Primera noticia de la catastrofe

Primera noticia de la catstrofe

de Juan Mayorga

a partir de Bartolom de las Casas

Voces en el desierto

Hace cinco siglos, un grupo de frailes dominicos procedentes del monasterio abulense de Santo Toms, evangelizadores en la isla de La Espaola, fueron los primeros en alzar su voz contra los terribles estragos que entre la poblacin india estaba causando la colonizacin. Escandalizados al ver que, para los indios, su propia tierra se haba convertido en una crcel o en un infierno, aquellos religiosos, con riesgo de sus vidas, fueron capaces primero de reprochar sus abusos a los colonizadores, y luego de llevar su denuncia ante el mismsimo rey. Gracias a ellos, Espaa tuvo noticia de la catstrofe.

Recordar el valeroso gesto de aquellos hombres no es slo cumplir con una obligacin para con el pasado. Tambin es rescatar un ejemplo necesario para el presente. Aquellos frailes dominicos cuentan entre los primeros que denunciaron, desde bando vencedor, una invasin violenta enmascarada bajo justificaciones morales y religiosas. El sermn de fray Antonio Montesinos, redactado y firmado por todos los dominicos de La Espaola, es un grito contra cualquier forma de barbarie que se presente como factor de civilizacin y de progreso. La presunta superioridad del espaol que se reclamaba civilizado sobre el indio marcado como brbaro sirvi de justificacin para esclavizar a ste. Montesinos fue capaz de decir, ante el auditorio ms

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hostil, lo que sus oyentes no queran escuchar: que gentes que se llamaban a s mismas cristianas estaban dando a los indios un trato incompatible con el mensaje evanglico. Esa denuncia, pronunciada hace quinientos aos en una iglesia de la isla de La Espaola, merece orse otra vez. De eso se trata, finalmente: de que, por el milagro del teatro, aquella voz venza al tiempo y vuelva a interpelarnos.

Al elaborar esta ficcin dramtica he partido del relato de Fray Bartolom de las Casas, quien fue conmovido y transformado precisamente por el sermn de Montesinos. He contado con el asesoramiento histrico del profesor Felicsimo Martnez, y con el consejo del profesor Reyes Mate, de quien fue la idea de hacer de las Casas el narrador de este cuento teatral. Nuestro propsito es recordar a aquellos valerosos frailes que salieron de vila hace quinientos aos y que, desde la otra orilla, fueron los primeros en oponer su voz a la injusticia. Que esa voz no deje de resonar.

Juan Mayorga

Las Casas- La primera noticia de la catstrofe la dieron los frailes de Santo Domingo.Antes que ellos alzasen la voz, el rey estaba en ceguedad. Y cuando los ciegos guan, de los que van tras ellos, qu se puede esperar? Nadie en Espaa quera que se apartase a los indios de sacar oro, y no haba cuidado en saber cmo en el sacar oro les iba a los indios. Quiz todos imaginaban que sacar oro era como coger fruta de los rboles. Pero los frailes dominicos de la Espaola eran testigos de vista de otra cosa. Ellos salieron de vila, del monasterio de Santo Toms, en el ao de mil quinientos seis, y fueron de los primeros en llevar a la otra orilla el nombre de Cristo. Y los primeros en sentir vergenza de lo que contra Cristo se haca a los indios.

Dominico- Los indios padecen triste vida y asprrimo cautiverio. Se consumen sin quelos espaoles que los poseen hagan ms caso de ellos que si fueran animales.

Dominico- Los oprimen sin compasin, hasta consumirlos. Solamente sienten que se lesmueran por la falta que les hacen en las minas.

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Dominico- Hay espaoles crudelsimos, sin piedad ni misericordia, que slo buscanhacerse ricos con la sangre de las indianas gentes. Y si hay otros menos crueles a los que disgusta la angustia de los indios, tambin ellos postergan a sus propios intereses la salud y salvacin de esos tristes.

Dominico- Los indios, no son hombres? No se debe con ellos guardar los preceptos decaridad y de justicia? La ley de Cristo, no somos obligados a predicrsela a los indios y trabajar por convertirlos?

Dominico- No tenan los indios sus tierras propias y su modo de gobernarse? No esnotoria su paciencia y mansedumbre? En qu nos ofendieron? Siendo tantas las gentes que haba en esta isla, cmo se ha despoblado en tan breve tiempo, que es obra de quince aos? Cuntos perecen cada hora, sin que se haga cuenta de ellos?

Las Casas- Allegse a lo que ellos mismos vean lo que supieron por un hombrellamado Juan Garcs.

Juan Garcs- Yo soy uno de los espaoles que se hallaron en las matanzas y estragosque se hicieron en esas gentes. Un mal da mat a mi mujer a pualadas por sospecha que de ella tuve de que me cometa adulterio. Ella era de las principales seoras de la provincia de la Vega, seora de mucha gente, as que tuve que andarme por los montes cuatro aos, por miedo de la justicia. Y de los montes vengo atrado por el olor de santidad que de s produce vuestra Orden de Santo Domingo. Padres, os ruego con gran humildad que me deis el hbito de fraile lego, en el cual entiendo, con el favor de Dios, de servir toda mi vida. Ddmelo por caridad, si veis en m seales de conversin y detestacin de mi vida pasada y deseo de hacer penitencia.

Las Casas- La penitencia la hizo grandsima este Juan Garcs, hasta el punto de quemuri mrtir, porque suele Dios mostrar su inmensa misericordia en los grandes pecadores haciendo con ellos maravillas. Con nombre de fray Juan Garcs, como testigo de vista descubri a sus hermanos dominicos muy en detalle las crueldades que l y los dems haban cometido en aquellas inocentes gentes, en las guerras y en la paz, si alguna se pudiera decir paz.

Dominico- Son obras enemigas de la humanidad y de la costumbre cristiana.

Dominico- Son obras que injurian la ley de Dios y sus mandamientos.

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Dominico- Son obras que hacen infamia de nuestra fe.

Dominico- Es que no vamos a impugnar las ofensas que los espaoles hacen a losindios y el ningn cuidado que de su salud corporal y espiritual tienen? Nosotros, religiosos de Santo Domingo, como hombres muy amigos de Dios, testigos de tan enorme y nunca oda injusticia, no deberamos levantar la voz en nuestros plpitos? No deberamos decir a los espaoles que matar indios es pecado? No deberamos declarar el estado en que los pecadores estn, por sus codicias e inhumanidades?

Dominico- Hermanos, todos estamos encendidos del celo de la honra divina y nosdolemos de la perdicin de tan gran nmero de nimas. Pero, si eso predicamos en nuestros pulpitos, no se os representa cun escandaloso habr de ser despertar a los que en tan abisal sueo duermen? Nadie ha hablado jams de estas cosas a los espaoles.

Dominico- Cul es tu consejo, hermano Pedro, prelado nuestro?

Fray Pedro de Crdoba- Recemos y encomendmonos a Dios con oraciones, ayunos y vigilias, por que nos alumbre para no errar en cosa que tanto va. Y luego, lo que sabemos, prediqumoslo pblicamente. Acordemos todos el sermn primero que se vaya a predicar de esta materia. Escribmoslo todos y todos lo firmemos con nuestros nombres, para que parezca no slo del que lo haya de predicar, sino que procede de deliberacin y consentimiento de todos nosotros. Que predique el sermn el predicador principal que hay entre nosotros, el padre fray Antonio Montesinos, que tiene gracia de predicar y es asprrimo en reprender vicios y hace en sus sermones mucho fruto. l debe decir el primer sermn de esta materia, tan nueva para los espaoles. Porque es tiempo de Adviento, que el sermn se predique el cuarto domingo, cuando se lee el evangelio de San Juan: Enviaron los fariseos a preguntar a San Juan el bautista quin era, y l les respondi: Ego vox clamantis in deserto. Y hagamos que se halle toda la ciudad de Santo Domingo al sermn, que ninguno falte al menos de los principales, y convidemos al segundo Almirante, que gobierna la isla, y a los oficiales del rey y a todos los letrados juristas, dicindoles que el domingo en la iglesia mayor habr sermn y que vamos a hacerles saber cierta cosa que toca mucho a todos y que les rogamos que se hallen a orlo.

Las Casas- Todos a quienes invitaron concedieron ir a la iglesia de muy buena voluntad,por la estima que de la Orden de Santo Domingo tenan por su virtud y rigor de religin

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y por la estrechura y rigor con que vivan sus frailes. Y tambin porque todos deseaban or aquello que los frailes les decan que tanto les tocaba. Lo cual, si ellos hubieran sabido antes, cierto es que no se les predicara, porque ni lo quisieran or ni lo hubieran dejado predicar. Y llegado el domingo cuarto de adviento, el da veintiuno de diciembre del ao de mil quinientos once, a la hora de predicar subi al plpito el padre fray Antonio Montesinos, cuyo sermn estaba escrito y firmado de todos los dems.

Fray Antonio Montesinos- Enviaron los fariseos a preguntar a Juanel Bautista quinera y l les respondi: Soy la voz que clama en el desierto. Tambin hay un desierto en las conciencias de los espaoles de esta isla, que vivs en ceguedad. Cun cerca andis de vuestra condenacin no advirtiendo los peligros gravsimos en que con tanta insensibilidad estis continuamente zambullidos. Para droslos a conocer me he subido aqu, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla. Y, por tanto, conviene que con atencin, con todo vuestro corazn y con todos vuestros sentidos, me oigis. La cual ser la voz ms nueva que nunca osteis, la ms spera y dura que jams pensasteis or. Esta voz os dice que todos estis en pecado mortal y en l vivs y mors por la crueldad y tirana que usis con esas inocentes gentes. Decid, con qu derecho y con qu justicia tenis en tan cruel y horrible servidumbre a los indios? Con qu autoridad habis hecho tan detestables guerras a esas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacficas, pueblos numerosos a los que, con muertes y estragos nunca odos, habis consumido? Cmo los tenis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matis por sacar oro cada da? Y qu cuidado tenis de que se doctrinen y de que conozcan a su Dios y criador? stos, no son hombres? No tienen nimas racionales? No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? Esto no entendis? Esto no sents? Cmo estis dormidos en un sueo tan profundo? Tened por cierto que en el estado en que estis no os podis salvar en mayor medida que aquellos infieles que no quieren la fe de Jesucristo.

Las Casas- Y su voz sigui arrojndoles palabras muy pungitivas y terribles, que leshaca estremecer las carnes y que les pareca que ya estaban en el divino juicio, dejndolos atnitos, y a muchos como fuera de sentido, a otros ms alborotados y a algunos compungidos, pero a ninguno convertido. Acabado su sermn, Fray Antonio se

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baj del plpito con la cabeza alta, porque no era hombre que quisiese mostrar temor, as como no lo tena, ni le importaba desagradar, haciendo y diciendo lo que le pareca conveniente. Y se fue con los otros frailes a su casa de paja, donde, por ventura, no tenan que comer sino caldo de berzas sin aceite. Salidos los frailes, qued la iglesia llena de murmuraciones. Y al rato se junt toda la ciudad en casa del Almirante, segundo en esta dignidad y real oficio, don Diego Coln, hijo del primero que descubri las Indias. Y con l se reunieron los principales de la isla, alterados por haber odo que no podan tener los indios como los tenan, tiranizados. Y todos juntos detrs del Almirante marcharon a la casa de paja de los dominicos.

Diego Coln- Salga ese fraile que ha predicado esta maana. Salga ese que ha subido alplpito hoy en la iglesia.

Las Casas- Pero el que sali no fue el predicador fray Antonio Montesinos, sino elprelado de los frailes, fray Pedro de Crdoba.

Coln- No es a usted a quien queremos ver, padre, sino a ese que ha predicado. Hgalollamar.

Fray Pedro de Crdoba- No hay necesidad. Si su seora y sus mercedes mandan algo,yo soy el prelado y yo responder.

Diego Coln- Le ruego, fray Pedro, que haga llamar a ese fraile suyo, que yo le quieropreguntar en qu se funda para determinarse a predicar una cosa tan nueva y tan perjudicial como ha predicado hoy en la iglesia.

Fray Pedro de Crdoba- l predic, pero yo soy su vicario. Yo puedo responder.

Diego Coln- Padre, no es a usted sino a ese fraile suyo al que tenemos que reprenderpor los grandes desvaros que ha predicado, para dao del rey y de Castilla.

Fray Pedro de Crdoba- Almirante, lo que ha predicado fray Antonio Montesinos hasido de parecer, voluntad y consentimiento mo y de todos. Despus de muy bien mirado entre nosotros y con mucho consejo y madura deliberacin, nos determinamos a que se predicase como verdad evanglica y cosa necesaria a la salvacin de todos los espaoles y los indios de esta isla, que vemos perecer cada da sin que se tenga de ellos ms cuidado que si fueran bestias. A ello somos obligados de precepto divino por la profesin que hicimos, primero de cristianos, y despus de frailes predicadores de la verdad. En lo

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cual no entendemos perjudicar al rey, que ac nos ha enviado a predicar lo que sentimos que debemos predicar necesario a las nimas. Al rey creemos servirle con toda fidelidad. Y tenemos por cierto que, cuando su Alteza sea bien informado de lo que ac pasa y de lo que nosotros hemos predicado, se tendr por bien servido y nos dar las gracias.

Las Casas- Pero el Almirante y los que con l iban no se retiraban de la puerta de losfrailes, y fray Pedro mand salir al padre fray Antonio Montesinos, el cual maldito el miedo con que sali.

Diego Coln- Padre, vengo a proponeros por m y por todos los vecinos de esta isla unaquerella por sembrar doctrina nunca oda. Cmo habis osado predicar, en tan gran dao del rey y de todos los vecinos de esta isla, que no podemos tener indios dndonoslos el rey, que es seor de todas estas Indias? No sabis que los espaoles ganamos estas islas con muchos trabajos y sojuzgando a los infieles que las tenan? Vuestro sermn ha sido tan escandaloso y en tan gran deservicio del rey y perjudicial a todos los vecinos de esta isla, que es preciso que os desdigis de todo lo que habis dicho. Padre, desdgase el prximo domingo de lo que ha predicado en ste. Y si no lo hace, que usted y los dems de la Orden de Santo Domingo aparejen sus cosas para embarcar e irse a Espaa.

Fray Pedro de Crdoba- En eso podremos tener harto de poco trabajo, seor. Porquenuestras alhajas no son sino estos hbitos de jerga basta y unas mantas de la misma jerga con que nos cubrimos de noche. Nuestras camas son unas varas puestas sobre unas horquetas, y sobre ellas unos manojos de paja. Adase lo que toca al servicio de la misa y algunos libros, que pudiera caber todo en dos arcas. Como siervos de Dios, poco tememos que nos pongan delante de amenazas.

Diego Coln- Padre, haga que su predicador torne a mirar lo predicado y, mirndolobien, lo que dijo en el otro sermn lo corrija para dar satisfaccin al pueblo, que est escandalizado. Y si no, nosotros sabremos poner el remedio que convenga.

Fray Pedro de Crdoba- Almirante, el padre Montesinos tornar el domingo a predicary tornar a la materia sobre la que ha predicado, y tratar de satisfacerlos a todos.

Las Casas- Odo esto, el Almirante y los otros principales se fueron alegres con esaesperanza. Y por todas partes dijeron que dejaban concertado con el vicario que el

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domingo siguiente aquel fraile se haba de desdecir de todo lo dicho. Y para or este sermn segundo no fue menester convidar a nadie porque no qued espaol en toda la isla que en la iglesia no se hallase, unos a otros convidndose que fuesen a or a aquel fraile que se haba de desdecir de lo que haba dicho. Llegada la hora del sermn, subi al plpito el padre Fray Antonio Montesinos y empez su retractacin y desdecimiento con una sentencia del libro de Job.

Fray Antonio Montesinos- Repetam scientiam meam a principio et sermones meossine mendatio esse probado. Job, captulo treinta y seis. El domingo pasado os prediqu, y mis palabras os amargaron. Hoy tornar a referir desde su principio mi ciencia, y aquellas mis palabras mostrar ser verdaderas. Todo lo que en el sermn pasado prediqu lo oiris corroborar con ms razones. Como afirm, afirmo que es injusto y tirnico tener a los indios fatigados y opresos. Y tened vosotros por cierto no poderos salvar en este estado, a menos que con tiempo lo remediis.

Las Casas- Estas y otras muchas palabras dijo el dominico, con las cuales hizo a todostemblar las carnes, dejndoles ms atnitos que la primera vez. Acabado su sermn, fray Antonio se fue a la casa de paja de los frailes, mientras todo el pueblo en la iglesia quedaba alborotado, gruendo y muy peor que antes indignado con los frailes, defraudado de la esperanza de que el fraile se retractase de lo dicho. Como si, de haberse desdicho el fraile, hubiera mudado la ley de Dios contra la cual ellos hacan en oprimir a los indios. Pero los que con robos y daos de sus prjimos han subido a mayor estado del que nunca tuvieron, ms duro les parece decaer de l que echarse de grandes barrancos abajo, y no se convierten si Dios no hace grande milagro. Y es muy spero y abominable orse reprender en los plpitos porque, mientras no lo oyen, parceles que Dios est descuidado y que la ley divina es revocada, porque los predicadores callan. De esta insensibilidad, obstinacin y malicia, ms que en otra parte del mundo, tenemos ejemplos sin nmero en nuestras Indias. El caso es que aquellos que as oyeron predicar salieron de la iglesia furibundos y los principales de ellos fueron a reunirse con el Almirante.

Diego Coln- No cuidemos ms de los frailes porque ya hemos entendido que hablar conellos nada nos aprovecha. Escribamos de todo esto al rey en los primeros barcos. Digmosle que los frailes de Santo Domingo que a esta isla han venido escandalizan al

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mundo sembrando doctrina nueva, condenndonos a todos para el infierno porque tenemos los indios y nos servimos de ellos en las minas. El rey sabr qu hacer con estos frailes que obran contra lo que l les tiene ordenado, porque no les mand predicar si su predicacin viene a quitarle el seoro y las rentas que tiene en esta parte.

Las Casas- As que escribieron cartas al rey, que llegadas a la corte toda la alborotaron.El rey estaba viejo y cansado, calidades que, para que entendiese la verdad, no poco desayudaban. Y al rey lo rodeaban hombres que tenan en las Indias servidumbre de muchos naturales, hartos de los cuales haban muerto por sus codicias. Por eso infamaban a los indios y decan cuantos males podan imaginar de ellos, por que pareciese necesario tenerlos en servidumbre, con el pretexto de que as Dios y el rey seran servidos de ellos.

Cortesano- Son todos holgazanes, amantes de la ociosidad

Cortesano- Son iguales que las bestias e incapaces de la fe.

Cortesano- No se saben regir. Han menester tutores.

Las Casas- Como si tantos indios que durante aos poblaron aquellas tierras llenas depueblos y de gentes, teniendo sus propios reyes y seores, viviendo en todo sosiego y prosperidad, aquella que los hombres requieren para vivir y multiplicarse, hubieran habido menester de nuestras tutoras. Las cuales pluguiera a Dios que ni ellos hubieran conocido ni nosotros usado de ellas tan contra justicia, porque tantos de ellos no hubieran perecido en cuerpos y nimas. As hubieran permanecido las multitudes de los pueblos pacficos de las Indias en la gobernacin natural que tenan, cuanto sin fe y conocimiento del verdadero Dios puede tenerse para vivir en paz. Tanto entendimiento tenan las gentes de las Indias cuanto les era necesario para bien regirse, con grandes poblaciones y gran abundancia de provisiones. Las tierras tenan tan felices y abundantes que con muy poco trabajo todo lo necesario alcanzaban, y se ocupaban todo el dems del tiempo en sus cazas y pesqueras y en sus fiestas y bailes. Las gentes de las Indias eran, pacficas, como los mismos que las destruyen publican. Los espaoles los trataron como lobos hambrientos entrando en aprisco de mansas ovejas. En nada nos haban ofendido los indios para que a servidumbre infernal los condensemos como la que don Diego Coln y los otros oficiales les daban en que perecan cada da esas gentes desventuradas, sin que ninguno se doliese de ellos sino en lo que por su muerte se les disminua de

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ganancia temporal. Y se imaginaban que las gentes de las Indias deban de ser manadas de salvajes, como ganado en dehesa, que se podan repartir. Ninguna gente del mundo jams se vio tan intil y holgazana como los espaoles que a las Indias fueron. Y como a gente acostumbrada a poco trabajar, les sobrevino tanta prisa por ser ricos que llevaron a infernales trabajos a los indios como los que se pasan en sacar oro, y los indios fueron forzados a pasar de un extremo a otro, por lo cual se huan a los montes, hombres que haban sido seores de s mismos y de sus casas, y se vean puestos en tantos tormentos y amarguras y en morir para provecho de quienes no tenan otro fin sino haber oro. Eso es lo que los frailes de Santo Domingo con sus ojos haban visto, y lo que en aquel sermn de Adviento fray Antonio Montesinos haba predicado. Pero otros ms propincuos a las orejas del rey le informaban contra los indios, levantndoles infamias, para lo que no les faltaba propsito, que era el de embolsar oro, por lo que los queran tener presos en servidumbre perpetua. La sustentacin de la tirana era el fin que los infamadores favorecan, esperando mantener sus provechos. As que en palacio herva la infamia contra los indios, y por eso la corte fue muy alborotada por aquellas cartas del Almirante y de los oficiales por las que el rey supo que los religiosos de Santo Domingo haban predicado contra la opresin de los indios. Ledas las cartas, el rey hizo llamar al provincial de los frailes en Castilla.

Rey- Padre, los frailes que habis enviado a las Indias me han deservido mucho enpredicar cosas contra mi estado con gran alboroto y escndalo de los espaoles que all estn. Si vos no lo remediis, yo lo har remediar.

Las Casas- Ved cun fciles son los reyes de engaar y cun infelices se hacen losreinos por informacin de los malos y cmo se oprime y entierra que no suene ni respire la verdad.

Fray Pedro de Crdoba- Hermanos, ha llegado en los barcos carta de nuestro hermanoprovincial en Castilla. Dice que el rey est indignado contra nosotros por cartas que le han hecho llegar desde ac dicindole que hemos predicado cosas contra su servicio. Nuestro hermano ruega que miremos bien lo que hemos dicho y que si son cosas de las que conviene retractarse, lo hagamos por que cierre tan grande escndalo como en el rey y en la corte se ha engendrado. Nuestro hermano dice que tiene mucha confianza de

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nuestra prudencia, religin y letras, y se maravilla de que hayamos afirmado cosa en el plpito que no sea digno de nuestro hbito.

Las Casas- Adems de las cartas, el Almirante Diego Coln y los principales de la islaproveyeron de otra industria harto eficaz para contra los frailes, y sta fue la que los demonios tienen muy usada para que su reino prevalezca y el de Cristo y la verdad estn siempre combatidos, y fue enviar frailes contra frailes. En el ao quinientos dos haban ido a la isla religiosos de la orden de San Francisco, cuyo prelado era un padre de presencia venerable, llamado fray Alonso del Espinal. ste era celoso y virtuoso, pero no letrado, ms all de saber lo que comnmente los religiosos saben, y todo su estudio era leer en la Suma anglica para confesar. A este fray Alonso de Espinal persuadieron el Almirante Diego Coln y los principales de la isla que fuese a Castilla para hablar por ellos.

Diego Coln- Usted puede dar a entender al rey lo que los frailes dominicos hanpredicado causando grande escndalo y alboroto en toda la isla e inquietud de las conciencias, contra lo que el rey tiene ordenado de tener los indios y que, tenindolos, se saque el oro de la isla y las rentas se enven al rey. Usted puede suplicar al rey que remedie todo esto.

Las Casas- Aquel padre franciscano fray Alonso del Espinal, con su ignorancia nochica, acept el encargo no advirtiendo que lo enviaban a reforzar el cautiverio y la injusta servidumbre de tantos millares de inocentes. No s yo si la ignorancia del padre lo puede escusar de no ser partcipe de aquellos pecados mortales. No osar afirmar que lo que aqu dir ayudase a aceptar tal encargo, y esto fue que, en los repartimientos de los indios, dieron uno al monasterio de San Francisco de la ciudad de La Concepcin, en la Vega, para con qu se mantuviesen los padres franciscanos que all moraban. Y creo que, pues al de La Concepcin lo daban, que lo debieran de dar al monasterio de la ciudad de Santo Domingo, porque estos dos monasterios haba de San Francisco en isla. Otra casa hubo en la villa de Xaragu, pero slo tena cuatro frailes, y por eso no deban de darles indios. Del repartimiento de indios que dieron al monasterio de la Vega, no los daban a los mismos frailes, lo cual hubiera sido mejor para los indios porque los trataran los religiosos con ms piedad, sino que los daban a un vecino espaol para que se aprovechase de ellos y enviase a los frailes la comida de cada da. Y echaba el vecino los

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indios a la mina, y era fama que le daban cada diez meses cinco mil pesos de oro de las minas. Por manera que, por ttulo de que daba de comer a los frailes, perecan los desventurados de los indios en las minas. No s si, con la simplicidad de aquel padre fray Alonso del Espinal, adems de aquello de tener de esa manera aquellos indios, haba algn ms motivo para que aceptase ser embajador contra los frailes de Santo Domingo. Yo creo que todo lo que aquel padre hizo fue con simplicidad e ignorancia, no advirtiendo en la maldad e iniquidad que contena el mensaje y cargo que sobre s tomaba. Llegando el tiempo de la partida, fray Alonso del Espinal no tuvo necesidad de andar con la alforja a mendigar las cosas que haba menester para su viaje, porque a l se lo aparejaron tal que si el mismo rey se hubiera de embarcar. Porque esperaban los principales de la isla que fray Alonso persuadiese al rey que les dejase los indios en sus repartimentos. Todo su negocio penda de acreditar al padre fray Antonio del Espinal y desacreditar a los dominicos que contra sus pecados haban predicado. Escribieron todos en su favor, hacindolo ya santo canonizado a quien el rey poda dar todo el crdito que a un santo. De los dominicos, en cambio, escribieron que no saban lo que se decan, por no tener experiencia de la tierra ni de los indios. Escribieron a favor de fray Alonso del Espinal y contra los dominicos al obispo de Burgos, don Juan de Fonseca, y a Lope Conchillos, que todo lo gobernaba, y al privado del rey Juan Cabrero, aragons, y a todos los que saban poder ayudarle con el rey, y a los del Consejo real que para las cosas de las Indias se juntaban. Pero los dominicos, viendo la diligencia que todos traan en enviar al padre fray Alonso del Espinal a Castilla para escusar sus pecados contra los indios y culparlos a ellos, trataron qu hacer.

Fray Pedro de Crdoba- Vaya tambin a Castilla el mismo padre fray AntonioMontesinos, porque es hombre de letras, experimentado y de gran nimo, para que d cuenta y razn al rey de su sermn y de las razones que nos movieron a predicarlo. Y ahora, salgamos a pedir limosna por el pueblo para la comida de su viaje.

Las Casas- Bien pueden creer ustedes que los frailes muchos insultos recibieron dealgunos desconcienciados, a pesar de la santidad con que vivan. Pero al fin no faltaron personas cuerdas que les ayudaron para que el padre fray Antonio Montesinos llevase qu comer en su viaje. As es como partieron, cada uno en su navo, el franciscano con todo el favor del mundo, y el dominico desfavorecido de todos pero puesta toda su

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confianza en Dios por las oraciones de los que en la isla quedaban. Llegaron a Castilla sanos y salvos, y furonse cada uno por su camino a la corte. Lleg el primero el padre franciscano fray Antonio del Espinal, y entrado en palacio, recibile el rey como si fuera el ngel San Gabriel que Dios le enviara, por las cartas que desde la isla le haban precedido, y porque el secretario Conchillos y el obispo de Burgos le haban encarecido su persona y autoridad.

Rey- Traedle silla y que se siente. Que siempre que venga a hablarme le traigan silla.

Que siempre se halle en los consejos cuando de materia de los indios se trate.

Las Casas- Conocido por todos los de palacio el favor que el rey daba al franciscano, yque traa la justa demanda de que los indios sirviesen a los espaoles y se sacase el oro de las minas y las riquezas se derivasen de la isla a Castilla, no haba reverencia ni besar de las manos y del hbito que por toda la corte le faltase, ni haba puerta cerrada ni obstculo para que las veces que quisiese hablar al rey hablase. Algunos das despus lleg a la corte el padre dominico fray Antonio Montesinos, que lleg a la puerta de la cmara del rey por hablarle y darle cuenta y relacin de lo que haba predicado y de la crueldad que los indios padecan y acerca de la multitud de ellos que en tan poco tiempo haban perecido. Pero, en llegando a la puerta, le dio el portero con la puerta en los ojos, y con palabras no muy modestas, diciendo que no poda hablar al rey, lo despidi. Y as fue un da tras otro. Adems, sabido por todos en la corte que vena en contrario del franciscano, afirmando que no podan los espaoles tener los indios por ser contra razn y ley divina y violar la natural justicia, todos hablaban de l como inventor de fantasas y escandaloso, y aun algunos telogos y predicadores le dijeron a la cara palabras soberbias y descomedidas, afrentando al dominico como si dejar a los indios en la servidumbre mortfera en que estaban fuese su propio negocio. Es costumbre del mundo, y aun regla general que Dios tiene o permitida o establecida, que todos aquellos que pretenden defender la verdad y la justicia sean desfavorecidos, corridos y perseguidos y tenidos como monstruos entre los otros hombres, sobre todo cuando intervienen la avaricia y la codicia. Por el contrario, los que por ignorancia y simplicidad, o quiz por malicia, son tiles a negocios temporales, aunque rebosen de falsedad y de injusticia, suelen ser estimados, honrados y venerados, y tenidos por cuerdos y prudentes. Tornando al hilo, el franciscano entraba y sala de la cmara del rey cuando quera,

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mientras que al dominico el portero no le dejaba entrar. Un da, saliendo el padre fray Alonso del Espinal de la cmara del rey, se lleg a l el padre fray Antonio Montesinos, al que no dejaban entrar.

Fray Antonio Montesinos- Vos, padre, habis de llevar de esta vida ms que esehbito andrajoso, lleno de piojos, que a cuestas trais? Vos buscis otros bienes ms que servir a Dios? Vos no veis que los tiranos os usan para sustentarse en sus tiranas? Por qu sois contra aquellos tristes indios desamparados? En esto les pagis los sudores de que hasta ahora vos y vuestros frailes habis comido? Vos no habis visto mejor que yo las crueldades de las injustas guerras que contra ellos se han cometido? No habis visto que los matan en las minas y en los otros trabajos con tanto olvido de humanidad que a las mismas bestias no pueden tratar peor? Y pluguiese a Dios que los tratasen como a sus bestias! Por qu, padre, queris perder tantos aos que habis trado a cuestas ese hbito en tanta penitencia y religin, haciendo obra como hacis tan contra justicia y caridad, sirviendo a los que no se hartan de beber sangre humana, no viendo el dao tan manifiesto que hacis a aquellos desventurados que no tienen persona que los defienda?

Fray Alonso del Espinal- Padre, sea por amor de Dios la caridad que me habis hechoen alumbrarme. Yo he andado engaado. Ved vos lo que os parece que yo haga. Yo as lo cumplir.

Fray Antonio Montesinos- Padre, haced que en todas vuestras obras y palabrasdefendis a los indios, y sed siempre contra aquellos pecadores que tanto trabajan por destruir a los indios con sus codicias.

Las Casas- Y desde aquel da el franciscano y el dominico fueron amigos, y quiz elfranciscano hubiera hablado al rey en favor del dominico si antes no hubiera sucedido lo siguiente. Andando un da el padre fray Antonio Montesinos muy afligido y desechado de todos, lleg una vez ms a la puerta de la cmara del rey a rogar al portero.

Fray Antonio Montesinos- Ruego a usted que me deje entrar a ver al rey como entranotras personas, porque tengo cosas de que informarle que tocan mucho a su inters.

Las Casas- El portero, lo que otras veces sola hacer con l, hizo. Pero abri la puerta aotro visitante no cuidando que el fraile a tanto se atrevera, y el padre fray Antonio, con

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gran mpetu, entr en la cmara del rey, a pesar del portero, y se hall casi junto al estrado del rey.

Fray Antonio Montesinos- Seor, suplico a Vuestra Alteza que tenga por bien darmeaudiencia, porque lo que tengo que decir son cosas muy importantes a vuestro servicio.

Las Casas- Y ya iba el portero a echar de la cmara al fraile cuando el rey dijo:

Rey- Decid, padre, lo que queris.

Fray Antonio Montesinos- Vengo a testificar muchas y grandes tiranas que he visto endestruccin de las gentes de la Espaola. Llevo aqu un pliego de las injusticias que se han hecho, en las guerras y fuera de ellas, en los indios vecinos de la isla, donde hemos bien visto los pecadores que las han perpetrado. Traigo noticia de los trabajos, sudores y muertes de los indios, y del menosprecio que les sucede por su gran paciencia, humildad y mansedumbre y por la grande soberbia e inhumanidad de los espaoles. Traigo escritas las infamias que les hacen, despus de las matanzas de las guerras, en las minas y en otros trabajos. Y la falta de mantenimientos y de salud corporal y de cura en las enfermedades. Y cmo las mujeres que se sienten preadas toman hierbas para echar muertas a las criaturas por no verlas en tan infernales trabajos. Y cmo los indios, estando en sus casas sin ofender a ninguno, los espaoles entran y les toman las mujeres y las hijas y los hijos para servirse de ellos, y a ellos les hacen muchos agravios y violencias. Por las cuales violencias los indios, no pudindolas sufrir, hyense a los montes, y, cuando encuentran algn espaol, mtanlo como a enemigo. Los espaoles van luego a hacerles la guerra, y para meterles el temor en el cuerpo, hacen de ellos, desnudos, en cueros y sin armas, estragos nunca odos. Cortndolos por medio, haciendo apuestas sobre quin le corta la cabeza de un piquete, qumanlos vivos y hcenles otras crueldades. Una vez, estando unos espaoles cabe un ro, tom uno de ellos un nio de dos aos y echlo por encima de los hombros en el ro, y porque el nio no se hundi en seguida, sino que estuvo encima del agua un poquito, volvi la cabeza y dijo: An bulls, cuerpo de tal, bulls?.

Rey- Esto es posible?

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Fray Antonio Montesinos- As ha pasado y pasa. Pero como Vuestra Alteza es piadosoy clemente, no se le parece que haya hombre que tal pudiese hacer. Vuestra Alteza manda que se hagan esas cosas? Bien soy cierto que no lo manda.

Rey- No, por Dios, ni tal mand en la vida.

Fray Antonio Montesinos- S que os lastima or cosas tan inhumanas. En este pliegorefiero adems que no hay en los espaoles ningn cuidado de dar a los indios conocimiento de Dios, ni se considera sus nimas ms que si fueran animales. Decir que esas gentes son incapaces de la doctrina y de la fe es contradecir a la bondad y omnipotencia del Hacedor. Alteza, las gentes infieles deben ser tradas a la fe con dulzura y amor y libertad, y no con aspereza y tormentos. La servidumbre que esas gentes padecen es condenada por Dios. Os suplico que os apiadis de ellos y mandis poner remedio antes de que todos los indios se acaben.

Las Casas- El rey qued en silencio. Al cabo, se volvi a sus consejeros y dijo:

Rey- Informaciones se me han dado de las cosas de las Indias por religiosos que hanestado en aquellas partes, as de San Francisco como de Santo Domingo. Odo lo que nos quisieron decir, os encargo que redactis leyes para el gobierno de las Indias. Considerad, lo primero, que los indios son libres y nosotros los mandamos tratar como a libres. Lo segundo, que hay que cuidarse de la salvacin de esas gentes, de modo que sean instrudos en las cosas de nuestra santa fe catlica. Lo tercero, que, si son puestos a trabajar, que el trabajo sea de tal manera que no sea impedimento a la instruccin de la fe y sea provechoso a ellos y al rey. Lo cuarto, que por este trabajo se les d salario conveniente, y que sea tal que ellos lo puedan sufrir, dndoles tiempo para recrearse. Lo quinto, que tengan casa y hacienda propia, y se les d tiempo para que puedan labrar y conservar la dicha hacienda a su manera. Considerad tambin si son obligados los espaoles que de los indios se han servido a restitucin de lo que con ellos han adquirido, y de los daos que los indios han por ello recibido.

Las Casas- Pero quin, aunque el rey les ayudara con su estado, pudiera restituir losdaos padecidos por aquellos que perecieron en los amargos trabajos de las minas? Y quin sacara el oro si a los indios se les trataba como a libres? El testimonio de Fray Antonio Montesinos fue impugnado por los consejeros del rey, que ms quisieron escuchar a otros que hablaron a favor de sus propias codicias. Mucha fue la ceguedad o

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malicia de los del consejo, que al constituir las leyes escucharon a los interesados en los sudores de los indios y les dieron ms crdito que al dominico, el cual los conoca y no pretenda inters temporal alguno sino defender a aquellos inocentes, del todo desamparados por la codicia de los de nuestra nacin. Y es que la verdad siempre tiene muchos contrarios, y la mentira muchas ayudas. Habidas todas las falsas informaciones que fueron escuchadas frente a la cierta del padre Montesinos, se dieron leyes llenas de injusticia, y cun indigno fue que mano real las firmase. Las leyes que se hicieron sobre las Indias fueron contra todo derecho natural, divino y humano, y todas trajeron males y daos a sus gentes y fueron causa de su acabamiento. No fueron leyes del rey, sino antes de los enemigos de los indios que estaban en la corte. En ellas estaba la perdicin de los indios, condenndolos a perpetua servidumbre, porque se puso en ley el infernal repartimiento bautizado con nombre de encomiendas. Y bien puedo llamarlo infernal, porque yo mismo tuve un repartimiento de indios a los que enviaba a las minas a sacar oro, y slo comenc a considerar la miseria que padecan aquellas gentes al or lo predicado por los religiosos de Santo Domingo. Ellos me abrieron los ojos a los daos que se les haca a esas gentes manssimas, y orlos me determin a dejar mi encomienda y a denunciar las encomiendas como injusticias. Renunci a mis indios y prediqu a los espaoles cmo no podan salvarse teniendo a los indios repartidos y la obligacin a restitucin que tenan. Pero los espaoles me miraban como si soaran oyendo cosas tan nuevas como que era pecado tener los indios a su servicio, como si les dijera que no podan servirse de las bestias del campo. Y las leyes que vinieron de Castilla, en lugar de desterrar aquella manera de servirse de los indios, por desptica y de esclavos y no de gentes libres, cuidaron que los indios no saliesen del poder de los espaoles sino que los repartimentos se perpetuasen. Se alegaron necesidades de los indios para tenerlos repartidos, la primera que era preciso para educarlos en la fe, ignorando que era tenerlos repartidos la raz de la llaga mortal que mataba a los indios y que, esto supuesto, ningn remedio haba para que no muriesen y las tierras se yermasen. Se dispuso que los indios fuesen sacados de sus tierras a otras que estuviesen cerca de los pueblos de los espaoles, para hacerlos cristianos, pero todo fue hecho para inters de los espaoles destruidores de los indios. Se sacaron de su naturaleza hombres donde haban estado desde millares de aos, haciendo de los pueblos pedazos, llevndolos de las tierras y casas donde haban nacido y se haban criado, desparcindolos sin hacer cuenta que el hijo fuese con el padre

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ni la mujer con su marido, pues un espaol llevaba los padres y otro las mujeres y otro los hijos. Mand la ley que para cada cincuenta indios se hiciesen cuatro casas de paja, de treinta pies de largo y quince de ancho, que no menos se les pudiera dar si fueran ovejas o vacas, y las casas las hacan con sus sudores los malaventurados. Trabajaban en sacar el oro, y cuando no, en la labranza que haban de comer y en fundir el oro que haban sacado. Por comida les daban pan cazab, que no tiene ms sustancia que hierbas, que era como darles paja. Los desventurados cavando y trabajando todo el da sin descansar y comiendo slo hierbas y races asadas o cocidas, enfermaban y no los curaban. Incluso la mujer preada trabajaba, conforme a la ley, hasta cuatro meses en las minas haciendo montones, que son trabajos para gigantes, y el resto del tiempo hasta echar la criatura trabajaba en labranzas. Puestos en tan desproporcionados trabajos y tan injustas condiciones, les era imposible a los indios durar mucho tiempo. As que las leyes del rey llevaron a las Indias ms daos y ms muerte. De suerte que en pocos aos de haber llegado all los espaoles, ya haba la mayor parte de la gente perecido. Porque de los espaoles todo su fin no era sino amontonar oro, y el efecto de sacar el oro fue una gran hecatombe de indios. De nada vali, en fin, que los frailes de Santo Domingo alzasen su voz, porque su voz fue voz en un desierto.

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