papeles?

Basem: Trabajar como intrprete. Nadie sabr que es mi mujer. Daro lo ha arreglado.

Isaac: Daro, Daro.

Basem: Slo quiero tenerla cerca.

Isaac: Te salvar Daro de un consejo militar? Te dar nimos cuando te peguen una patada en el culo por haber cometido la imbecilidad de lle.varte a tu mujer a la guerra? Crees que ella va a aguantar? A los dos das, estar suplicndote regresar y t habrs hundido tu carrera en la mierda. Le has hablado de la arena? Le has dicho que se te mete en los ojos, en el plato de la comida, en las sbanas? Que vas a mear y tienes are.na en los huevos? Me tomas el pelo. Sabes que te miran con lupa, que examinan cada uno de tus actos porque t eres

Basem: Un moro.

Isaac: Yo no he

Basem: Cora no es una mujer corriente. T no la conoces.

Isaac: Es una mujer y el clima del desierto las tras.torna. Por qu crees que all las cubren de pies a cabeza y las encierran en casa? El aire del de.sierto les altera la sangre. Eso es rigurosamente cientfico.

Basem: No hay ms que discutir.

Isaac: Es una estupidez.

Basem: Tambin lo es la guerra y t no te pregun.tas por qu la haces. Por qu no tengo derecho a equivocarme? Estoy hasta los cojones de ser lo que se supone que soy. Basem el moro para vo.sotros, Basem el que insult a Al para mi fami.lia, Basem el comandante de las guerras que no comprende. Necesito a Cora. As que no discu.tamos. Corre y dennciame o qudate conmigo y aydame. (El ruido del motor de un avin, muy cerca.) No s para qu vamos all.

Sale.

IV

El vientre del tiempo

Isaac en la escalerilla del avin. Al pblico.

Isaac: Hace cinco veces siete aos que veo este mundo y, desde que aprend a distinguir entre el beneficio y el dao, he conocido a muy pocos hombres que prefieran lo primero a lo segundo y que procuren no revolcarse en la cinaga de sus instintos. Incluso yo, de vez en cuando, me veo obligado a atenderlos y abro la cartera para que alguna se ocupe de calmarlos. Pero les prometo que no me siento orgulloso y que, nada ms re.gresar a casa, me meto debajo de la ducha hasta que la sangre se enfra y el olor a burdel se despega de mi cuerpo. Qu desatino dejarse arras.trar por el albedro de la sangre. Por eso siempre he desconfiado del verano, cuando las noches son ms largas y los hombres, sin el estorbo de la ropa y de la lluvia, bajan la guardia y acuden como corderitos a la llamada de sus instintos. Nadie en su sano juicio se hubiera casado en julio, y aventuro que cuando vuelvan las lluvias la fruta que hoy Cora saborea se volver tan amarga como el acbar. Porque cunto tiempo va a tardar ella en cansarse de la novedad, en aburrirse de la travesura de ser la mujer de un islmico? Nada ms verla me di cuenta de que es de ese tipo de personas que viven plcidamente insta.adas en la incertidumbre. Yo, les puedo asegu.rar que el mundo, tal como est pensado, slo admite un nmero determinado de cambios. Pero a nadie parece importarle este hecho y todos insisten en modificar, alterar, desviar. Las estaciones ya no guardan su turno, la primavera se abalanza como una vulgar ramera sobre el invierno, los glaciares se convierten en horchata, el grano se utiliza para alimentar a los coches y a nadie parece importarle. Las fronteras bailan, los pases queman sus banderas y todos nos aga.rramos como desesperados a esta peonza que, da tras da, gira ms deprisa, ya sin recordar la mano que la envolvi en la cuerda y la arroj al universo. Yo, que construyo estructuras y puentes no hago ms que impedir que los continentes y los hombres se abandonen a la deriva. Por esta razn, si est en mi mano y as lo creo porque mi ingenio es ms fuerte que un juramento he.cho bajo las moscas del verano, pronto Basem se olvidar de Cora y el mundo recuperar una parte mnima de su calma perdida. Hace mucho que perd la confianza en el hombre y la amistad de Basem es lo nico que me conforta. Su esposa cree que los cambios no tienen vuelta atrs, que cuando se pasa la pgina de un libro las dems se borran. Conozco a Basem, su carcter no tiene secretos para m y s dnde pinchar para que la sangre fluya. Si he de provocar un dao, para evitar otro mayor, as lo har. Ya est, lo conceb. El vientre del tiempo guarda muchas sorpresas que pronto vern la luz. Adis.

V

Cora y los helicpteros

La base en Oriente. Ruido de carreras, pequeas explosiones a lo lejos. El sol de la tarde levanta pequeos incendios aqu y all. Cora, intentando hablar por encima del ruido de los helicpteros, al pblico.

Cora: Cuando me puse el cinturn, sent un pe.queo golpe de dolor en la cabeza. No lo he to.mado como un mal presentimiento, porque no creo en el futuro ni en sus seales. Me he tomado una pastilla, porque me estaba mareando y la cabeza me dola ms con la altura. Mientras el vientre del avin rasgaba las nubes, he vis.to cmo las olas se rompan en los pliegues de la tierra, el crter humeante del Strmboli y la planicie arcillosa de Anatolia. He mirado tanto y tanto el horizonte que ya no distingua el cielo del ocano. Me qued dormida. Cuando me despert, ya estbamos llegando a la base. Pens que era de noche porque el avin avanzaba en la oscuridad con las luces encendidas. El dolor de cabeza era un poco ms fuerte. De repente, so.naron disparos, en el techo, contra las ventani.llas, bajo mis pies. Por qu todo el mundo dor.ma? Me levant y despert al soldado que roncaba a mis espaldas. Es una tormenta de arena, seora, no se preocupe. Regres avergonzada a mi asiento. Me he aguantado las lgrimas porque me he prometido no llorar. Y eso que pensaba que me iba a estallar la cabeza por el dolor. Ha sido al pisar Oriente, cuando he sentido la bofetada del sol y todos los bronquios se han abierto con la caricia spera del aire del desierto. El dolor ha desaparecido de repente. Basem lle.ga pronto y quiero recibirle sin nervios ni lgri.mas. Ahora estoy tranquila, rodeada de cosas de las que desconozco el nombre y su sentido. Me gusta Oriente porque todo es provisional. El desierto hoy est aqu pero maana se habr movido unos kilmetros y los mapas ya no servirn para nada. Las letras cambian de forma cuando se encuentran, incrustndose unas sobre otras, mutilndose y regenerando sus trazos a voluntad. Incluso las rocas ms speras, a las que na.die presupone vida, se llenan de flores y riachuelos de la noche a la maana y nadie se extraa. Siento repugnancia de lo que se da por supuesto. No entiendo a los que se sienten orgullosos por haber nacido en un sitio y disfrazan de orgullo lo que no es sino una combinacin fortuita de latitud, longitud y las contracciones de una par.turienta. Por qu hemos de obedecer a lo que presupone nuestro parto? Por qu no podemos improvisar nuestros bailes, nuestra lengua y los rostros de nuestros antepasados? Si nadie diera nada por supuesto, no habra guerras, ni resig.nacin, ni duelo. Por eso creo que me va a gustar Oriente. Aqu todo es provisional. Como esta tormenta de arena que desplaza el desierto por los ejes del planeta a su voluntad. S, aqu todo es provisional. Como nosotros.

Oscuro.

VI

Zhor

La antigua cantina, ahora casi abandonada, en un rincn retirado de la base. En la puerta perma.nece el cartel escrito por alguno de sus primeros pa.rroquianos con letras cirlicas: per aspera ad astra. Unas cuantas mesas y una pequea nevera cuyo motor emite un ruido intermitente y ronco, que se alterna con el de las explosiones lejanas. De repente, la llamada a la oracin se esparce por el aire coagu.lado del medioda.

Cora: Menos mal que ests aqu, Isaac. Cre que me volva loca. Me he pasado otra maana en el despacho, sola. Al principio me alegr, porque tena miedo a que nuestra mentira se des.cubriera en cuanto abriera la boca. Pero es que no ha entrado nadie, siquiera a saludarme. Eso es mejor, verdad, Isaac? Que no hagan pregun.tas. Pero es que ya no aguantaba ms, sentada en esa silla. Qu locura. He dado mil vueltas por los barracones tratando de encontrar a Basem. Un cabo me ha dicho que estaba fuera, en un asunto importante. No me ha querido contar ms.

Isaac: Sintate, si quieres.

Cora: Es lgico que Basem no me diga cunto tiempo va a estar fuera ni qu ha ido a hacer exactamente. As no me preocupo si se retrasa. La casualidad es como un animal terco. Ha querido que Basem tuviera que volar las dos prime-ras noches.

Isaac: Has cerrado la puerta? Esto se pone per.dido de arena en cuanto te descuidas. No tienes muy buena cara.

Cora: Estoy bien. Slo un poco de fro por las noches. He odo disparos, no muy lejos.

Isaac: No pasa nada mientras sea no muy lejos.

Cora: Qu bebes?

Isaac: Leche.

Cora: No hay otra cosa?

Isaac: Mira por all. Imagnate lo que cuesta conse.guir aqu una de esas botellas. Esos cabrones se ren de nosotros, dicen que no beben para que paguemos una fortuna por ese meado al que llaman gisqui. Pero yo los he visto, los he visto borrachos como cerdos, pegando tiros al aire y dando gritos a Al. No te puedes fiar de ellos. Hazme caso. No tengas la estpida tentacin de intentar entenderlos. De todas maneras, no deberas beber esa porquera en el desierto. El al.cohol deshidrata.

Cora: Lo s, gracias. Qu juego es se?

Isaac: Es la primera vez que ests fuera de tu casa, verdad?

Cora: No, claro que no. He viajado. Aunque jams tan lejos. Nunca haba visto este juego.

Isaac: Aqu lo juegan los viudos. Al menos, eso me asegur el tipo que me lo ense. Has de procu.rar sacar las fichas que tienes en mi cuadrante y, a la vez, cerrar aqu para que yo no pueda salir. Vamos a empezar. Fjate. Si yo me coloco sobre ti, tendrs que volver a tu casa.

Cora: Y no se apuesta nada?

Isaac: No. Al final suman las fichas que tienen cada uno y esos son los meses que van a tardar en encontrar una nueva esposa. Si te das cuenta, la suma ms alta es slo de seis.

Cora: Debo regresar a mi despacho. Se extraarn si falto tanto tiempo. Quiz Daro haya pasado a saludarme y se ha preocupado al no encontrar.me.

Isaac: No tengas tanta prisa. En este lugar hay muy poca gente interesante con la que hablar. La gue.rra y el desierto nos atrofian el corazn y la len.gua. Ya te dars cuenta. Eres lista. Me di cuenta, nada ms verte, de que no eras una mujer como las otras. Y creme cuando te digo que he visto a muchas desfilar por las sbanas de Basem. Pero t has llegado para quedarte, parece. Y yo te aplaudo.

Cora: Debo irme.

Isaac: Por qu tan pronto? He sido brusco? Per.dname, no estoy muy acostumbrado al trato con mujeres. Y las que hay en la base no me tie.nen mucha simpata. Luego pedir que te lleven alguna manta.

Cora: No hace falta. Hablar con Daro y l lo arre.glar. Tengo que irme.

Isaac: Por qu tanta prisa? No debes estar a la de.fensiva conmigo. Le promet a Basem cuidar de ti y de vuestra mentira. Pero para eso necesito saber a qu has venido realmente.

Cora: No entiendo.

Isaac: Falsificar papeles, poner en riesgo la carrera de Basem para venir al desierto, sin tener ni puta idea de rabe, es una aventura demasiado est.pida y complicada slo para querer estar con un hombre que, tarde o temprano, iba a regresar a la tranquilidad de su casa. Necesito saber tu secreto para protegerlo.

Suena una sirena. Cora se levanta y va hasta la puerta.

Cora: Tengo que irme. Adis, Isaac.

Sale.

Isaac: A qu has venido? Qu me importa. Corre al encuentro de Daro. Sonrele, vamos. Que todos te vean. Bsale las manos, las mejillas, abr.zale. As, Cora, aydame. Ya me encargar yo de que todos dirijan las miradas a vuestros abrazos. Ser fcil. No hay tierra mejor para sembrar una mentira que aquella en la que ya crece otra. To.dos ignoran que eres la mujer de Basem. As que no se extraarn cuando yo, ayudado de tu vieja amistad con Daro, comente a unos y a otros que has encontrado algo de diversin y afecto en su cama. Mientras tanto, como quien deja mal cerrado un grifo, derramar, gota a gota, el veneno de la sospecha en los odos de Basem.

Basem: (Entra.) Has visto a Cora?

Isaac: Ha estado aqu. Buscaba a Daro.

Basem: Cundo?

Isaac: Ahora mismo (Basem sale corriendo.). Ser fcil. As le dir: Creas acaso que iba a estar siempre contigo, que nunca se iba a saciar de tu cuerpo? Ella se mueve al caprichoso dictado del calor de sus muslos. Si no me crees, si no crees que puede hacer cosas que no debiera, por qu entonces se cas contigo, ignorando los consejos de su padre? Por vicio te eligi y por vicio ahora te rompe el alma!

Sobre las ltimas palabras de Isaac ha empeza.do a sonar Perfidia, en la grabacin de Glenn Miller. En un rincn de la base, no muy lejos de la cantina, Basem ha encontrado a Cora.

Cora: Basem!

Basem: Mi bella guerrera.

Isaac: As como hay que arrancar el miembro gangrenado para salvar a los otros, as he de destrozar el corazn de Basem para salvarle.

Basem: Por qu has salido sin avisar del despacho? No fue eso lo que acordamos, Cora.

Cora: Te estaba buscando. No aguantaba ms encerrada. Perdname.

Basem: Pero la condicin era

Cora: No lo har otra vez, te lo prometo. (Le pasa los brazos por los hombros y empieza a bailar so.bre las notas de Perfidia, que sigue sonando en la cantina.) Ests bien?

Basem: Ahora s. No me sueltes. Si yo pudiera ele.gir mi muerte, igual que elijo la de los otros, me gustara que fuera as, bailando contigo.

Cora: No digas tonteras.

Basem: Escucha. Estn retirando al personal admi.nistrativo. As que en algn momento tendrs que marcharte. Lo siento, Cora. No podemos hacer nada. Una guerra no es lugar para ti.

Cora: No, yo no puedo esp

Suenan sirenas.

Basem: Qudate aqu. No te muevas.

Sale corriendo. Isaac tambin sale corriendo de la cantina, en otra direccin.

Basem: S quin eres. Hace dos das nos cruzamos a las afueras del campo de refugiados. Ibas con un nio de la mano. Me fij en ti porque me re.cordabas a mi padre. En realidad, me recordabas a mi padre slo en una fotografa, una que mi madre siempre llevaba en el bolso. En la foto.grafa, amarilleada por la caricia de los aos, mi madre sonrea sentada en el coche, preparando unos bocadillos. Al fondo, los rboles ahora no logro recordar si eran pinos o cedros y el cielo de agosto. En primer plano, mi padre estaba de pie, sonriendo, en baador. Me tena cogido de la mano. Por eso te sonre, porque me recordabas a mi padre en esa fotografa. Ahora te veo subido en un camin, y te precipitas, slo Dios sabe con cuntos kilos de explosivos, de dinamita, de bombas, de rabia, de todo lo que puede hacernos dao, contra nosotros. Desde las torretas, disparan a las ruedas. T sigues acelerando y acelerando. Ya no puedo verte la cara. Eres una nube de polvo y de lgrimas que se acerca. Mis compaeros corren en todas las direcciones. Me gritan que me aparte. Han reventado una rueda pero el camin sigue avan.zando. Ahora puedo verte la cara. Ests llorando. Casi no recuerdo nada de ese viaje. Lo nico cierto es que mis padres jams regresaron a su pas aunque los enterramos mirando en esa direccin. As lo pidieron. Cedros. Los rboles de la fotografa eran cedros. Nos hicieron plantar dos junto a sus tumbas. Han reventado otra rue.da pero ya ests cerca, muy cerca. Tampoco yo he regresado al pas de mis padres. Tengo miedo de odiarlo y tengo ms miedo de amarlo. Sueltas las manos del volante. Gritas el nombre de Dios y te tapas los ojos. Por qu no quieres mirar de frente a la muerte si te entregas a ella antes de tiempo? (Cae al suelo.)

Polvo, disparos, gritos. Cora se ha acercado al lugar donde est Basem.

Basem: Cuando mi padre y mi madre abandonaron su ciudad, era agosto y la sombra de los cedros no aliviaba el calor que dejaban escapar las grie.tas de la tierra. El pas estaba en guerra y no queran que yo naciese en la guerra. As que arran.caron sus races para que las mas no se hundieran en esa tierra manchada de sangre. Eligieron el destierro para darme una patria que no fuera la guerra. Tanto esfuerzo para protegerme a m, a un estpido. No les hice caso. Pens: Me har militar, servir a este pas, que es el mo, para que nunca lo alcance la guerra de la que huye.ron mis padres. No les hice caso. Ahora me estoy haciendo viejo y mis padres son races muertas en una tierra extraa. Siento vergenza. Si t no estuvieras, Cora, sentira el mismo desprecio por la muerte que por la vida. Las letras de mi pasaporte se retuercen y se desdibujan. Mi lengua se llena de palabras de una lengua que slo escuch a mi madre cuando lloraba. Ahora yo sirvo a la guerra y he regalado a mis padres la infamia de una vida absurda. He traicionado a mis dos pases. Para el primero fui un cobarde y un mercenario soy para el segundo. Si no llevara este uniforme, qu me distinguira de una bestia? Acaso este uniforme es mi alma? (Cora lo abraza.) Divina criatura, que se pierda mi alma el da que no te quiera y que regrese el caos cuando t te vayas.

Oscuro.

VII

The kick

En la cantina, de madrugada. Isaac canta I get a kick out of you de Cole Porter.

Isaac: I get no kick from champagne. / Mere alcohol doesnt thrill me at all, / so tell me why should it be true / that I get a kick out of you?

Bebe, mi buen amigo Daro, bebe. La caja ha lle.gado esta noche y dirase que ha sido el mismsimo Marte quien nos la ha hecho llegar.

Some get a kick from cocaine. / Im sure that if I took even one sniff / that would bore me terrificly too. / Yet I get a kick out of you.

Qu noche tan hermosa. Se ha firmado la tregua y por fin se acab este martirio. Porque no me lo negars, mi querido amigo Daro, no me puedes llevar la contraria cuando te digo que esta guerra de pacotilla se haba convertido en el espectculo ms aburrido del mundo. Es cierto, es cierto, no hemos pagado entrada y tenemos butaca en primera fila. Pero se estaba haciendo eterna y no podemos abandonarla a mitad de la funcin. Antes la guerra tena mejores directores y mejores textos, estaba llena de verdad, una verdad maravillosa y terrible. A nosotros nos ha tocado sufrir el posestructuralimo, qu digo, el minimalismo, qu digo, el nihilismo blico. Nos hemos distanciado tanto que ahora lo real tambin nos parece un espectculo. Aburrido, pero espectculo. Extraamiento lo han llamado. Yo lo bautizo como una mierda. Qu aburrimiento. Porque no me lo negars, Daro, no me puedes llevar la contraria cuando te digo que no debe de ser lo mismo escayolar un brazo o alzar un mapa que enterrar con rabia una bayoneta en la carne del enemigo.

I get no kick in a plane. / Flying too high with some guy in the skyIs my idea of nothing to do, / yet I get a kick out of you.

Esto es msica, Daro! Qu dulzura. As que t y yo, querido Daro, no podemos subir la voz porque nunca apretaremos un botn y boom, ni lle.varemos un tanque ni saltaremos en paracadas. T un galeno y yo un tiralneas. Somos un cero a la izquierda de la historia. Hagamos un ltimo brindis, mi amigo. Oh, ingrato dios Marte, t que precedes a la guerra, t que recorres los nueve mundos sobre tu colibr, apidate de tus hijos menores, salud! Sintate, ya, ya. (Pausa.) Ya est, pens que nunca te dormiras. (Se golpea. Grita.) Qu haces, Daro? Qu vas a hacer con eso? Socorro! (Coge una navaja y se hiere en un brazo.) Aqu, ayuda!

Entra Basem.

Basem: Qu est pasando aqu?

Isaac: Nada.

Basem: Por qu mientes? Qu eran esos gritos? Ests sangrando. Qu es esto? Cmo ha sido?

Isaac: No ha ocurrido nada.

Basem: (Repara en Daro.) Qu le ocurre a ste? Habla.

Isaac: Estbamos celebrando la tregua. Beba y be.ba. Yo le dije que parase, que ya era suficiente.

En ese momento, sin que me diera tiempo a hacer nada, ha roto una botella y se ha abalanzado contra m. Quiz, sin querer, yo dije algo que le molest.

Basem: Djate de palabrera y mustrame.

Isaac: No es nada, un araazo.

Basem: Ve a curarte. Yo me encargo de l.

Isaac: Basem, antes de marcharme... Daro no dejaba de hablar de tu mujer, de los papeles, de nuestro secreto. En esta ocasin la suerte ha querido que estuviramos los dos solos. Pero me da miedo que el alcohol le afloje la lengua delante de otros. Ya que te empeas en seguir con esta farsa, al menos deberas apartalo hasta que Cora se marche.

Basem: As lo har. Ordenar su arresto. No te pre.ocupes. (Sale.)

Isaac: Esta noche es perfecta, s. Har que me curen el araazo e ir a dar un paseo. No muy lejos de aqu, hay un pozo. Un enorme agujero que cavaron los rusos cuando buscaban combustible para un imperio que ya estaba muerto. De noche, los insectos sobrevuelan el pozo y, atrados por el misterio de la tierra, se arrojan a l y se chamuscan. Si todo va bien, la tregua ser otro espejismo y la vuelta de la guerra me ayudar a seguir con mis planes. Cora no soportar la ausencia de Daro y le suplicar a Basem que le levante el arresto. Mientras tanto, el rumor de los amores de Daro y Cora ya habr llegado a sus odos, y Basem pensar que su esposa supli.ca porque lo desea. Igual que los mosquitos del pozo, as los hombres se precipitan sobre la lla.marada de sus deseos. Buenas noches.

Sale.

VIII

La mina de azufre

Al atardecer, en algn lugar alejado, en la base.

Cora: Perdname por presentarme as. Perdname te digo, Basem; pero hace tres das que no hemos podido vernos y necesito hablar contigo.(Isaac hace ademn de irse.)

Basem: No, qudate. (A Cora.) Te ha visto alguien venir hasta aqu?

Cora: No, te lo prometo. Escchame, Basem.

Basem: No es el momento.

Cora: Nunca es el momento. Y lo entiendo. Pero has de escucharme. Te hice una promesa y la hecumplido. Aunque fuera estpida. He pasado lasmaanas y las tardes de tres semanas encerradaen un despacho. Me he movido como un fantas.ma, sin llamar la atencin, sin hacer movimientos bruscos. Solamente cuando cae al sol, salgo unosminutos al patio; luego me echo en la cama, es.perando que llegue tu seal y pueda ir a abrazar.te cinco minutos. De vez en cuando, cuando creo que mi voz, atrapada en mis pensamientos, me va a volver loca, pronuncio tu nombre bajo el ruido de los aviones. Y no me he quejado porque estaba cumpliendo nuestra promesa. De todos modos, si estuviera en casa, o en algn lugar que pudie.ra nombrar con esa palabra, tambin estara esperndote. As que no te reprocho nada. Slo tepido que me escuches, Basem, y que me hagas unfavor. Levanta el arresto a Daro, te lo suplico.

Basem: Has ido a hablar con l? Te ha pedido que hagas esto?

Cora: Clmate. Nadie me ha visto. Soy yo quien te lo pide. Est muy arrepentido, no puede explicar cmo ocurri No son suficientes cuatro das de arresto? Pinsalo, Basem. Si quisiera, en cualquier momento, podra delatarnos. Qu mayor prueba de lealtad quieres?

Basem: Se emborrach, hiri a un compaero. Ha tenido suerte. Isaac no ha querido denunciarlo. No voy a levantarle el arresto. Al menos, no hoy.

Cora: (Busca algo en los bolsillos.) Ser pronto? Maana?

Basem: No, maana no.

Cora: Por favor. Dime cundo. Te juro que est arrepentido. Isaac, no lo has denunciado y te lo agradezco. T estabas all y sabes que fue un ac.cidente, una ria entre dos amigos que beben y pierden la cabeza.

Isaac: Ya sabes que no bebo.

Cora: Pero

Basem: Basta, Cora. Contstame. Ya que te has acercado al calabozo de un detenido, ya que has hablado con l, sin importarte que alguien pu.diera verte, dime, Cora, te ha explicado Daro por qu se abalanz contra Isaac? Te ha dicho qu va contando cuando se emborracha? Te lo ha dicho?

Cora: Qu haces? Sultame.

Basem: En una cosa tienes razn. Daro no tiene la culpa. T y yo la tenemos. Vete, no quiero que nos vean aqu. En dos das le levantar el arresto, si eso es lo que ms te preocupa.

Cora: Gracias. Basem: Espera. Quera decrtelo de otro modo. Pero es mejor que sea cuanto antes. Ya hay fecha para la retirada del personal administrativo. Te irs enuna semana, con los de la embajada. ste no eslugar para ti. Por favor, no hables con nadie, y nose te ocurra volver a los calabozos, de acuerdo? Promtemelo. Promtemelo. Habla. Por qu memiras as? Acrcate. Todava podemos arreglaresto, Cora. Todava podemos salvarnos. Confaen m. Ahora te pido que nos dejes.

Cora: En una semana adis, Basem. (Sale.)

Isaac: Siento tener que haberlo odo. Pero me alegra tu decisin.

Basem: Isaac, ahora voy a decirte algo. Pero tienes que prometerme que no me vas a interrumpir. Porque si lo haces, si empiezo a hablar y me in.terrumpes, aunque sea con un gesto, no volve.r a dirigirte la palabra. Siento vergenza y es.pero la menor excusa para enfadarme contigo y evitar contarte lo siguiente: me voy, abandono el Ejrcito. Otro da, cuando la necesidad de tu amistad sea mayor que la vergenza que siento ahora, hablaremos del asunto. Ahora, te lo rue.go, djame t tambin.

Isaac se aleja unos pasos. De repente, se para en seco. Mirando a algn lugar de la base.

Isaac: Basem, fue Daro quien te present a Cora?

Basem: S. Por qu me preguntas eso?

Isaac: Por curiosidad, por nada ms. No saba que fueran tan amigos.

Basem: Qu importancia tiene eso ahora? Qu quieres decir?

Isaac: Decir?

Basem: Qu ests insinuando?

Isaac: Insinuando?

Basem: Insinuando, s! Por Dios, pareces mi eco. No me mientas. S cuando algo te preocupa. Dime ya qu ocurre.

Isaac: Basem, sabes que te quiero y que no te dira esto si

Basem: Djate de rodeos de una maldita vez.

Isaac: En cuanto a Daro, hubiera jurado que nun.ca prest demasiada atencin a las mujeres.

Basem: As lo creo yo.

Isaac: No siempre los hombres son lo que parecen. A veces parecen ser y no lo son.

Basem: A dnde quieres llegar?

Isaac: Pues ahora creo que a Daro le gustan las mujeres.

Basem: Te lo ruego, dime ya lo que ests pensan.do.

Isaac: Perdona, Basem. Tengo miedo de decir algo que quiz solamente es un desvaro de mi imaginacin. Me pareci que Cora daba la vuelta y se diriga a los calabozos.

Basem: Por qu? Por qu dices eso? T crees que malgastara mi vida en esos pensamientos? Para irritarme, mucho ms tendra que hacer Cora que hablar con un amigo. Tonteras.

Isaac: Cre que le habas prohibido hablar con l. Pero quiz te escuch mal. Haces bien, Basem, en no perder el tiempo con celos estpidos. Pero no confes nunca en nadie. Y menos en una mujer. Si delante de su padre supo esconder tan bien que iba a casarse contigo, por qu no iba ahora a engaarte a ti con la misma destreza? La han visto entrando en la enfermera algunas noches. Perdname, he hecho muy mal. Pareces desconcertado.

Basem: No, en absoluto. Estoy seguro de que Cora me es fiel.

Isaac: Que lo sea por muchos aos y que t lo creas. Espero que entiendas que lo que te he dicho me lo ha dictado nuestra amistad. Al fin y al cabo, Daro es tambin amigo tuyo, como yo lo soy, y no haypor qu desconfiar de su palabra. Adis, Basem.

Sale.

Isaac: (Volviendo.) Basem, haces bien levantndo.le el arresto a Daro. Ha sido siempre un buen amigo y no hay que castigarlo slo por un error. Pero, escucha: abre los ojos, obsrvalo de lejos, comprueba que no falta cuando Cora falta; abre los odos y presta atencin a lo que se murmura en la base. No seas el ltimo en saber, si es que hay algo que saber. Adis, hermano. (Sale.)

La llamada a la oracin del anochecer.

Basem: Por qu, de repente, a la vuelta de un pen.samiento, de uno como otro, ya no hay alivio ni consuelo? Si es que hay algo que saber, si es que hay algo que saber. He traicionado tantas veces a la verdad que ya no la reconozco. Soy un co.barde que esparce la guerra, soy un moro que ha renegado del cielo, soy un hombre que descon.fa de lo que ama. Estoy viejo y apenas hace seis veces siete aos que piso esta tierra. (Suena una explosin, gritos y carreras.) En qu instante los ojos se sacian de ver sangre y se desbordan?

Sale corriendo.

IX

Je suis un soir dt

Isaac: Dicen que soy el hijo de una cortesana y un zapatero. Eso no me convierte en una mala persona. Sin embargo, me ha hecho detestar las noches de verano. En mi ciudad una ciudad de provincias, ni grande ni pequea todas las ventanas se abran cuando llegaba julio.

Cora: Ests dormido?

Isaac: Desde mi habitacin, vea al gordinfln del piso de enfrente juguetear con el cinturn y las migas del mantel mientras le gritaba a su mujer que ya no la quera.

Cora: Por qu lloras?

Isaac: Luego estaba aquella otra, la del tercero, que le gritaba a su hijo que la estaba matando por no tragarse la mierda de papilla que le haba prepa.rado.

Cora: Acrcate a la ventana, Daro, te lo ruego.

Isaac: Yo iba por toda la casa cerrando las venta.nas, para no ver, para no escuchar, para no man- charme con las miserias de los otros. Nunca entend con qu alegre impudicia los hombres comparten sus miedos y sus esperanzas.

Cora: Eres un cabezn, nunca has escuchado a na.die. Claro que tengo razn. Te dije que no te hi.cieras soldado y apareciste un buen da con el uniforme. Te dije que no quera que me presen.taras a nadie y me empujaste a los brazos de Basem. As que t tienes la culpa de esto. Yo slo he ido detrs de ti.

Isaac: Tambin mi madre tena esa fea costumbre.

Cora: No, tonto. No, claro que no. Siempre he tenido estas ojeras.

Isaac: Cuando terminaba con alguno de sus visi.tantes, abra todas las ventanas que yo haba cerrado y se paseaba por toda la casa con un bote.cito de perfume, intentando quitar un olor que slo estaba dentro de ella.

Cora: Llena, ahora llena. Hay algo de olor a jaz.mn. Sopla el viento desde el pueblo y lo trae hasta aqu.

Isaac: Luego se meta en mi cama. Yo me haca el dormido mientras mi madre me acariciaba la ca.beza y susurraba estupideces.

Cora: Te acuerdas, Daro, aquella tarde en el pue.blo de tus padres? Cuntos aos tenamos?

Isaac: Despierto, detrs de mis prpados, esperaba impaciente a que sonara el timbre para que al.gn otro visitante la sacase de mi cuarto.

Cora: Estbamos al borde de ese desnivel, apenas seran un par de metros, de pie en el borde, co.gidos de la mano. No s por qu demonios nos habamos convencido el uno al otro de que po.damos volar.

Isaac: S, soy el hijo de una cortesana y de un zapatero. Y eso no me ha hecho ni mejor ni peor persona.

Cora: Una cuenta atrs y saltaramos. Te acuer.das, Daro? Diez, nueve, ocho Senta tu mano temblar en mi mano. Cinco, cuatro, tres Sonreas.

Isaac: Pero detesto las noches de verano porque el ms mnimo ruido, una respiracin detrs de una pared, el curso de un reloj, me desvela.

Cora: Dos, uno Y te solt la mano. El tobillo, s. Ya lo s, una tontera. Pero no me lo quito de la cabeza estos das. Por eso he venido a verte. Quiero contarte por qu estoy aqu realmente.

Isaac: A todos los que guardamos secretos nos es-torba el sueo. (Sale corriendo.)

Cora: Estoy enferma, Daro. He venido a despe.dirme.

Basem: As que me engaa.

Isaac: Vamos, Basem, deja ya eso.

Basem: Qu haces t despierto? Djame solo. Vete. Te juro que es mejor la cuchillada que temerla.

Isaac: Vuelve a la cama.

Basem: No poda imaginarlo. Ni lo vea, ni me dola ni lo pensaba. Apenas cuando los sobresaltos de la guerra me abandonan unos instantes, vuelven a m tus palabras, tus sospechas. Y si alguna vez logro olvidarme de ellas, eres t quien regresas con insinuaciones. Qu hace de noche en la enfermera?

Isaac: Yo

Basem: Hubiera preferido ignorarlo, que estuviera follando hasta con el ltimo soldado de esta base y yo no saber nada. Por qu me lo dijiste? Ha.bla! Demuestra que mi mujer me es infiel, demustralo. Quiero una prueba o sta ser la lti.ma conversacin que t y yo tenemos.

Isaac: A esto hemos llegado?

Basem: Para qu me lo repites si no sabes nada?

Isaac: Ha sido ella quien

Basem: Cllate! No vuelvas a hablar de Cora. Me oyes? Dime, quin eres t para hablar as de mi esposa? Quin eres t? Dime qu sabes t de mujeres si toda la vida has estado solo. Dmelo, Isaac, habla. Por qu te callas ahora?

Isaac: As me lo pagas. Eso hubieras preferido? Ser el ltimo en enterarte de que tu mujer se acuesta con Daro? Ser el ltimo en comprender que Cora te ha seguido hasta aqu para poder estar cerca de su amante?

Basem: Por Dios! Creo que mi mujer es honesta y no lo creo; creo que t eres mi amigo y no lo creo. Quiero una prueba, Isaac. Una prueba. No puedo soportarlo ms.

Isaac: Lo siento, Basem. (Le hace mirar en direccin a los calabozos, donde permanece Cora.) Por esa zorra quieres abandonar el Ejrcito? (Basem golpea a Isaac. ste se lleva la mano al vientre. Basem se acerca hasta los calabozos.)

Cora: No me he atrevido hasta ahora, Daro. Por favor, no te quedes callado. Di algo, por favor, di algo. Tienes que ayudarme. No, no lo sabe. Cmo se lo voy a contar? Porque es mejor que no lo sepa. T solo. S, t solo. Maana te levan.tar el arresto. Por favor, en la enfermera. Ya s que me quieres. No llores, yo lo resisto. All nos veremos.

Basem: (Regresando.) Perdname, amigo, perdna.me. (Sale.)

Isaac: (An dolorido.) Por qu una mentira ha de ser siempre una mentira? Acaso lo que la rodea no puede cambiar y quedar convertida en verdad? Jams pens que Cora pudiera engaar a Basem y menos con ese matasanos acompleja.do. Pero mis avisos y la guerra alejaron a Basem de Cora y sta ha buscado refugio en los brazos del borracho de su amigo. As la mentira se ha vestido de verdad y la verdad se ha disfrazado de mentira. Lo que esconde Cora, ya no me im.porta. Basem la desprecia y eso me es suficiente. Tambin el verano acabar por descomponerse con las primeras lluvias de septiembre.

Sale.

X

La torpe guerrera

A las puertas del dormitorio de Basem. En la hora precisa del amanecer.

Cora: Basem.

Basem: Perdname por haberte hecho venir tan temprano. Te habas fijado alguna vez que en el desierto la luz del amanecer es la misma que la del anochecer? Si te descuidas, si duermes ms de la cuenta, o te emborrachas, y vuelves la vista al cie.lo, sers incapaz de asegurar si est naciendo otro da o que, por el contrario, te encuentras en el filode otra noche. Mira el cielo, mira cmo se abre yse hace aicos sobre nuestras cabezas. No hay be.lleza en esta esquina del mundo sino es en el cielo. Aqu es mejor despegar los ojos de la tierra. Lohabas pensado, Cora? No hay nada hermoso quesobreviva al tacto de esta tierra. Abrzame. Porqu tiemblas? Abre los ojos y mrame.

Cora: Me asust cuando me despert Isaac. Pen.s que te haba sucedido algo. He escuchado la radio. S que me lo has prohibido pero no pue.do soportar estar sin saber qu pasa ah fuera Cmo han sido capaces? Ha sido horrible, toda esa gente quemada Qu est haciendo aqu el Ejrcito? P romteme que te vas a cuidar, que vas a regresar en cuanto puedas.

Basem: Tienes mal aspecto. Has dormido mal?

Cora: Es el calor, Basem. Maana, despus del viaje, podr dormir y descansar despus de tantos das.

Basem: Me alegro. Te abrir el viejo la puerta?

Cora: Qu?

Basem: Aprovecha y duerme en el avin. Te envi.dio, Cora: ests en paz con tus pensamientos. Ese avin de ah, lo ves?, en el que te marchars maana, sabes qu tiene ahora dentro? Ata.des. Han trado doscientos atades para que los usemos segn nos haga falta. Nos envan atades para los que ahora estn dormidos en sus barracones, soando con sus novias, con sus familias, algunos estpidos incluso con darle la gloria a su pas. Mira el cielo, mujer, mira cmo se abre. Ojal pudiramos despegarnos de esta tierra. Ojal que la prxima vez que pilotase el avin tuviese la certeza de que no iba a poner de nuevo los pies en esta tierra podrida. No lo no.tas? Pisa. Capas y capas de hueso, de sangre, de petrleo. El sol recalienta esta tierra todo el da y hace que se pudra todo lo que brota en ella, todo lo que permanece sobre ella.

Cora: Deberas descansar, Basem. (Lo abraza.)Quisiera ver a Daro antes de marcharme. Por favor, levntale el arresto ya. Dijiste un par de das. Quiero despedirme de l. (Deja caer la ca.beza en el regazo de Basem.)

Basem: (Apartndola.) Falsa, mrame a la cara.

Cora: (A punto de desfallecer.) Por qu soy falsa? Con quin, para quin? Qu te pasa, Basem? Alguien sospecha algo?

Basem: Por qu tiemblas? A qu has venido?

Cora: Por qu lo preguntas? Qu ocurre, amor mo?

Basem: Habla, Cora, habla antes de marcharte. A qu has venido?

Cora: Por qu me preguntas eso? Qu te pasa? A estar contigo.

Basem: Vamos, jralo y luego desaparece.

Cora: Qu ocurre?

Basem: Vete.

Cora: Qu sucede? (Lo abraza. Basem la aparta de un empujn.) Es por m? Habla, por favor, habla. Dime qu ests pensando. He hecho algo que te haya enfadado?

Basem: Mrchate, Cora. Coge ese avin y olvdate del desierto, de la guerra, de m. Vuelve con tu padre, si es que acaso l quiere tenerte a su lado. Mrchate ahora. No quiero volver a verte.

Cora: Por qu me hablas as? Habla, Basem, maa.na regreso y no quiero que nos despidamos as.

Basem: Ya que te empeas en hablar, di al menos la verdad. Lo habas pensado o no pudiste resistir aqu sola? Cmo no imaginarlo. T, que abando.naste a tu padre, que dejaste todo lo que eres por acostarte con un moro

Cora: Basem.

Basem: Que me convenciste para cometer esta lo-cura, cmo exigirte que digas la verdad.

Cora: No me hables as, Basem.

Basem: Cmo he de hablarte? Me conoces. Sabes que soy torpe con las palabras. Cmo vas a convencerme de que eres honesta si has traicionado todo lo que eras por seguirme? Por qu no me ibas a traicionar a m? Adnde crees que vas? Perdname. Busca t las palabras. Quiero que me digas quin eres. Pero quiero la verdad. Si abres la boca slo quiero orte la verdad. Porque s que me ests engaando. Habla, Cora, quiero orte. Dime la verdad. A qu has venido? (Pau.sa.) No hablas? Habla!

Pausa.

Basem: Dnde has estado esta noche?

Cora: En mi cuarto.

Basem: Mentira!

Cora: En mi cuarto.

Basem: Has estado en el calabozo de Daro, aunque te lo haba prohibido. Qu hacas all? Habla! Has hecho todo esto por estar cerca de Daro? No puedes ser tan retorcida, no puedes haber.me convencido de que te trajese aqu para estar cerca de Daro. Pero me mientes y ya no distingo la guerra de lo que no es la guerra, ni el amane.cer de la noche, ni la verdad de la mentira. Lo tenas pensado o no pudiste aguantar sola mien.tras yo estaba jodido en el desierto?

Cora: Me ests haciendo dao. Sultame. Djame marchar.

Basem: No pensaste que la gente iba a hablar? Esto es un cuartel, maldita sea.

Cora: Hablar de qu? Yo slo quera

Basem: No vas a confesar lo que eres antes de marcharte? Habla! (Cora se desvanece. Basem la coge en brazos.) Mira, Cora, el cielo. Se ha en.treabierto y ha engendrado otro da. O quiz ha engendrado otra noche. Por qu has hecho esto? Jams sent nada como mo hasta que te encontr. Por primera vez no era un extrao, te perteneca y me pertenecas. Qu soy yo ahora, Cora, si t eres una mentira? Quin soy, Cora? Paseo por los cementerios y veo en las lpidas los apellidos de mi familia. Pero yo soy el ene.migo, yo soy occidente, yo soy el infiel que les ha trado la ms hermosa de las democracias. Al menos, ellos se aferran a Dios. Pero nosotros Cora, qu hemos ganado a cambio de dejar de creer en Dios? (La deja en el suelo.) Todo lo que roza esta tierra est condenado a morir.

Sale corriendo.

Cora: En qu direccin podra correr para salvarmede m? Los soldados dicen que, no muy lejos, detrsde las dunas, hay un pueblo. En verano, cuandoel viento sopla con fuerza desde el mar, el pueblo desaparece bajo la arena. Entonces, slo entonces, cuando se extingue la tormenta, las mujeres salende sus casas con el rostro descubierto y arrojan al sol de agosto los pjaros que han custodiado bajolos techos. Durante todo el da, limpian las calles, los lavaderos, mientras los hombres duermen en las terrazas. Cuando terminan, se encierran en casa y no vuelven a salir hasta que el viento cu.bre de nuevo el pueblo de arena. Pens que era uncuento, una historieta de los soldados para pasarel rato. Pero el viento arrastra hasta aqu sus vo.ces y las oigo cantar, detrs de los muros, siemprela misma cancin, esperando la prxima tormen.ta para sentir el abrazo del sol, siempre la misma cancin detrs de los muros de arcilla:

En qu direccin podra correr para salvarme de m? Perdname, Basem, por haber callado; y ese silencio, que yo cre alivio, que yo pens que servira para resistir, se ha llenado de miedo y de mentiras; perdname, Basem. La guerra ha di.sipado las luces del vnculo antes de lo esperado; te ha arrebatado la calma y a m el ltimo de los consuelos. Ahora ya no podemos dar un paso fuera de la penumbra. Pero, antes de marcharme, me dispongo a entregarte el ms doloroso y perfecto de los regalos: te proteger con tu odio, te dejar en el refugio de la rabia y de la vergenza; me quedar el correr decapitado de los das y las lgrimas; me llevar el espanto y la desolacin para que no te rocen. ste es mi l.timo regalo, Basem. Deja de quererme para que no tengas que llorarme.

El viento empuja la tormenta de arena hasta la base que, perdida en mitad del desierto, parece el casco metlico de un milenario naufragio. Como un mascarn de proa, Cora permanece quieta mientras la luz del amanecer se desgarra en las torretas de vigilancia.

XI

Moscas de verano o Sobh

En el calabozo de Daro.

Basem: Cmo lo mato?

Isaac: Qu? No digas tonteras. Vuelve a tu habi.tacin.

Basem: Yo la traje. Yo me dej convencer. Pens: Si ella ha renunciado a todo por m, no es justo que yo la abandone. Por eso acced, por eso lo arriesgu todo, para no traicionarla. Y ella qu ha hecho? Qu ha hecho, Isaac, mientras yo es.taba jodido en el puto desierto? Contstame, t me abriste los ojos, t me hiciste ver la traicin de Cora, no te calles ahora. Vamos, no sientas vergenza, dilo. En la base, todos lo comentan, todos hablan de Daro y Cora, y yo tengo que callarme, tengo que darme la vuelta y golpear las paredes porque no puedo hablar, porque nuestra mentira la protege: Cora no es mi esposa, Cora es una extraa. Y, al final, esa mentira ha resultado ser lo nico cierto.

Isaac: Clmate, dame la pistola, vale? Eh, eh, m.rame, Basem, mrame. Tranquilo, tranquilo, dame el arma, eso es, dmela. (Le quita la pisto.la.) Joder! Cuando termine la guerra y regreses, lleno de medallas y de rabia, podrs escupirle en la cara. Pero ahora no. Djala marchar. Y respec.to a Daro: eres el comandante, busca otra mane.ra de joderle sin ensuciarte las manos.

Basem: No lo entiendes. Ya no soy comandante.

Hace unos das envi mi carta de renuncia. Iba a soportarlo todo, las humillaciones, la renun.cia, iba a aceptar cualquier trabajo para estar a su lado y empezar de nuevo. Voy a regresar, s, pero, a dnde?

Isaac: Luego tendrs tiempo de reconsiderar tu de.cisin. El Ejrcito es tu casa, Basem. Esta guerra no debera llamarse guerra. Ha sido un acciden.te, un desastroso invento de los del petrleo. Pero va a terminar pronto. Estn haciendo el trabajo sucio: se matan entre ellos mientras se les escapa el petrleo. Ya no tenemos nada que hacer aqu. Estoy seguro de que los mandos estarn encantados de revocar tu dimisin. Luego volveremos ala instruccin, a las prcticas. No he tocado nada de tu habitacin. Cuando regresemos, todo sercomo antes. Esto ha sido un accidente, un mal paso. Pero podemos desandarlo. He pensado una cosa. Tengo que ensearte los planos. (Basemsaca una pequea pistola de la chaqueta.) Creo que nunca nadie se ha atrevido a hacer algo parecido. Voy a convertir este maldito desierto enun vergel. Me voy a hacer rico. Entonces s quepodremos dejar el ejrcito, lo dejaremos todo ynos dedicaremos a no hacer nada, Basem. Lo he pensado mucho. Slo hace falta mover el (De repente, un disparo. Sale Basem, con la pistola enla mano. Isaac, tras unos segundos, se abalanza yse la arrebata.) Qu has hecho? Qu has hecho, Basem? (Se asoma al calabozo.) Est bien. Mrame. Mrame. Diremos que intent quitrtela, quetuviste que defenderte, de acuerdo? Qudate aqu, no te muevas. Me oyes? Ahora no te muevas. Mantn la calma. l se abalanz sobre ti, deacuerdo? Tuviste que defenderte. Un accidente. No, espera. Les diremos que fui yo. Nadie podr acusarte de haberlo hecho por venganza. Yo meacerqu, entr y se me ech encima, as que dis.par. Que no te vea nadie. Dame esa pistola, eso es. Toma sta. As, muy bien. Vamos, vete, no meoyes?, vete!

Basem sale corriendo. Entra Isaac y suenan un par de disparos.

Isaac: (Llega Cora.) Qu haces t aqu?

Cora: He venido a despedirme de Daro.

Isaac: Vete. Aqu no tienes nada que hacer.

Cora: Djame pasar.

Isaac: Cmo te atreves a volver aqu?

Cora: No tengo nada que hablar contigo. Aparta.

Isaac: Siempre he despreciado tu insolencia. Mira este uniforme. Soy un militar, ste es mi territo.rio, me pertenece. Creme cuando te digo que no ests en disposicin de dar rdenes. Aqu slo has sido una anomala que haba que resolver. Y por fin va a ocurrir. Algrate. Podas haber terminado peor. En este lugar las autoridades son complacientes. Dejan que las adlteras se arrojen a los pozos o se ahorquen de los rboles.

Cora: Yo no he engaado a Basem. Bien lo sabes, miserable. No te has despegado de m, no he po.dido dar un paso sin sentir tu mirada en la espal.da; cuando tena unos segundos para estar a solascon l aparecas t con cualquier excusa. No pue.des soportarlo. No puedes permitir que alguien tenga lo que t deseas pero jams te atrevers a pedir: porque lo desprecias, porque lo odias, por.que te gustara ahogar lo que eres con las dos ma.nos y enterrarlo en lo profundo de la tierra.

Isaac: Cuidado, Cora, cuidado. No todos estamos dispuestos a aguantar tu insolencia.

Cora: Al menos, ten la valenta de decirle a Basem lo que deseas. Atrvete a terminar la partida. Porque, de lo contrario, podra resultar que tu nico triunfo es arrebatarle a los dems la posi.bilidad de ganar. T seguirs siempre siendo un perdedor, un miserable que contempla la parti-da sin atreverse a jugar, hasta que un da no lo aguantes y te pegues un tiro.

Isaac: Qu es lo que quieres? Despedirte de tu amigo Daro? Pues pasa. Acptalo como mi re.galo de despedida. (Cora pasa. Unos segundos. Sale). As termina el juego. Vuelve a tu casa. No me pongas esa cara. Era un final previsible.

Cora: Qu has hecho?

Isaac: Suena a la excusa improvisada de un adoles.cente: pero yo no he sido.

Cora: Qu has hecho?

Isaac: Ests sorda? Yo no he sido. Cunta ver.genza creas que poda soportar Basem? Pero no desesperes. Ya he pensado la manera de re.solver este contratiempo. Me culpar del crimen. Es un sacrificio pequeo ante la amistad de dos hombres. An puedes darme las gracias. Hasta el final, Cora, he cuidado de vuestra mentira.

Cora: Miserable!

Isaac: Aparta. Ahora ya podemos despedirnos. Luego, en el avin, tendrs tiempo de recapaci.tar qu precio hemos tenido que pagar por tus antojos. Creste que podas imponer tus reglas, hacer que el mundo se moviera al vaivn de tus caprichos. Pero no tienes ni puta idea. Esto es el Ejrcito y cuando una pieza no cumple su fun.cin, ha de ser eliminada. Ahora, a qu espe.ras?, mrchate.

Cora: Deja que ahora te haga yo otro regalo. Te veo sonrer y seguramente es porque piensas que te has salido con la tuya, que esto termin y yo desaparezco de la vida de Basem. Pero, escu.cha bien, eso iba a ocurrir aunque t no hubieras movido un dedo.

Isaac: De qu ests hablando? Vete, no tardarn en venir, vete.

Cora: Si te hubieras quedado quieto, si agazapado en tu cobarda te hubieras mantenido al margen, como un mal presagio que espera su turno, den.tro de unos meses estaras consolando a Basem sin que yo pudiera estorbarte. No queras saber por qu insista en venir al desierto? Me estoy muriendo.

Isaac: Cmo?

Cora: Estoy enferma. Y t has llenado de vergen.za y de miseria mis ltimos das. S, Isaac, sa es tu victoria, la que sin duda merece alguien como t. Disfrtala, sonre, aplaude.

Pausa.

Cora: Dnde est?

Isaac: Qu?

Cora: Mi marido, dnde est?

Isaac: En su cuarto, creo. Espera. Antes de mar.charte, yo no yo quera, yo crea que

Cora: Lo que quieras, lo que creas, no me importa. T y yo nunca deberamos habernos cruzado.

Sale.

Oscuro.

XII

Tal es la causa

El cuarto de Basem en penumbra. Por las rendi.jas de la ventana se cuela cobardemente la luz del amanecer. Est sentado al borde de la cama, con el traje de militar en el regazo, frente a la puerta, esperando. sta se entreabre. A contraluz, una figura.

Basem: Cora?

Cora: He venido a despedirme.

Pausa.

Basem: Qu ha sido eso? Cora: El viento.

Pausa.

Basem: Lo sabes.

Cora: S, y ahora veo que t tambin.

Pausa.

Basem: No vas a gritar?

Cora: No.

Basem: No vas a llorar?

Cora: No.

Basem: Sabes la causa, Cora, sabes la causa. Por eso te callas. Te me quedas mirando con la insolencia de quien desprecia su culpa, para que yo me enrede con las palabras, para que me desespere y Mrchate, Cora, vete o

Cora: O qu? Vas a matarme a m tambin? Y despus? Te matars t? As termina nuestra historia, Basem?

Basem: Vete, Cora.

Cora: No, no sin hablar hablar contigo, un segun.do, un minuto, para que las cosas que pertene.cen al desierto regresen al desierto y las cosas que nos pertenecen regresen a nosotros, aunque slo sea para despedirnos de ellas.

Basem: Por qu no me dices que es mentira? Por qu?

Cora: Qu razn puede entender una bestia? De camino aqu he pensado que ya no podras ha.cerme dao, que entrara y te escupira en la cara, que te araara los brazos y el pecho y luego te llorara, como estoy llorando a Daro, porque la muerte te habra devuelto la dignidad. Pero ahora que te tengo enfrente y, por mucho que lo in.tento, no puedo dejar de pensar que quiz algo de lo que am permanece en ti y que quiz nada de esto hubiera ocurrido si yo no hubiera calla-do. Si yo te hubiera dicho que...

Basem: (Se pone la chaqueta del traje. Cora le coloca bien un galn, sin acercarse del todo.) Cora

Cora: No confo en que Isaac te cuente la verdad pero estoy segura, de que cuando transcurran unos meses y todo haya acabado, descubrirs lo que ahora soy incapaz de confesarte porque temo desaparecer del todo al decrtelo. Cuan.do ocurra, cuando regreses a casa y alguien te cuente lo sucedido, te pido que me perdones por ser tan cobarde, por haberte llenado de un dolor que intent guardar slo para m.

Se oyen voces cerca... Basem se pone el uniforme. Cora se dirige a la puerta que, entreabierta, arroja al cuarto la luz del amanecer.

Cora: Acabar es empezar.

Basem: Cora

Cora: Qu?

Pausa.

Basem: Nada.

Pausa.

Cora: Adis. (Pausa, no hay respuesta.) Hasta siempre, Basem.

Oscuro.