Todo en la vida son mentiras

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Todo en la vida son mentiras

Pilar Murillo

REPARTO

Ana

Susy

Toñi

Jose

Comisario García

Un policía.

DECORADO: Toda la obra se desarrolla en el salón de un piso de estudiantes. Dos puertas en el lateral derecho, la del primer término es la de la calle, la del segundo la habitación de Ana. En lateral izquierdo otras dos puertas, la del primer término da a la cocina, la del segundo término es la que da al baño y a la habitación de Susy. Una quinta puerta en el centro del foro que es la habi­tación de Toñi. En el centro del escenario una butaca, un tresillo, una mesita. En el foro hacia la derecha un equipo de música, una librería y una camarera con bebidas alcohólicas. Teléfono. Lados los del espectador. Época actual.

ESCENA I

(Música de Janis Joplin como ambiente. Ana está sacando cosas de las cajas, se ve que se acaba de instalar. Suena el timbre, va hacia la puerta de la calle, sale de escena.)

TOÑI: Buenas... Venimos por lo del anuncio.

ANA: (Despistadísima.) ¿El anuncio?

TOÑI: (A Susy.) Ya te dije que no era aquí...

SUSY: Sí es...

TOÑI: Perdona, ¿tú has puesto en el periódico que necesitabas una chica para compartir alquiler?

ANA: (Sonriendo.) ¡El anuncio! Sí, sí, es aquí, perdonadme, no esperaba a ... nadie tan pronto; pero adelante, pasad. (Pasan a escena y vemos a dos chicas de edades parecidas a la de Ana, 20 y 22 años, dos hippys modernas.)

TOÑY: En el anuncio mencionabas que buscabas una chica. ¿Te importa que seamos dos?

ANA: La verdad... no sé...

TOÑY: No vamos a molestar mucho, o sea, quie­ro decir que no vamos a estar todo el santo día en casa.

ANA: (Sonríe.) Sí, sería muy aburrido. Bueno, os enseñaré lo que es el piso y luego habla­mos. Como veis esto es el salón comedor.

SUSI: ¡Qué bien! Veo que está amueblado.

ANA: Sí, es lo mejor ¿no? Así cuando se acaba el contrato no tengo más que llevar mis cosas personales ¿no crees? (Susy asiente con la cabeza.)

TOÑI: Perdona, no nos hemos presentado. Me llamo Toñi. (Ana va hacia ella y le da dos besos.) Y mi amiga es Susy.

SUSY: (Tímida.) Encantada. (Le tiende la mano.)

ANA: (Le da la mano.) Soy Ana. (Le da dos besos.)

SUSY: (Tímida.) ¿Podemos ver el resto?

ANA: ¡Claro! (Indica que pasen más adelante.) Ya os dije que esto es el salón comedor.

SUSY: (Se fija en los cojines del tresillo.) ¡Me encantan estos cojines!

TOÑI: Sí, Susy siempre ha sido muy cojinera...

ANA: (Ríe.) ¿Cómo dices que es?

TOÑI: (Sonríe.) Cojinera... Es un juego de pala­bras, ¿lo entiendes?

ANA: Sí, sí, lo entiendo...

SUSY: Toñi, no tienes arreglo...

ANA: (Haciendo de guía turística.)  Ésta es la puerta de mi habitación. (Abre la puerta y Toñi y Susy asoman la cabeza.)

SUSY: ¡Muy amplia!

TOÑI: Sí, y muy bonita... ¿Y ese cuadro de la cabecera?

ANA: Mi hermano, que le encanta pintar, aunque sólo me gustan a mí.

TOÑI: (Disimulando.) Pues es muy original.

ANA: (Se ríe.) ¿El cuadro o mi hermano?

TOÑI: Por supuesto que tu hermano, el cuadro ya se entiende que es un original.

ANA: Sí, a ver quién iba a copiar semejante belle­za. (Se ríen las tres, mientras Ana les lleva a la puerta de al lado y la abre.)

TOÑI: (Asomándose.) Ésta será mi habitación. (Desaparece por la puerta.)

SUSY: (Desde el marco de la puerta.) Creo que es mejor que no adelantemos aconteci­mientos. (Sale Toñi.)

TOÑI: ¿La quieres para ti? (Susy niega con la cabeza.)

ANA: Quizás a lo que se refiere tu compañera...

TOÑI: Susy.

ANA: Eso es, Susy tal vez se refiera a que espe­res a ver todo el piso y sepas las condicio­nes.

SUSY: Sí, a eso me refería.

ANA: (Sigue enseñando el piso.) Y por aquí se va a la otra habitación. El baño esta en esa puerta de la derecha.

SUSY: (Desapareciendo.) Esta habitación me encanta. Es exactamente igual que la de Ana y también tiene balcón

SUSY: (Sale a escena.) ¿Ves? Hay que mirarlo todo.

ANA: Y esta es la cocina.

TOÑI: ¿Ya está? Bueno, pues nos gusta. ¿Qué más hay que decir?

ANA: Sentaos. (Ellas lo hacen.) Pues lo que queda es la parte más desagradable. Espero que entendáis que os pregunte algunas cosillas

TOÑI: Sí, adelante. (Ana mira a Susy.)

SUSY: Por mí, de acuerdo.

ANA: Bien, pues allá va la primera: ¿de dónde sois?

TOÑI: De Avilés.

ANA: ¿Las dos?

SUSY: Sí, yo también soy de allí.

ANA: La última vez que estuve en Avilés fue en los carnavales pasados.

SUSY: ¿En el descenso de Galiana?

ANA: Sí. La gente se divierte, pero a mi todo eso de que te mojen en pleno febrero... ¡uf!, ¡con el frió que hace en Asturias!

TOÑI: ¿No te gusta? (Ana niega.) Pues precisa­mente eso es lo que divierte.

ANA: Bueno, ¿y cómo es eso de veniros a Oviedo?, Avilés está lo bastante cerca como para regresar en el mismo día.

TOÑI: Es un palo estar en carretera; pierdes mucho tiempo de estudio.

SUSY: Yo empiezo mañana a trabajar en Hipercor.

ANA: ¿Eres cajera?

SUSY: Sí.

ANA: ¡Vale!, pues sólo me queda deciros el pre­cio.

SUSY: ¿Es mucho?

ANA: 50.000

SUSY: (Mirando a Toñi.) Es demasiado para mí.

TOÑI: ¿Cincuenta mil entre tres? Susy, por favor...

ANA: (Sonríe.) Claro, toca a...

SUSY: ...unas 16.000 y pico.

ANA: También está el agua, la luz y la comunidad.

TOÑI: Cada una ponemos veinte mil y de ahí se saca el dinero para todo.

ANA: Tendré que confiar en vosotras.

TOÑI: No te queda más remedio. Por cierto noso­tras tampoco te conocemos...

ANA: Soy de León.

TOÑI: ¿Qué haces?

ANA: Estudio. Psicología.

TOÑI: ¿Te gusta saber la vida de los demás?

ANA: A veces; pero no os preocupéis, seré total­mente profesional.

TOÑI: Yo no entiendo mucho de eso, trato de empezar Económicas.

SUSY: No te va a faltar trabajo como psicóloga, la mitad de la gente está loca.

ANA: No; yo creo que todo el mundo tiene pro­blemas, pero no todos se vuelven locos...

TOÑI: ¿Por qué no dejamos el tema y nos vamos a por nuestras cosas? (Susy mira para Ana con una pregunta.)

ANA: Cuando queráis...

SUSY: Entonces estaremos aquí en un par de horas.

TOÑI: Ya sabes, esa será mi habitación.

ANA: (Sonriendo.) Yo ya elegí.

SUSY: Yo me quedo con la otra. Seré la primera en entrar al baño.

ANA: No lo había pensado...

SUSY: Oye, no me importa cambiártela.

ANA: No tranquila, ya elegí y tengo mi ropa orde­nada en el armario.

TOÑI: ¿Me la quieres cambiar a mí?

SUSY: ¿Nos vamos?

TOÑI: Sí, anda, hazte la sueca...Venga, vamos.

(Se levantan y se van hacia la puerta de la calle.)

SUSY: (Saliendo.) ¡Hasta luego!

TOÑI: Enseguida volvemos.

ANA: Os espero.

TOÑI: (Saliendo.) ¡Hasta luego!

ANA: ¡Hasta luego! (Sonriendo, pone música, sube el volumen. Satisfacción, relax.) (OSCURO.)

ESCENA II

(Se ilumina la escena. Ana lee muy atenta un libro sentada de mala manera en la butaca. Suena en la cocina el portero automático, se sobresalta, pero sin exagerar.)

ANA: ¡Susy! ¿Estás en la cocina?

SUSY: Sí. (Pausa. Susy sale por la izquierda y Ana nota su presencia, mira para Susy y se pone en pie.)

ANA: Creí que se trataba de los repartidores de propaganda.

SUSY: No, no son ellos, vuelve a sentarte que ya abro yo. (Sale por la derecha y entra ense­guida con una caja de pizza.)

ANA: ¿No le tocaba a Toñi hacer la cena?

SUSY: ¿Todavía no la conoces?... Te gusta la de atún, ¿no?

ANA: ¡Me encanta!

SUSY: Me acordé. He pedido una que nos gusta­se a las tres... La va a pagar ella, eso está claro.

ANA: ¿Qué hace tanto tiempo en su habitación?

SUSY: Hibernando.

ANA: ¿Tiene complejo de oso o qué? (Ríen.)

TOÑI: (Saliendo de su habitación.) ¿Llegó la pizza?

ANA: ¿La has olido? ¡Tía, qué fuerte!

TOÑI: (Con los brazos en forma de relajación budista.) Estaba meditando y oí el timbre, muy lejano, eso sí.

ANA: Nada, que la has olido. (Ríe.) ¡Menudo olfa­to!

SUSY: De oso hambriento.

ANA: De osa, Susy...

TOÑI: (A Ana:) ¿Y tú qué haces con ese libro? (Ana reacciona.)

SUSY: ¿No la ves? Escucha música... ¡Tienes cada pregunta... !

TOÑI: Ya sé que lee, pero nunca la había visto ahí, tirada como una marmota.

ANA: Hoy va de animales...

TOÑI: ¿Cómo dices?

ANA: Tú una osa, yo una marmota... ¿Y Susy? ¿Qué es Susy?

TOÑI: Una ardillita...

ANA: (Ríe.) ¡Qué bonito!

TOÑI: ¿Os dais cuenta de las tonterías que esta­mos diciendo?

SUSY: ¿Y quién nos prohíbe decirlas?, es más, ¿quién nos escucha ahora mismo?

ANA: (Suspira.) En estos seis meses me habéis hecho creer que la amistad existe... y os admiro por ello.

TOÑI: ¿A nosotras?

ANA: ¿Por qué no?

TOÑI: Porque las mejores amigas van a tener una pelea de cojines. (Se tiran cojines entre las tres, un momento divertido y de risas. Ana y Toñi se miran con complicidad.)

ANA-TOÑI: ¡A por Susy! (La tumban en el suelo, le hacen cosquillas.)

SUSY: (Riéndose.) ¡Basta, basta!

TOÑI: (Logra ponerse en la barriga de Susy.) Ana, sujétale los brazos. ¡Vamos a hacerle el suplicio chino!

SUSY: No, el suplicio chino no, que ya me duele el estomago. (Ana le está sujetando los bra­zos y continúan las risas.)

ANA: (Soltando a Susy y apartando a Toñi.) Ya vale, que se está poniendo morada.

TOÑI: Sé que le gusta...

ANA: (La aparta.) Pero es que ya está morada. Eres igual que una niña.

TOÑI: (Apoyándose en Ana.) Sólo se trataba de un juego. (Ana le tiende la mano y Susy se levanta.)

SUSY: ¡Un juego pijo!

TOÑI: Hemos jugado más veces y has tenido más de un...

SUSY: ¡Cállate!

TOÑI: Más de un momento para defenderte.

SUSY: (Tímida.) Pero ahora erais dos...

TOÑI: Está bien, olvidémoslo comiendo la pizza de la paz.

SUSY: Me debes 1.400 pelas.

TOÑI: (A Ana:) ¿Has visto qué morro? (Ana se encoge de hombros.)

SUSY: ¡Morro! Tú me mandaste pedir la pizza. La he pagado con mi dinero, no te has moles­tado en recogerla porque estabas ocupadí-sima en tu habitación haciendo ¿qué?... ¿Tengo yo morro? Di, ¿lo tengo?

TOÑI: ¡Vaya, no aguantas una broma! (A Ana.) ¡Cómo se ha puesto!

SUSY: Es que tú le sacas el genio hasta a un perro San Bernardo.

TOÑI: Voy a por el dinero.

SUSY: No lo quiero.

TOÑI: Es tuyo

ANA: (Se levanta y hace un gesto con las manos.) ¡Tiempo muerto! ¡Voy a por un cuchillo!

SUSY: ¿Nos vas a asesinar?

ANA: ¿Partimos la pizza con las manos?

SUSY: ¡Qué asco!

TOÑI: Ya voy yo. (Hace mutis por la izquierda.)

ANA: (Se sienta.) No insisto. Ya nos lo decía mi madre a mi hermano y a mí: "se empieza jugando y se acaba llorando".

SUSY: ¿Llorar? Cuando me estabais haciendo cosquillas me salían unos lagrimones...

ANA: Te pusiste tan morada que creí que te iba a pasar algo.

(Sale Toñi con el cuchillo.)

SUSY: A veces Toñi es un poco bruta.

(Toñi empuña el cuchillo y reproduce la célebre música de la película "Psicosis".)

ANA: ¿Qué haces?

TOÑI: (Acuchilla la pizza.) ¡La he matado!

ANA: Estás un poco... (Hace el gesto de loca con su dedo índice en la sien.)

TOÑI: ¡Por un trozo de pizza!

SUSY: (Levantándose.) A partes iguales ¿eh? (Va hacia la cocina.)

TOÑI: ¿Dónde vas?

SUSY: (Desde la puerta izquierda.) ¿Alguien quiere coca?

ANA: ¿De esnifar? (Complicidad, risas con Toñi.)

TOÑI: A mí una rayita.

SUSY: Desde luego, hoy estáis de un tonto subi­do. Si queréis refrescos me lo decís o vais a por ellos.

TOÑI: Vale, tráeme una.

ANA: Y a mí, por favor.

SUSY: A la orden. (Hace mutis.) (OSCURO.)

ESCENAIII

(Luz tenue. Se ve una rayita de luz por debajo de la puerta de la habitación de Toñi. Risas y mur­mullos de Toñi y Susy. Sale de su habitación Ana en pijama, andando de puntillas, sonríe y va con su almohada bajo el brazo. Llega ante la puerta de Toñi, va a abrir, vacila un poco, pero la abre.)

ANA: ¡Tachánnnnn! (Se le corta la sonrisa, le cae la almohada al suelo.) Perdón. (Recoge la almohada y va a sentarse protegiéndose con ella. Se ilumina por completo el esce­nario. Sale Susy de la habitación de Toñi. Se dirige hacia Ana, vacila en ponerle la mano sobre el hombro, no lo hace.)

SUSY: ¿Puedo sentarme a tu lado? (Susy se sienta. Ana no la mira.) Lo siento.

ANA: (Pausa.) ¿Por qué?

SUSY: Debimos decírtelo desde el principio.

ANA: No, debí de darme cuenta yo. (Pausa.) Ahora lo entiendo.

SUSY: ¿Entonces por qué te has puesto así?

ANA: (Pensativa, transición, como para ella.) ¿Por qué? Porque soy gilipollas. Sólo por eso. Creí que simplemente erais buenas amigas, ahora ya no veré a dos amigas jugando a darse toques en el culo o caricias tiernas (sonríe) o peleas de cojines...

SUSY: Las peleas de cojines son para las tres.

ANA: Ya no.

SUSY: ¿A qué tienes miedo?

ANA: No sé, la escena que vi... ha durado un segundo. Mi cerebro aún tiene esas imáge­nes y con eso me vale.

SUSY: Y no lo aceptas.

ANA: (Pausa.) Sí (reflexiona), lo acepto pero jamás había tenido amigas...

SUSY: Te recuerdo que estás estudiando Psicología.

ANA: (Seria.) Sí, me lo tengo que plantear de otra forma... No lo entiendo, seis meses compar­tiendo un hogar y... qué poco tiempo ha sido, que no conocemos nada nuestras vidas.

SUSY: ¿También tienes secretos?

ANA: Como todo el mundo.

SUSY: Nosotras no quisimos mentirte, surgió de esta forma. Determinada gente nos obliga a esconder lo que somos.

ANA: No tenéis seguro lo que queréis.

SUSY: Yo sí, es ella la que a veces duda.

ANA: Tampoco se trata de que os colguéis un car telito del cuello... (Pausa.) Yo también escondo algo.

SUSY: Pues déjalo escondido si quieres.

ANA: No, ya no quiero, pero es...

SUSY: ¿Difícil de contar?

ANA: Sí... ¿Estás enamorada?

SUSY: ¿Amarla? Por encima de todo.

ANA: Entonces comprenderás mejor lo que voy a contarte.

SUSY: ¡Venga!

ANA: Tenía 18 años, por lo tanto no ha pasado demasiado tiempo.

SUSY: Desahoga, éste es el momento, te escu­cho.

ANA: Yo salía con un chico un poco mayor que yo, ¡estaba buenísimo! (Mira al vacío.) Era tan bueno conmigo... pasábamos tan bue­nos momentos... supuse que él sentía lo mismo que yo, pero nunca me dijo "te quie­ro", con hacérmelo sentir bastaba. Un mal­dito día alguien me dijo que lo vio con una rubia bastante llamativa.

SUSY: Ropa ajustada, tinte de bote y tetas de relleno.

ANA: Sí, de esas.

SUSY: Ya...

ANA: ¿Qué tenía ella que no tuviese yo?

SUSY: Todo eso que te dije antes. (Ríen.)

ANA: Le dije a Carlos lo que me habían contado. Lo negó y cambió de tema, pero las dudas ya me picoteaban en el cerebro.

SUSY: ¿Te picaría la frente?

ANA: Sí, la frente... Nos invitaron a una fiesta en una casa.

SUSY: Estilo americano

ANA: Sí, pero en el garaje.

SUSY: Entonces estilo España años 60. ¿Qué pasó?

ANA: Tenía que estudiar y le dije a Carlos que no podía ir. El me dijo que si yo no iba, él tam­poco. Le creí.

SUSY: ¿Por qué?

ANA: No sé... Una amiga me llamó para que fuese a la fiesta y de una vez abriese los ojos a la realidad. No lo quise entender. Me lo pensé mejor, me preparé y me fui hasta allí: de todas formas ya no podía estudiar... Cuando llegué ¡Dios!, al primero que vi fue a Carlos abrazado a la rubia y comiéndole la oreja. (Pausa.)

SUSY: ¿Te quedaste?

ANA: ¿Bromeas? Me fui corriendo y alguien me alcanzó. Era él con su cara desencajada, que pretendía pedirme perdón. Le dije de todo y terminé dándole una buena bofetada.

SUSY: ¡Bien hecho! ¿Ese es tu gran secreto?

ANA: Eso fue el detonante. Me llamó durante unas semanas, hasta que se cansó de mí dedicándose de lleno a la rubia. Yo amaba a Carlos, y ahora me sentía tan sola... Intenté suicidarme en dos ocasiones.

SUSY: ¡Ostras!

ANA: Pero estoy aquí. Más tarde intenté matarle.

SUSY: ¡Qué!

ANA: Le atropellé en un paso de peatones con el coche de mi padre, nada grave. Le pude haber matado. Mi abogado alegó enajena­ción mental transitoria por desengaño amo­roso y me internaron unos meses en un psi­quiátrico.

SUSY: ¿Has estado en un manicomio? ANA: Llámalo como quieras, a mí esa palabra no me gusta nada, suena a estar totalmente loca y yo sólo estuve un poco enferma. Cualquiera en mi lugar hubiera hecho algo parecido.

SUSY: Bueno, no todo el mundo va atropellando a sus ex novios.

ANA: Sí, eso fue muy duro, por eso prefiero no hablar de ello. Ya sabes mi secreto.

SUSY: ¿Por eso nada de tíos en el piso? (Ana asiente.) Pues es un buen momento para intentar descubrir el cambio en ti.

ANA: (Reproche.) Yo no soy como vosotras...

SUSY: Ya lo sé, conmigo puedes estar tranquila. Lo que yo quería decir es que vuelvas a intentar confiar en los chicos. No todos los tíos son tan cerdos como Carlos.

ANA: ¿Y me lo dices tú?

SUSY: (Se ríe.) Cuando tenía doce años me gus­taban los hombres y tengo buenos amigos, ¿qué te crees?

ANA: Claro, no lo dudo. Creo que me voy a la cama, ahora estoy mejor. (Se levanta.) Hasta mañana. (Hace mutis. Sale Toñi.)

TOÑI: ¿Cómo estaba? ¿Qué le has contado?

SUSY: Está bien, se ha quedado un poco sor­prendida pero es normal, después de la escena que ha visto.

TOÑI: (Se ha sentado al lado de Susy.) ¿Y qué piensa de nosotras?

SUSY: (Abrazada a Toñi.) ¿Qué importa lo que ella piense ni lo que nadie piense?

TOÑI: (Quitándole los brazos.) Sí que importa, a mí me importa. Debimos haberlo dejado hace tiempo...

SUSY: ¿Qué te pasa? ¿No estás contenta? Ella nos acepta.

TOÑI: Sí, claro.

SUSY: Lo dices con aire de fastidio... Sabes de sobra que tenemos amigas que no son...

TOÑI: Pero no viven aquí. Ana se arriesga a que sea considerada como una de nosotras. Creo que deberíamos pasar del rollo

SUSY: (Enfadada.) ¡Muy bien, si quieres pasar, pasamos! Ya sabes que siempre hago lo que tú quieres, pero te conozco, deberías conocerte tú también. Los sentimientos no te los va a quitar nadie y lo malo es que a mí tampoco. Tú irás de brazos en brazos, sea con quien sea, y yo... (Llora.)

TOÑI: Vamos, no llores. Pensándolo mejor no debería importarme si a ella no le importa. ¿Es normal que Ana nos acepte?

SUSY: Hace seis meses que vivimos con ella.

TOÑI: Y en ese tiempo ningún tío, y no trajo a nin­guno aquí.

SUSY: Fue una norma. Nada de tíos ¿lo recuer­das?

TOÑI: ¿Por qué?

SUSY: ¿Qué insinúas?

TOÑI: ¿Te has fijado como me mira?

SUSY: Me he fijado en como la miras tú desde el primer día.

TOÑI: ¡No digas pijadas!

SUSY: Claro, quieres dejarlo conmigo ahora que Ana sabe que te gustan las tías. Te has fabricado tu propia película entre ella y tú y quieres tener el terreno libre para estar con ella ¿me equivoco?

TOÑI: ¡Completamente!

SUSY: Hoy es Ana, el mes que viene Laura y puede que entre ellas estés con algún Pedro.

TOÑI: ¿Ahora me vienes con esas? Lo de Pedro fue que me emborraché.

SUSY: (Fuera de sus casillas.) ¿Por qué no reco­noces de una puta vez que no sabes lo que quieres? ¡Decídete por algo y por alguien!

TOÑI: Baja la voz y no sueltes tacos.

SUSY: (Con voz más baja.) Tengo que soltarlos, para eso están. (Pausa.) ¿Vas a hacer algo?

TOÑI: ¿Algo como qué? SUSY: Como seducirla.

TOÑI: Susy, Susy. (Susy le da la espalda.) ¿A dónde vas?

SUSY: (Dirigiéndose a la izquierda). Me voy, tengo que dormir.

TOÑI: Que duermas bien.

SUSY: Lo intentaré. (Hace mutis por la puerta izquierda).

TOÑI: (Dando tres patadas en el suelo.) ¡Mierda, mierda, mierda! (OSCURO.)

ESCENA IV

(Se ilumina la escena. Toñi sale de su habitación despeinada, sale de escena por la izquierda. Por la puerta de la calle, entra Ana con bolsas de compra.)

ANA: ¡Hola! ¿No hay nadie?

TOÑI: (Voz en off.) Sí, estoy en el baño.

ANA: Voy a dejar las bolsas en la cocina.

TOÑI: ¿Qué dices?

ANA: (Dirigiéndose a la cocina, por donde hará mutis.) Que voy a dejar la compra en la cocina.

TOÑI: (Saliendo a escena.) ¿Te ayudo?

ANA: (En off.) No.

TOÑI: ¡Vale!, (Se va hacia el equipo de música y pone algo de The Doors, muy alto.) ANA: (Saliendo a escena.) ¡Vivan los sordos!

TOÑI: ¿Qué? (Baja el volumen.)

ANA: Nada, solo dije que vivan los sordos.

TOÑI: ¿Estaba muy alta la música?

ANA: Sí, un poco. (Toñi coge una revista.) Luego coloco la compra, ahora no me apetece. (Pausa.) Fui a Hipercor y vi a Susy.

TOÑI: (Sin levantar la mirada de la revista.) ¿Y?

ANA: La encontré muy rara.

TOÑI: (Seca, quita la música, y se va a sentar al sofá.) Yo soy rara, tú eres rara, ella es rara, vosotras sois raras...

ANA: Y ellas son raras. Y después de conjugar el presente del verbo más raro, ¿puedes decirme qué os pasó? (Suena el teléfono. Toñi lo coge.)

TOÑI: ¿Sí?... Sí, ahora mismo. (A Ana.) Para ti. (Le tiende el auricular.)

ANA: (A Toñi.) Salvada por el teléfono. (Se sienta al lado de Toñi, ésta se levanta para ir a ser­virse un martini blanco.) ¿Diga?, ¡Ah! ¡Yoli! ¿Qué tal estás? ¿Escuchaste el mensaje que te dejé en el contestador?... Nada, sólo era para salir con vosotros... ¡Estupendo! entonces cuenta conmigo... Sí, he tenido suerte, seguiré trabajando todo el verano... De lo mismo... Sí, en la biblioteca. Algún que otro fin de semana veré a mis padres. (Toñi, después de estar pensativa con la copa en la mano se sienta al lado de Ana.) Me encantaría, ya sabes que aún no conozco totalmente Asturias. ¿Y cuándo sería?... Sí, el sábado por la noche me viene perfecto ¿A una fiesta?... Me apunto. Necesito divertirme y evadirme un poco de aquí... No, todo va bien, pero es bueno cambiar ¿no?... ¿Me recoges tú?... ¿Verdicio? No, no me suena.

TOÑI: Es un pueblo cerca de Avilés.

ANA: (Al teléfono.) Espera un momento. (A Toñi.) ¿Qué dices?

TOÑI: Conozco el pueblo. Tiene una playa muy bonita, pero...

ANA: (Al teléfono.) Dice Toñi que lo conoce. El sábado a las 9... ¡Vale, adiós!

TOÑI: ¿Vas a ir?

ANA: Claro.

TOÑI: Está muy lejos de aquí y te da miedo la autopista de noche.

ANA: Así que algo nos conocemos... ¿Te preocu­pas por mí?

TOÑI: (Melosa.) ¿Y por qué no?

ANA: (Con retintín.) Porque soy mayorcita...

TOÑI: La carretera está llena de curvas, hay pre­cipicios y la playa es la más peligrosa del norte.

ANA: ¿Qué te pasa? No eres mi madre. ¿Quieres que juguemos a las madres?... ¿Por qué te levantas de la cama a las tres de la tarde? ¿Por qué bebes alcohol nada más levantar­te? (Toñi mira al suelo. Transición.) Lo sien­to, hoy estoy que no me conozco.

TOÑI: A mí también me pasa. (Pausa.)

ANA: Yo...no quería molestaros.

TOÑI: ¿Cuándo?

ANA: Ayer... Espero que la discusión no fuese por mi culpa.

TOÑI: ¿Te dijo Susy que discutimos?

ANA: No, ella no. Os oí. Parecía que regañabais.

TOÑI: No te preocupes, siempre soy yo la cau­sante de todos los follones. Soy difícil de entender.

ANA: Tal vez tú misma no te entiendas.

TOÑI: Tú eres la psicóloga.

ANA: Me queda mucho para serlo. (Cambio.) De todas formas tú me caes bien así como eres.

TOÑI: ¿Sólo eso?

ANA: Bueno, te aprecio.

TOÑI: Sí, claro.

ANA: De verdad, Toñi ¿Por qué te extrañas?

TOÑI: Porque esperaba más.

ANA: ¿Más? ¿Qué más?

TOÑI: Algo como esto. (Besa a Ana en los labios.)

ANA: Te has inventado precisamente todo lo con­trario de lo que soy y no sé por qué.

TOÑI: Me equivoqué contigo. ¿Qué puedo hacer? Perdóname.

ANA: (Reaccionando.) ¿Por un beso? Los besos son bonitos, son muestra de cariño, hay diferentes formas de darlos y esta forma tuya no ha sido la apropiada. (Antes de entrar en su habitación.) Aquí no ha pasado nada. (Sale de escena.)

TOÑI: No, aquí sólo ha pasado que alguien acaba de meter la pata. (OSCURO.)

ESCENAV

(Luz tenue. Ana entra con una ligera embriaguez. La acompaña Jose, su joven amigo y se hace la

luz total.)

ANA: Ten cuidado, no podemos hablar.

JOSE: ¿Por qué?

ANA: ¿No sería mejor que te olvidases de la copa? Es muy tarde. (Jose la coge por la cintura y la besa en la boca, en ese momen­to sale Toñi de su habitación en pijama y carraspea la garganta para que se enteren de que está presente.)

ANA: Buenas noches. (A Jose.) Es Toñi, una de mis compañeras.

TOÑI: ¿Qué tal? (Lo mira de arriba abajo.)

JOSE: (Le da dos besos.) Muy bien.

TOÑI: Yo iba a por dos vasos de leche. Podéis seguir con lo que estabais haciendo. (Continúa el camino hacia la cocina.)

ANA: José me ha traído desde ese pueblo, ése que conoces.

TOÑI: Verdicio. ¿Y no te mareaste? (Ana sonríe y disimula.)

JOSE: Ana me ha hablado mucho de vosotras.

TOÑI: (Mii-ando a Ana.) Ah, ¿sí?

ANA: Jose exagera, sólo le he comentado que comparto el piso con dos chicas.

JOSE: Que eran estupendas, que Susy es poco habladora, pero cuando habla es clara y concisa. Y que tú para ser más habladora...

ANA: (Le tapa la boca.) Jose, por favor.

TOÑI: Sí, Jose, déjalo. Somos amigas, ¿quieres poner a prueba cuánto? Sólo te digo una cosa: si alguien quisiera hacerme daño en este momento sé quién sería y yo también sabría como responder. (Antes de salir de escena vuelve la cabeza.) ¡Ah!, en pocos segundos volveré a pasar por aquí, siento interrumpir, pero éste es el salón de la casa donde vivo. (Sale de escena.)

ANA: ¿Por qué has dicho esas cosas? Yo no te he contado nada de sus vidas.

JOSE: Sólo era una broma, ahora se lo aclaro todo.

ANA: No, déjalo, temo que sea peor.

JOSE: ¿Por dónde íbamos? (La besa, la abraza, la coge en brazos.) ¿Dónde está tu habitación?

ANA: Es esa.

JOSE: ¡Pues vamos allá, que no puedo aguantar más!

TOÑI: (Lleva dos vasos. Acaba de oír lo que dice Jose.) ¡Pues te la pelas, rico! Nada de chi­cos en el piso, ¿dónde habré oído yo eso?

JOSE: (A Ana.) ¿Pero qué dice?

ANA: (Reacciona.) Es mejor que te vayas. (Jose deja a Ana en el suelo, Ana mira su reloj.) Son las siete de la mañana, tengo sueño.

JOSE: No me lo puedo creer. ¿Te intimida esta amiga tan... guapa?

TOÑI: Gracias por el piropo.

JOSE: De nada. (A Ana.) ¿Para qué quiere dos vasos de leche?

TOÑI: Uno para mí y el otro es para...

ANA: Para mí. (Le quita un vaso.) Gracias. (A Jose.) Siempre tiene estos detalles. (Bebe un trago.)

JOSE: ¿Y para mí un adiós?

TOÑI: ¿Quieres este otro vaso de leche?

JOSE: No, gracias. (A Ana.) Te llamo.

ANA: (Zalamera.) Espero que así sea. (Jose hace el amago de irse y retrocede contento sobre sus pasos y le da un último beso a Ana.)

JOSE: Recuerda que tú y yo tenemos un asuntillo que terminar.

TOÑI: ¿Lo habíais empezado? Pues sí que sois rápidos.

JOSE: (A Ana.) ¿Tu amiga siempre es así de sim­pática?

ANA: Sí, suele ser así.

JOSE: (En la puerta de la calle.) ¡Hasta pronto! (A Toñi.) ¡Adiós! (Sale de escena.)

TOÑI: Está bueno el tío. ANA: ¿Verdad que sí?

TOÑI: Si no llega a ser por mí, primera cita y primera     

ANA: ¿Vez?

TOÑI: Sí, ¿no?

ANA: No, ya no...

TOÑI: ¿Es que antes de venir a casa habéis para­do por ahí?

ANA: No, hemos venido directos, nos hemos besado... Pero la primera vez, fue con otro. (Vuela su pensamiento.)

TOÑI: ¿Cuántos años tiene?

ANA: ¿Jose?

TOÑI: Sí, claro.

ANA: Veintiséis.

TOÑI: Supongo que ya no estará estudiando.

ANA: No, es profesor.

TOÑI: ¡Profesor! ¡Quién lo diría!

ANA: ¿A dónde quieres ir a parar?

TOÑI: Es muy normal hacer amistades con sus alumnas e intentar tirárselas.

ANA: (Le devuelve el vaso.) Aún no está traba­jando, pero cuando lo haga será profesor de inglés.

TOÑI: ¿Yes?

ANA: Sí.

TOÑI: (Posando un vaso de leche y de vez en cuando bebe del que Ana bebió.) ¿Por qué encubriste para quién era el vaso de leche? ¿No quieres que Jose sepa lo mío con Susy?

ANA: ¿Está despierta?

TOÑI: Se habrá dormido, si no habría salido a por el maldito vaso que no le acaba de llegar.

ANA: La gente siempre te pone cartelitos.

TOÑI: ¿Tú piensas en la gente?

ANA: Yo temo más al pasado que a la opinión de las personas.

TOÑI: Yo me preocuparía más del futuro.

ANA: ¿Tienes algún recuerdo malo?

TOÑI: Todo el mundo tiene alguno.

ANA: ¿Quieres contármelos?

TOÑI: ¿Por qué tendría que hacerlo?

ANA: Porque soy tu amiga.

TOÑI: Yo decido quienes son mis amigos.

ANA: ¿Estas resentida conmigo?

TOÑI: No, no es eso. Es que no me gusta hablar de mis complejos o miedos.

ANA: De acuerdo, no quería ser curiosa.

TOÑI: Lo sé, perdona que sea tan...

ANA: ¿Reservada?

TOÑI: Sí.

ANA: Estás en tu perfecto derecho.

SUSY: {Voz en off.) ¿Y ese vaso de leche?

TOÑI: (Ana y ella se miran.) Seguiremos hablan­do mañana. (Coge el vaso que había posa­do y sale de escena por la puerta del foro.)

ANA: ¡Hasta más tarde! (Va hacia su habitación.)

(OSCURO.)

ESCENA VI

(Iluminación completa. Suena el teléfono y sale Toñi de la cocina. Descuelga.)

TOÑI: ¿Sí?... Soy Toñi.... Sí, la simpática...No se lo puedo decir... No, no es que no quiera, es que aún no ha llegado... ¡Pues del trabajo! ¿No te dijo que trabajaba?... Sí chico, es muy despistada... ¡Vale!, le diré que has lla­mado... ¡Espera!, ¿cómo te llamabas?... Claro que me acuerdo Jose, ¿no te das cuenta de que te estoy tomando el pelo?... Así que te gustan mis bromas... ¿Tú quieres venir a verla? Pues ven, yo no fui quien dictó la norma de "nada de tíos"... De acuerdo, no le diré que has llamado, será una sorpresa... Pues mira, si vienes dentro de media hora... , calculo que ya estará aquí. ¡Vale!, ¡Hasta luego! (En ese instante que cuelga entran de la calle Ana y Susy.) ¡Premio!, por un día lle­gáis las dos al mismo tiempo.

ANA: Nos hemos encontrado justamente en el portal.

SUSY: Ya ves, casualidades.

TOÑI: Sí. "Por casualidad tocó un burro una flau­ta".

SUSY: Ana, lo que te estaba diciendo, no debes tomarte las cosas tan a pecho. (Toñi escu­cha atenta.)

ANA: Es que no acabo de fiarme...

SUSY: Ya te lo he dicho: "no todos van a hacerte lo mismo ni te van a mentir".

TOÑI: Todo en la vida son mentiras.

ANA: Sí, eso es verdad.

SUSY: Si das por sentado que la frase que acaba de pronunciar Toñi es cierta es que también deja de tener consistencia. A ver Ana, ¿es que no puede ser su hermana? Deja un margen de confianza.

ANA: Cuando lo conocí la semana pasada, era como si los dos sintiésemos la misma atrac­ción. Me faltó poquísimo para hacérmelo con él el mismo día que lo conocí. Ha pasa­do toda esta semana y ni una llamada y ayer lo vamos a encontrar en la burguer (con retintín) con su hermana.

TOÑI: ¡Vaya corte!

SUSY: (A Toñi.) Siempre se te ocurren a ti los jue­gos más tontos. Aun me duele el ojo de la puñetera servilleta de papel que me lanzas­te.

ANA: Pero nos reímos.

SUSY: Hasta que lo viste en la mesa de detrás.

TOÑI: ¡Menuda cara que se te puso!

ANA: Normal, entre el corte de parecer una cría y ver que él...

TOÑI: Por cierto, me dijo que te dijera que no había llamado. Quiere darte una sorpresa.

ANA: ¿Una sorpresa? ¿Qué sorpresa?

TOÑI: Imagino que es él mismo, cuando venga dentro de (mira el reloj) veinte minutos.

ANA: ¿Dónde estaba?

TOÑI: No me lo dijo.

ANA: (Nerviosa.) ¿Hay cervezas en la nevera?

SUSY: Sólo había dos.

ANA: Tendremos que meter más.

SUSY: Tranquila, nos arreglaremos.

ANA: (Se toca el pelo.) Tengo que ducharme... (Va hacia el baño.)

TOÑI: Hace días que no compramos cerveza y en cambio beber sí lo hicimos.

SUSY: Lo dirás por ti que eres igual que una esponja.

TOÑI: ¿Una esponja, yo?...

ANA: (Desde la puerta izquierda.) ¡El albornoz, se me olvidaba! (Corre hacia su habitación y desaparece.)

SUSY: ¡Date prisa!

TOÑI: ¡Te va a pillar en bragas...! Bueno, eso es lo que quiere.

SUSY: Tal vez se lo pide el cuerpo, ¿no crees?

ANA: (Saliendo a escena con su albornoz en mano.) ¡Voy volando!

TOÑI: ¡Cuidado cuando aterrices!

ANA: (Saliendo de escena por la izquierda.) No me da tiempo a meter las cervezas en la nevera.

SUSY: ¡Ya las meto yo! (Va a la cocina.)

TOÑI: Me parece que las dos de la nevera son las últimas de Filipinas.

SUSY: Iremos a por más.

TOÑI: ¡Qué samaritana!

SUSY: Ana se lo merece.

TOÑI: ¿Se merece estar con el primer tío que la provoca y que se lo quiera montar con ella el mismo día que la conoce? ¿Se merece un tío así? ¿Estás segura? Yo no creo que Ana sea de las que si el cuerpo se lo pide le basta y le sobra. No lo creo.

SUSY: ¿Y qué sabes tú?

TOÑI: Lo mismo que tú. Que vive con nosotras y... la queremos, ¿no?

SUSY: Yo sé algo más.

TOÑI: ¿Qué?

SUSY: Estuvo enferma por culpa de un novio.


TOÑI: ¿Cómo enferma? ¿Aqué te refieres?

SUSY: Se le cruzaron los cables, perdió los ner­vios.

TOÑI: ¿Y a quién no le pasa? Y encima la deja­mos tirarse a los brazos de otro. ¡Joder!

SUSY: Toñi, acuérdate, le gustan los tíos y hace meses que no está con ninguno.

TOÑI: Sí, lo sé, pero dudo que éste le traiga nada bueno.

SUSY: ¿Lo conoces?

TOÑI: Lo vi el otro día cuando trajo a Ana a casa.

SUSY: (Pausa.) Está preocupada por la chica que lo acompañaba ayer y que él nos dijo que era su hermana. Es muy desconfiada. Yo lo creo.

TOÑI: Yo no lo conozco, pero si era su hermana no se parecía nada. (Suena el timbre de la puerta.)

SUSY: Voy a asegurarme de que quedan cerve­zas.

TOÑI: (Sin levantarse.) ¿Quién dejó el portal abierto?

SUSY: (Haciendo mutis.) Nosotras lo cerramos.

TOÑI: (Vuelve a sonar el timbre) Voy a abrir o que­mará el timbre. ¿Te vas a quedar pegado al timbre? (Sonríe.) Anda, pasa. (Entra Jose.) Has llegado diez minutos antes.

JOSE: ¿De veras? No me he dado cuenta.

TOÑI: (Con cinismo.) A veces se pierde la noción del tiempo.

JOSE: ¿Ha llegado Ana?

TOÑI: Sí. (Jose va a la puerta de la habitación de Ana.) Pero se está duchando.

JOSE: ¿Dónde?

TOÑI: ¿Cómo que dónde? Aquí tenemos un cuar­to de baño pequeño, pero completito.

JOSE: Me lo imagino, ¿pero dónde está ese cuar­to de baño?

TOÑI: (Le señala el lugar.) Por esa puerta, al fondo del pasillo. (Sale Susy y se cruza con Jose.)

JOSE: Perdona...

SUSY: Soy Susy.

JOSE: Perdona Susy.

SUSY: (Sin dejarle pasar.) ¿Pero dónde vas tan rápido?

JOSE: Al cuarto de baño.

SUSY: Si es urgente procuraré ayudarte, si no vas a tener que esperar.

JOSE: ¿Eres igual que Toñi?

SUSY: ¿A qué te refieres?

JOSE: A si eres igual de simpática.

TOÑI: (A Jose.) Te está hablando en serio.

JOSE: O sea que sois las guardianas de Ana...

SUSY: No digas bobadas, nosotras no guarda­mos a nadie, pero creo que puedes esperar a que acabe ¿no?

TOÑI: ¿A ti no te gusta estar solo aunque sólo sean cinco minutos? (Él asiente.) Pues esos cinco minutos son de ella.

JOSE: De acuerdo... (Toñi va hacia Jose lo coge por un brazo y lo guía al sofá.)

TOÑI: Siéntate. Susy, ¿le traes una cerveza? (Susy sale de escena por la izquierda.) Relájate.

JOSE: Sólo quería darle una sorpresa.

TOÑI: ¿Como la de ayer?

JOSE: ¿Cuál?

TOÑI: ¿No te fijaste en la cara de extrañeza que te puso Ana?

JOSE: ¡Ah! La chica era mí hermana.

TOÑI: Dejaste pasar toda una semana sin llamar­la. ¿Recuerdas que quedaste en hacerlo?

JOSE: Yo no estoy obligado a...

TOÑI: Nadie lo está, solo se tiene palabra o no se tiene y tú no la tienes.

JOSE: Hablas como si yo fuese el novio de Ana.

TOÑI: ¿Hablo como si fueses su novio?

JOSE: Pero no lo soy. ¿Sabes? Me caes bien.

TOÑI: (Sonríe.) ¿Cómo pueden decirme dos per­sonas diferentes en espacio de pocos días idéntica frase?

JOSE: Por algo será. ¿Por qué estás a la defen­siva?

TOÑI: (Sonriendo.) Yo no estoy...

JOSE: Eres tan bonita cuando sonríes...

TOÑI: Y si no sonrío ¿dejo de serlo?

JOSE: Si no sonríes sigues teniendo una cara tan hermosa...

TOÑI: ¿Y la de Ana?

JOSE: Ana es... es...

TOÑI: No tienes palabras, sí, suele pasar. (Entra Susy con una cerveza.)

SUSY: (Va a la puerta de la izquierda.)Ana, Jose ya está aquí. (Le da el bote a Jose.) Toma.

JOSE: Gracias.

SUSY: (A Toñi.) Tenemos que ir a por más. JOSE: No lo hagáis por mí. Con ésta tengo bas­tante.

TOÑI: Nosotras también bebemos.

SUSY: ¿Vamos?

TOÑI: ¿Y lo dejamos solo?

SUSY: No se queda solo. Ana va a salir dentro de unos minutos.

JOSE: Pero me aburro mientras tanto...

SUSY: Está bien, iré yo sola.

TOÑI: ¿Dónde iras a por ellas?

SUSY: A la esquina.

TOÑI: No, ahí no tienen Vool-Damm.

SUSY: Entonces voy al Padok, pero ya sabes, está bastante más lejos.

TOÑI: No vayas...

SUSY: No tengo otra cosa mejor que hacer. (Sale por la derecha. Pausa.)

JOSE: ¿Qué hacemos?

TOÑI: Nada.

JOSE: A mí se me ocurren tantas cosas...

TOÑI: Menudo morro tienes......... ¿Te pongo música?

JOSE: ¿Qué tienes?

TOÑI: Hay para todos los gustos, somos tres chi­cas.

JOSE: ¿A ti quién te gusta?

TOÑI: Me gusta Luz.

JOSE: ¿Casal?

TOÑI: (Pone el disco.) Claro.

JOSE: (Se acerca a ella.) ¿Has ido ya a algún concierto suyo?

TOÑI: Sólo a uno.

JOSE: Dentro de un mes actuará aquí.

TOÑI: Me encantaría ir.

JOSE: ¿Quieres que vayamos juntos?

TOÑI: A Ana no le gusta Luz.

JOSE: Entonces iremos tú y yo.

TOÑI: ¿Tú crees que lo que me propones está bien?

JOSE: ¿Por qué no? ¿Qué hay de malo?

TOÑI: No sé, lo pensaré. (Sigue el ritmo de la música.) La verdad es que no quisiera per­derme ese concierto.

JOSE: (La observa y se pone detrás de ella.) Yo tampoco. (Toñi se contornea lentamente, él se acerca muy despacio y la coge por detrás, ella se deja hasta que él pone su mano en el pecho de Toñi.)

TOÑI: (Se suelta) ¿Qué haces?

JOSE: Ha sido la música.

TOÑI: No, ha sido tu mano en mi teta. (Quitando el CD.)

JOSE: Ha sido un roce de nada........

TOÑI: Se empieza rozando y se acaba... Ya sabes. Dime, ¿estás jugando con Ana?


JOSE: ¿Ana? Pero si sólo somos amigos.

TOÑI: Amigos o no, a mi no me jodas, que está a punto de salir.

JOSE: ¿Pero qué pasa?

ANA: (Sale con su albornoz puesto.) Hola Jose. (Él va muy rápido y le da un beso en los labios.) Vienes muy efusivo

TOÑI: Solo unos segundos de Luz Casal. Por lo visto le pone... a tono.

ANA: ¿Qué?

JOSE: Toñi me ha puesto su último CD.

ANA: ¿Luz Casal?

TOÑI: A mí me gusta.

JOSE: ¿A ti no? (A Ana;)

ANA: ¿Te gusta a ti?

JOSE: Claro.

ANA: (Rápida.) A mi también.

TOÑI: (Entre dientes.) Mentira.

JOSE: ¿Qué?

ANA: Anda, Toñi, ve a buscar mi colonia; la que te llevaste a tu habitación.

TOÑI: Tranquila, enseguida me iré.

ANA: (Sonríe a Jose.) Voy a vestirme.

JOSE: ¿Por qué? ¿No estás bien así?

ANA: Es un poco incómodo estar vestida sola­mente con un albornoz.

JOSE: Quítatelo.

ANA: (Sonriendo.) Muy gracioso. Vengo ahora. (Sale de escena por su habitación.)

TOÑI: Me iré enseguida, en cuanto venga Susy.

JOSE: No me molestas, ¡me encanta verte!

TOÑI: ¿Sí? (Jose se acerca a ella.) ¿Te gusta el peligro?

JOSE: (Cogiéndola por los hombros.) Tal vez.

TOÑI: (Se aparta hacia otro lado.) A mí no.

JOSE: (Pausa.) ¿Irás conmigo al concierto de Luz?

TOÑI: Dímelo dentro de un mes.

JOSE: Lo haré.

(Entra Susy con las cervezas compradas.)

JOSE: Parece que vais a dar una fiesta.

SUSY: Menos mal que hay ascensor, tengo el hombro desencajado y los dedos morados.

TOÑI: Eso es porque no estás acostumbrada a hacer el deporte del ama de casa.

SUSY: Todos los días les lleno la bolsa.

TOÑI: (A Jose.) Susy es cajera en el Hipercor.

JOSE: ¿Y qué tal? SUSY: Fatal.

JOSE: ¿Por qué, mujer?

SUSY: Porque se me queda el culo...

TOÑI: Cuadrado.

SUSY: (A Toñi.) Dejo esto en la nevera y nos vamos ¿eh?

JOSE: ¿A dónde?

TOÑI: Al cine, por ejemplo.

SUSY: Sí, podemos ir al cine. (Haciendo mutis por la izquierda.)

TOÑI: Tendréis un par de horas.

JOSE: Me gustaría utilizarlas contigo.

TOÑI: Has elegido ya.

JOSE: Tengo  la esperanza de verte antes del concierto de Luz.

TOÑI: Siempre, o casi siempre, que vengas a ver a Ana, me verás.

JOSE: Me gustaría hablar contigo de muchas cosas. (Sale Susy.)

SUSY: He metido las cervezas en la nevera. (A Toñi.) ¿Tienes que cambiarte?

TOÑI: No, voy a coger pelas. (Hace mutis por la izquierda.)

SUSY: ¿Te has aburrido?

JOSE: No. He estado muy entretenido.

SUSY: Ana se está vistiendo ¿no?

JOSE: Sí, hace un momento que entró en su habitación.

SUSY: (A Toñi, que sale a escena.) ¿Ya?

TOÑI: Sí, vamos. (A Jose;) Despídenos de Ana.

JOSE: Vale. (Susy sale por la puerta. Toñi vuelve la cabeza para mirar a Jose, él la está mirando. Toñi continúa y hace mutis por la derecha. Jose vuelve a poner el CD de Luz. Sale Ana con un vestido ajustado y escota­do, con una sonrisa de oreja a oreja. Jose va a su encuentro, le besa la mano y empieza a bailar con ella un par de vueltas, la besa en los labios.)

JOSE: Esta vez no te salva nadie.

ANA: Esta vez no quiero que nadie me salve. (Jose echa a Ana en el sofá, cae sobre ella, se besan.) (LENTAMENTE OSCURO.)

ESCENA VII

(Iluminación total; entran de la calle Toñi y Susy.)

SUSY; (Sigilosa.) Esperemos que tengas razón y que no les molestemos.

TOÑI: Les di un par de horas, no vamos a estar toda la noche fuera de casa, el favor ya está hecho, que nosotras también vivimos aquí, digo yo.

SUSY: Sí, claro, pero mejor hablar bajo por si están...

TOÑI: ¡Pues se acabó el tiempo!

SUSY: Eres un poco grosera y antipática. ¿Acaso tienes envidia?

TOÑI: ¿Envidia?

SUSY: Sí, envidia. Porque si la tienes, habrá que arreglarlo ¿no?

TOÑI: Pero ¿qué dices? Yo me alegro por ella, aunque él no es gran cosa. (Entra Ana por la izquierda con un bocadillo y un vaso de leche.)

ANA: ¿Habéis llegado? (Muy contenta.)

TOÑI: ¿Todo bien?

ANA: (Mordiéndose el labio y acercándose a Susy, cómplice.) No, todo estupendamente. (Susy y Ana se ríen.) ¿Me perdonáis? Voy a llevarle esto a Jose, tiene un hambre...

TOÑI: (A Ana:) Ya veo que has aprovechado bien el tiempo.

ANA: Ni te imaginas, chica. (Hace mutis por la derecha.)

TOÑI: (Toñi se va al mueble-bar.) Me apetece beber un whisky. ¿Quieres uno?

SUSY: Ahora no. ¿Qué era eso que me contabas al salir del cine?

TOÑI: Nada, que mañana seguramente iré otra vez a casa de mis padres. (Con la copa en la mano.)

SUSY: ¿Ya no tienes dinero?

TOÑI: Me queda muy poco y van a ser las fiestas.

SUSY: ¿Crees que te van a soltar pelas tan fácil?

TOÑI: No tienen otro remedio.

SUSY: Tú no tienes la culpa de ser como eres.

TOÑI: ¿Cómo soy?

SUSY: Egoísta, caprichosa, no piensas en los demás...

TOÑI: Eso es lo mismo que egoísta.

SUSY: Es que eres muy egoísta. (Se oyen risas de Ana.)

ANA: (Voz en off.) No, no, por favor. (Ríe.)

TOÑI: ¡Ese tío no para!

SUSY: Parece que te importa mucho.

TOÑI: ¿No se puede comentar nada?

SUSY: Sí, puedes comentar todo lo que quieras, yo me voy a dormir.

TOÑI: Joder, ¡cómo te pones!

SUSY: No, no me pongo de ninguna manera, me voy a la cama porque ya es hora. Yo maña­na madrugo. (Hace mutis por la izquierda.)

TOÑI: De acuerdo, me iré a dormir yo también, si es que puedo. (Lo dice por la habitación de al lado. Se dirige a su habitación pero da la vuelta.) No, no voy a poder dormir. (Coge una revista, la hojea y la tira en su sitio. Sale Jose por la derecha con el pantalón, pero desnudo por arriba.)

JOSE: Me dijo Ana que estabais aquí.

TOÑI: Estoy yo sola, Susy se ha ido a dormir.

JOSE: ¿Tú no tienes sueño?

TOÑI: No.

JOSE: ¿Qué tal la peli?

TOÑI: Muy bien.

JOSE: ¿Pasaron dos horas ya? (Jose y Toñi están sentados cada vez más juntos, hay cierta atracción que se hará ver progresiva­mente.)

TOÑI: Dos horas y media.

JOSE: Te eché de menos. (Le acaricia la mejilla.)

TOÑI: (Le quita la mano muy delicadamente.) ¿Te gustan los tríos?

JOSE: No están mal, pero me refiero a que no tenías por qué haberte ido.

TOÑI: Venías por Ana, era con ella con quien te querías acostar.

JOSE: Vine por Ana, pero nada más.

ANA: (Voz en off.) Jose, ¿tienes ya el cigarro?

TOÑI: (Se pone de pie y coge un cigarro.) ¿Venías a por un cigarro? (Se lo tira.)Toma, ya lo tienes.

JOSE: (Cogiendo el cigarro.) Todavía no tengo todo lo que venía a buscar.

TOÑI: Quizás no has sabido mirar.

JOSE: (Acercándose mucho más a ella.) ¿Vas a enseñarme tú?

TOÑI: Depende.

JOSE: ¿De qué?

TOÑI: De lo que quieras encontrar.

JOSE: Te lo diré, pero mejor en otro sitio. Si tú quieres...

TOÑI: ¿Me estás proponiendo... ?

JOSE: Sabes perfectamente lo que te digo.

TOÑI: (Ríe.) ¡Joder, esto es increíble!

JOSE: Sí, pero posible. (Va hacia la habitación de Ana.) Ahora voy con ella, tenemos que hablar. (Sale de escena.)

TOÑI: Seguro. (OSCURO.)

ESCENA VIII

(Al iluminarse la escena, Susy está en el tresillo sentada haciendo zapping a la tele que está en la cuarta pared. Decide apagarla en el mismo ins­tante en que entra Ana por la puerta de la calle.)

ANA: Hola.

SUSY: Hola.

ANA: ¿Qué haces aquí tan sola?

SUSY: Ya ves.

ANA: ¿Y Toñi?

SUSY: No lo sé.

ANA: ¿Se fue otra vez sin decirte a dónde?

SUSY: Yo no le pregunto.

ANA: Pero antes te contaba todo.

SUSY: Hace dos semanas que prefiere no hacer­lo.

ANA: El mismo tiempo que tú estás rara. (Se sien­ta a su lado después de haberse quitado la cazadora.) ¿Quieres contarme qué pasa?

SUSY: Ya sabes que no soy muy habladora.

ANA: Y tú sabes que te lo digo de verdad, que quiero que desahogues, porque eres mi amiga y me fastidia verte así, tan triste.

SUSY: (Pausa pequeña.) Yo no soy celosa, solo soy realista, si al menos me hablase, me dijera la verdad, no me ocultara todo... Sé que se está viendo con alguien y tengo una ligera idea de quien es ese alguien.

ANA: ¿Y en qué te basas?

SUSY: Casi todas las tardes se va sin decir nada. Yo no le pido explicaciones, es libre. Las dos lo somos. Ana, yo la amo. La quiero muchísimo.

ANA: Ella a ti también, estoy segura.

SUSY: Sí, me quiere a su modo. No creas que esto que hace es la primera vez.

ANA: ¿No?

SUSY: Ya me lo ha hecho más veces, se mues­tra conmigo muy cariñosa y luego cuando se aparta, cuando está más fría, es que hay alguien en medio.

ANA: ¿Otra tía?

SUSY: U otro tío. Eso a ella le da igual. Sí, no te asombres, le da igual un hombre que una mujer, se siente a gusto con ambos sexos.

ANA: ¿Es bisexual?

SUSY: Llámala como quieras, pero ella sabe lo que hace.

ANA: (Cabreada.) ¿Hacerte daño?

SUSY: Mientras al final regrese a mí, me da igual.

ANA: Pero Susy, ¿cómo te puede dar igual que alguien esté jugando con tu vida? Sea tío o tía, eso no se puede aguantar, duele mucho.

SUSY: Lo malo es que esté jugando contigo tam­bién.

ANA: ¿Qué quieres decir? (Se queda cortada, casi sin fuerzas.) ¿Otra vez me lo están haciendo?

SUSY: Sólo es una suposición, no es fijo.

ANA: (Reflexionando.) Debe investigarse... Aunque yo no sirvo como detective privado. Jose no viene tanto por casa, pero estos fines de semana han sido míos. Se ha por­tado conmigo como siempre. No tengo nin­guna sospecha, ningún tipo de agobio, sólo un comentario, pero porque yo le pregunté, si no, se hubiera ahorrado ese tipo de expli­cación. Quizás porque sois mis amigas, le dije: "Jose, ¿qué opinas de Toñi y Susy?". Y contestó sin apariencia de estar incómodo, ¿por qué lo iba a estar?: "son unas chicas simpáticas". "¿Sólo dices eso?", le volví a preguntar y me respondió con una pregun­ta: "¿Hay algo más que decir?". (Tran­sición.) Le noté cierto acento extraño y cam­bié de tema.

SUSY: A mí Jose no me...

ANA: No te cae bien desde el principio, lo sé, y a decir verdad eso mismo me demostró Toñi.

SUSY: Toñi te estaba demostrando todo lo con­trario.

ANA: Es que no me lo puedo creer.

SUSY: Yo tampoco, pero el tiempo nos lo dirá.

ANA: Espero que nos equivoquemos las dos. Aún no lo amo, pero me gusta lo suficiente para no compartirlo con nadie. SUSY: Por supuesto.

ANA: (Pausa.) ¿Sabes? Mañana en vez de venir directamente a casa, le haré una visita a Jose. (Susy se encoge de hombros.) ¿Qué, preparamos la cena?

SUSY: No tengo muchas ganas de comer.

ANA: Yo tampoco, pero nos entretenemos. ¿Hacemos una receta especial? (Se levan­tan y van hacia la izquierda.)

SUSY: Sí, espaguetis con bonito. (Se ríen, hacen mutis por la izquierda. Una pequeña pausa. Suena el teléfono, sale Susy a cogerlo.) ¿Diga?... Sí, ahora la llamo. (Posa el apara­to.) ¡Ana! (Ana asoma la cabeza.) Es para ti.

ANA: (Sale a escena un poco preocupada.) ¿Quién es?

SUSY: Es Yoli. (Hace mutis por la izquierda.)

ANA: (Al teléfono.) ¿Sí?... ¿Cómo estás?...Bien, iba a hacer la cena... ¿De verdad?... ¡Pero eso es estupendo!... ¿Cuándo te lo entre­gan?... ¿Pero tú sabes conducir? (Ríe.) Bueno, yo como siempre... Sí, al final salgo con él... ¿Qué? Que nunca tuviste ocasión de decirme... ¿Qué? ... ¿Con ojo? ¿Y por qué tengo que andar con ojo?... No, de momento no sé si está pasando algo, pero te recuerdo que a Jose me lo presentaste tú y estabas muy interesada en que nos enrollá­ramos. (Cambio.) No, no me enfado, porque todavía no es un buen motivo, pero no dudes que lo haré en cuanto lo tenga... Las amigas están para todo, aunque tengan que hacer daño al decir las verdades, para eso son ami­gas... De acuerdo... Espero que te equivo­ques. Adiós... Adiós... (Cuelga. Se queda mirando el teléfono un instante.) (OSCURO.)

ESCENA IX

(Susy en escena lee un libro. Entra Ana y cierra la puerta de la calle de un portazo, malhumorada.)

SUSY: (Mirándola ligeramente.) Hola.

ANA: ¡Buenas! (Se dirige a la izquierda.) ¿Hay tomates?

SUSY: En la nevera. (Ana hace mutis por la izquierda.) Menos mal, otro portazo más y tira los tabiques. (Sigue leyendo. Pausa.)

ANA: ¡Mierda! (Desde dentro.)

SUSY: ¿Qué te ha pasado?

ANA: (Voz en off.) Nada, me corté el dedo.

SUSY: (Levantándose, se dirige a la izquierda.) ¡Decididamente, hoy no es su día! (Hace mutis por la izquierda. En 5 segundos salen Susy y Ana. Susy lleva un botiquín y hace que se siente Ana, que tiene el dedo índice izquierdo ensangrentado.) Ni que te hubie­ran metido un balazo.

ANA: Pero en el corazón; aunque tengo una esperanza.

SUSY: ¿Sí? (Le cura maternal el dedo.)

ANA: Pasé a ver a Jose como te dije ayer.

SUSY: ¿A su casa?

ANA: No, ¿no te lo dije? Lo contrataron en una agencia de publicidad.

SUSY: No sabía nada.

ANA: El tiene su propio despacho y una sección a su cargo.

SUSY: ¡Qué suerte ha tenido!

ANA: Es que su tío es el jefe.

SUSY: No, ya sé, en los tiempos que vivimos con­tinúan existiendo los enchufes.

ANA: Me dirigí a su despacho y antes de llegar, un compañero, con sonrisa amable me dijo que Jose estaba en el piso de arriba.

SUSY: ¿No lo viste?

ANA: Sí, lo vi, pero antes de verlo tuve que espe­rar y lo hice en su despacho, cerrando la puerta, me senté en su silla giratoria. Tras de mí había una gran pantalla de cristal.

SUSY: Dirás una ventana.

ANA: Estoy tratando de ser romántica.

SUSY: Pues sigue, no quiero reprimirte.

ANA: La mesa del despacho era grande, llena de cajones a ambos lados. Sobre la mesa tenía papeles que hojeé ligeramente, no me importaban lo más mínimo.

SUSY: ¿Qué intentabas hacer, curiosear?

ANA: Siempre me gustó ojear las cosas, no lo hago en plan fisgona.

SUSY: Pues si te pillan, no creo que te entendie­ra nadie la razón de por qué lo haces.

ANA: Intenté abrir los cajones.

SUSY: No me lo cuentes como si de una novela se tratase. ¿Encontraste algo?

ANA: Después de mirar en casi todos los cajo­nes... Una cajita de joyería. (Se le ilumina la mirada.) Y dentro una pulsera de oro con piedrecitas. No dudo de que es para mí. ¿Cómo podéis insinuarme cosas extrañas sobre él?

SUSY: (Refiriéndose al dedo curado.) Ya está. ¿Te dijo él que era para ti?

ANA: No, pero no tengo la menor duda. Pronto será mi cumpleaños. Volví a meter la pulse­ra en su sitio y lo puse todo como estaba, quiero que él me de la sorpresa, y hasta entonces calladita estaré más guapa.

SUSY: No comprendo tu mal humor. ¿Te han puesto una multa? ¿El perro de la vecina ha meado otra vez en el ascensor?

ANA: No, te cuento: él entró cuando acababa de poner la pulsera en el cajón.

SUSY: ¡Te pilló!

ANA: No, nada de eso, me dijo: "Te queda muy bien ese sitio". "¿Verdad que sí?", dije son­riendo a la vez que me levanté y le di un beso. "Me pillas fatal de tiempo, hoy tengo una cena de negocios. No puedo estar con­tigo. Lo siento, cariño". "No importa, sólo quería darte una sorpresa", le dije, con la sonrisa forzada. "Y me la has dado, puedes estar segura". Me besó y luego práctica­mente me echó del despacho, eso sí, muy amablemente. Hice como si no me importa­ra...

SUSY: La puerta sabe que eso no es cierto.

ANA: (Tajante.) No me gustó que me echase, pero dentro de unos días tendré esa pulse­ra que demuestra que os equivocáis con él... Es tan atento conmigo... (Susy ha ter­minado de recoger el botiquín.) SUSY: Ahora ten cuidado con hacerte daño, que yo no estaré siempre para ponerte una tiri­ta.

ANA: Gracias, Susy, eres tan buena...

SUSY: Sí, tan buena que soy tonta, ya lo sé.

ANA: Yo no pienso eso.

SUSY: Lo pienso yo, aunque me da igual.

ANA: Verás como todo son puras coincidencias, las cosas tarde o temprano se llegan a saber.

SUSY: A veces es más bien tarde que temprano. A la gente nos gusta vivir rodeados de men­tiras, mentiras piadosas que no dejan de ser mentiras.

ANA: Yo no creo en eso.

SUSY: (Burlona.) Tú te mentiste a ti misma al intentar olvidarte de tu antiguo novio.

ANA: No, yo me callé. (Riéndose de sí misma.) Intenté enterrarlo, lo que pasa es que cuan­do entierras algo, le sigues enviando flores.

SUSY: ¿Jose sirve para dejar de enviarle flores a Carlos?

ANA: Tal vez. Porque Jose es un cuerpo, una satisfacción, aún no es mi amor. ¡Pero es mío!

SUSY: ¿Sabes que eso mismo piensan algunos hombres sobre las mujeres?

ANA: Ya era hora de que alguna mujer pensase así sobre ellos.

SUSY: Es algo que utilizas...

ANA: ¿Cómo los kleenex?

SUSY: Sí, de usar y tirar.

ANA: Esa es una frase muy vieja, tan vieja que no es cierta. Yo lo uso, uso a Jose, como tú dices, pero puede haber más, no sé. En estos momentos me gusta y eso me vale. Quizás no entiendas que no reconozca estar enamorada...

SUSY: Te entiendo, pero no te creo, sigo diciendo que te estás mintiendo. ANA: Nunca opinas, hablas muy poco, pero ¿sabes que tus palabras a veces hacen daño?

SUSY: La realidad siempre hace daño, pero eso no quiere decir que no sea realidad o que se tenga que ocultar para no sufrir. El dolor ayuda a crecer.

ANA: Y a morir.

SUSY: A morir nunca.

ANA: Según qué dolor...

SUSY: ¡Hombre!, si te refieres a un dolor físico como una enfermedad mortal... Pero yo te estoy hablando del dolor del alma.

ANA: Te he entendido desde el principio.

SUSY: Me alegro, porque me estoy asombrando de mí misma. (OSCURO.)

ESCENA X

(Al iluminarse la escena Susy sale de la habita­ción de Toñi con una bayeta de limpiar el polvo en una mano y su otra mano la mantiene en puño cerrado. Se va hacia el sofá con paso lento, pen­sativa, mira lo que lleva en su puño cerrado y se pone a llorar. Entra Ana de la calle.)

ANA: (Va hacia Susy.) ¡Vamos! ¿Qué te ocurre?

SUSY: (Llorando.) ¡Ya está, tengo la prueba!

ANA: No entiendo lo que dices, deja de llorar.

SUSY: (Abre el puño.) ¡Mira!

ANA: ¡Dios! ¿Dónde estaba esta pulsera? (Se la coge.)

SUSY: (Ha dejado de llorar, pero está triste.) Estaba limpiando su habitación. Te juro que no fui a fisgar... Pasa tan poco tiempo aquí... Creí conveniente limpiarla, aunque no se lo merezca.

ANA: No, no empieces de nuevo a llorar y acaba de contármelo.

SUSY: La pulsera estaba sobre la mesita, así como te lo digo.

ANA: ¿Ni siquiera tuvo la delicadeza de guardarla dentro del cajón? Sabe que tú le limpias la habitación. Quiso que nos enterásemos, así de crudo. (Susy llora.) Venga, cálmate y pon esta pulsera donde estaba. Ya ves, yo quería enterarme por mis propios ojos y aquí está. La misma pulserita que me encontré, y que yo, más estúpida que nunca creí que sería un regalo de cumpleaños. Ahora vete. Deja la pulsera como la encontraste. ¡Venga!

SUSY: (Sale de escena y entra enseguida.) ¿No será mejor salir a dar una vuelta?

ANA: ¿Por qué?

SUSY: Hoy ha dormido aquí y se fue de com-pras        

ANA: Estupendo, podremos hablar.

SUSY: Ese tema es un tanto delicado y tú...

ANA: ¿Tienes miedo de que haga una locura?

SUSY: Yo no he dicho eso.

ANA: No, pero tienes miedo ¿verdad?

SUSY: Tal vez no sea miedo (Entra Toñi cargada de bolsas por la puerta de la calle.) Es tarde para el miedo.

TOÑI: (Alegremente.) ¿Quién me echa una mano?

ANA: (Dirigiéndose hacia Toñi y cogiéndole una bolsa.) Ya que tú me echas una mano por semana, te ayudaré. (Cínica.) Estarás can­sada.

TOÑI: ¿Qué quieres decir con eso de que te ayudo por semana? Apenas estoy aquí.

ANA: (Muy cabreada.) ¡Zorra! (Le da una torta.)

SUSY: Vamos, sentémonos. (Mientras van a sen­tarse, hay un silencio sepulcral.)

ANA: (A Toñi;) Quiero hablar contigo. (A Susy;) A solas. (Susy le lanza a Ana una mirada inte­rrogativa.) No te preocupes, me estoy auto-controlando. (Susy sale por la izquierda mientras la observa Ana.) No me molesta Susy, ella sabe lo que te voy a decir, pero debemos hablar a solas, mi problema es contigo. Toñi, sé que has estado con Jose, me he enterado, no me preguntes cómo, pero lo sé y no ha estado bien lo que me has hecho, a mí, que soy tu amiga, ni a ella que te quiere tanto.

TOÑI: (Mirando al suelo.) Lo sé, pero no supe qué hacer, me buscó hasta que me encontró. No lo volveré a ver. ¡Te lo juro! He merecido la torta que me has dado y más si quieres, pero perdóname, no soportaría que dejases de ser mi amiga... Susy está acostumbrada, me conoce, sabe que la quiero, que no sé decir no a nada ni a nadie... (Se le llenan los ojos de lágrimas.)

ANA: Actúas sin pensar en las consecuencias y a menudo metes la pata. Hemos convivido juntas y hemos tenido muchas experien­cias. Eres una amiga, pero no sabes demostrarlo muy bien y encima ¿quieres que te perdone, que haga como si no hubie­ra pasado? Yo no amo a Jose, pero me gus­taba, o lo necesitaba, porque volvía a tener orgasmos después de mucho tiempo. Quizás te estoy diciendo que lo sentía como mío, aunque ahora me doy cuenta de que nada nos pertenece, nada es eterno y un hombre menos. No lo quiero compartir. ¿Lo quieres tú? Te lo cedo.

TOÑI: No, no volveré a tener ninguna relación con él.

ANA: ¿Sabes? Hubo una vez un tío que me hizo mucho daño, ahora el daño me lo ha hecho una amiga. El no merecía mis lágrimas, tú tampoco, pero a ti te quería, ya no será igual contigo, supongo que esto te lo espe­rabas.

TOÑI: (Triste.) No seas cruel conmigo.

ANA: (Risa falsa.) ¿Cruel? ¿Me hablas tú de crueldad? (Suena el timbre, mira el reloj.) ¡Ah, puntual como siempre! ¡Es nuestro amante!

TOÑI: Por culpa de él acabo de perder a las ami­gas que más quiero. (Hace mutis por su habitación.)

ANA: La culpa fue tuya desde el mismo instante en que le hiciste caso. (Vuelve a sonar el timbre.) ¡Ya voy! (Abre la puerta y pasa Jose muy contento; va a darle un beso a Ana y ella se aparta.) ¿Cuál de las dos tardó más en irse a la cama contigo?

JOSE: ¿De qué me hablas?

ANA: De Toñi, ¿de quién si no?

JOSE: ¿Qué pasa con ella?

ANA: No te hagas el cínico conmigo; lo sé todo.

JOSE: (Con cara desencajada.) Ya te lo ha dicho ¿no? Le dije que eran cosas nuestras, pero ella estaba mal a gusto; decía que era amiga tuya. ¡Ya ves tus amigas!

ANA: ¿Son mejores mis amigos? Sabes que es lesbiana ¿no?

JOSE: Sí, lo sé.

ANA: ¿Entonces por qué jugaste así con las dos? JOSE: Porque a mí las lesbianas me ponen cachondo.

ANA: Sí, había oído que a algunos hombres les gusta ver cómo se lo hacen dos tías, pero no sabía que a ti te podían gustar por separado y para colmo insinúas que yo también lo soy.

JOSE: ¡Lo afirmo! Toñi me contó que en casi un año que vivís juntas, nunca hablaste de hombres y tampoco trajiste aquí a ninguno, que yo fui el primero.

ANA: ¡Estúpido! Ni a ti ni a nadie le tengo que dar explicaciones de mi vida pasada. Ya todo se acabó, puedes irte a la mierda. (Se da media vuelta.)

JOSE: Adiós, cariño. Siento que no hayas podido aguantar tanto deseo... Tanta fuerza... Todo se te va por la boca. (Sale de escena.)

ANA: O no sé buscar o todos los cabrones ponen en mí su punto de mira... (Toñi, que ha escu­chado a Ana, sale totalmente a escena.)

TOÑI: No me creerás, pero él esperaba de ti esta reacción. ¿Por qué aferrarte a un mismo hombre cuando lo que querías era sexo?

ANA: Toñi, ¡ya! ¿Eh? Por favor.

TOÑI: No te preocupes, se acabó todo, nuestra amistad y tu relación con Jose. Sólo espero que con el tiempo te olvides de odiarme y me recuerdes con cariño.

ANA: No te odio, pero tampoco te quiero.

TOÑI: ¡Qué pena, porque yo a ti sí! (OSCURO.)

ESCENA XI

(Ana pone música y comienza a bailar, primero sin ganas y luego pone más entusiasmo. Entra Susy por la izquierda, viene de su habitación.)

SUSY: Dicen que a mal tiempo buena cara ¿no?

ANA: Eso dicen, aunque ya me he olvidado casi.

SUSY: ¿Tan pronto?

ANA: Lo de Jose apenas fue algo importante.

SUSY: Ya, pero...

ANA: Dolió, pero... es igual. Salir por ahí ayuda, aunque yo antes no lo hacía.

SUSY: A mi no me apetece.

ANA: Pues deberías hacerlo. ¿Por qué no sales conmigo?

SUSY: ¿Contigo?

ANA: Y con mis amigos.

SUSY: ¿Otra gente?

ANA: La misma, pero sin Jose.

SUSY: No, gracias.

ANA: No tendrás ligues, pero sí amigos.

SUSY: Yo no busco otro ligue.

ANA: Estás obcecada con ella. Susy, ¿no apren­des?

SUSY: Tú no lo entiendes, aunque te lo explicase no lo entenderías.

ANA: Eso no se sabe... (Pausa pequeña.)

SUSY: ¿No has pensado en conocer a otro chico? Pero esta vez sin hacerte ilusiones.

ANA: Ya le conozco.

SUSY: ¡Qué bien!

ANA: En realidad lo he conocido mucho antes que a Jose, pero es inalcanzable.

SUSY: ¿Quién es, un príncipe azul?

ANA: Me tienes por una ingenua ¿verdad?

SUSY: Lo somos todas.

ANA: Yo más, por haberme fijado en él, pero no hago nada por ganármelo. Sería perder el tiempo. Está casado.

SUSY: Creí que era más grave.

ANA: ¿Te parece poco? No pienso meterme en medio de una pareja, aunque en sueños lo haga.

SUSY: ¿Has soñado con él?

ANA: Soñé que me caían los libros de una estantería encima, él me ayudaba a colo­carlos, estábamos solos. Lo tenía justo detrás de mí...

SUSY: ¿Trabaja contigo?

ANA: Es mi jefe.

SUSY: Continúa.

ANA: Es un sueño erótico.

SUSY: ¿Un sueño erótico?

ANA: (Asiente.) Y me da corte.

SUSY: ¿A estas alturas de curso?

ANA: Me acuerdo del sueño y me noto húmeda.

SUSY: ¡Qué fuerte! ¿No?

ANA: El sí que es fuerte. Habla y me hace sentir la mejor de las personas y lo hace de tal forma que parece que él debería aprender de mi y no al revés. Dice no ser un románti­co pero su forma de ser le contradice.

SUSY: ¿Te dijo él que estaba casado?

ANA: De su vida privada no habla, dice pequeñas cosas, pero nada de su mujer. Otra compa­ñera me lo dijo.

SUSY: ¿El no se ha dado cuenta de que te gusta?

ANA: Sólo me muestro como una compañera de trabajo.

SUSY: ¿Y si estuviese separado?

ANA: Aunque así fuese, yo no tengo por qué entrar en sus gustos.

SUSY: Sería cuestión de averiguar cómo le gus­tan las chicas.

ANA: Sí, pasaditas, en su punto o poco hechas.

SUSY: ¡Mira que eres bruta! Ni que fuésemos un entrecot al cabrales. Oye, y en el sueño ¿te lo pasaste bien?

ANA: Te estás haciendo una indiscreta... (Sale Toñi de su habitación, lleva una carta en la mano, se acerca a Susy y le da un beso.)

SUSY: ¿A qué viene esto? Tú y yo estábamos enfadadas.

TOÑI: Pero eso no tiene nada que ver para darte un beso. (Ana le evita la mirada.) Ana, por favor... Bueno, me voy. (Sale de escena.)

SUSY: Está algo rara, ¿no?

ANA: Tú la conoces mejor.

SUSY: Sí, está rara. Deberías perdonarla.

ANA: Me cuesta cambiar la cara de mala leche, pero no sé que tiene que no le puedo guar­dar rencor. Solo hay que dejar pasar tiem­po... (OSCURO.)

ESCENA XII

(Iluminación azulada. Los personajes vestirán en blanco y negro. En escena está Susy sentada en el sofá, cerca de ella, de pie hay un comisario de policía. Otro policía inspecciona por todos lados.)

COMISARIO GARCÍA: ¿Ella le contó sin más esa historia?

SUSY: Sí

POLICÍA: (Al Comisario.) Señor Comisario, he encontrado esta pulsera en uno de los cajo­nes. (Le tiende la pulsera de Toñi. Ambos utilizan guantes de plástico.)

COMISARIO: ¿Ésta es la pulsera a la que se refe­ría usted?

SUSY: Sí, se la regaló él.

COMISARIO: (Se la da al policía. Y éste la guar­da en una bolsa de plástico.) ¿Cómo me dijo que se llama ese caballero?

SUSY: Aún no se lo he dicho. Se llama Jose.

COMISARIO: ¿José qué más? (Entra Jose en escena.)

JOSE: José Ma de la Torre. Me acabo de enterar de lo de Toñi.

COMISARIO: Lo siento pero debo detenerle. Usted es el principal sospechoso.

JOSE: Me temo que se equivoca. Ayer Toñi pasó por mi oficina, hacía tiempo que no nos veí­amos...

SUSY: Como cuatro semanas.

JOSE: Ella comenzó a hablar como si nada hubiera pasado.

COMISARIO: Explíqueme lo sucedido.

JOSE: La chica con la que yo salía, descubrió que Toñi y yo manteníamos una relación oculta.

COMISARIO: Y esa chica era Ana Ma Conde.

JOSE: Sí. Toñi volvió ayer sábado, casi a la hora de cerrar. Quería reconciliarse. Luego me pidió el coche para ir a buscarme una sor­presa y... ¡Dios! (No puede seguir.)

SUSY: Los hombres no lloran. (Entra Ana de la calle.)

ANA: ¿Qué pasa?

COMISARIO: ¿Es usted Ana, la otra chica que compartía el alquiler con Antonia Rodrí­guez?

ANA: ¿Cómo que compartía? JOSE: Sí, es ella.

ANA: (En un susurro.) ¿Dónde está Toñi? (Sube el tono.) ¿Dónde está Toñi? SUSY: (Se abalanza sobre ella pero la detiene el policía.) ¡Tú la mataste, tú la mataste! ¡Maldita seas! ANA: ¡Susy!

JOSE: Es una paranoica (Por Ana.)

POLICÍA: (Dirigiéndose a Jose.) Comisario, ¿retengo a este señor?

COMISARIO: No, que se vaya.

POLICÍA: Ya sabe que no puede salir de la ciudad.

JOSE: Tranquilo, no pensaba hacerlo. (Jose se va por la puerta de la calle. El comisario indica a Ana que se siente en el sofá. Él se queda muy cerca de ella de pie, apuntando en un bloc de notas. Los iluminará un foco cenital azulado. Susy y el policía salen de escena.)

ANA: ¿Pero quién iba a querer matar a Toñi?

COMISARIO: Usted tenía bastantes razones.

ANA: ¿Yo? Esa idea es ridícula.

COMISARIO: A ella no la quería matar, ¿pero qué me dice del señor José de la Torre?

ANA: Que es un aprovechado, sólo eso.

COMISARIO: ¿No es cierto que intentó matar a su antiguo novio cuando se enteró de que la estaba engañando? ¡Conteste!

ANA: Sí, pero...

COMISARIO: ¿Usted mantenía relaciones inti­mas con don José Ma de la Torra?

ANA: Sí.

COMISARIO: Y cuando se enteró de que su novio...

ANA: No era mi novio.

COMISARIO: ¡Ah! ¿No? ¿Cómo lo llaman ahora?

ANA: Era mi amigo.

COMISARIO: Eso es, "amigo". Cuando se enteró de que su amigo la estaba engañando con Antonia quiso matarlo. Le cortó el tubo del líquido de frenos de su coche, pero no podía imaginar que precisamente ayer, su amiga Antonia sería la que utilizaría el vehí­culo de Don José Ma, ¿verdad?

ANA: ¡Oh, no! ¡Toñi! ¡Yo no lo hice!

COMISARIO: ¿Intentó suicidarse en dos ocasio­nes?

ANA: Pero estoy aquí, que es lo que importa.

COMISARIO: ¿Estuvo usted ingresada en un manicomio?

ANA: Susy, Susy. ¿Por qué?

COMISARIO: ¡Haga el favor de contestarme!

(El policía sale a escena y está dentro del foco de iluminación.)

POLICÍA: ¡Vamos, haga lo que se le pide!

ANA: (Histérica.) Sí, sí, es verdad. Prefiero lla­marlo hospital de medicina mental. ¿Creen que soy una psicópata? ¿Lo creen? Pues no hablaré más.

POLICÍA: ¿Comisario, le pongo las esposas?

COMISARIO: Sí, claro. (A Ana:) Tiene usted dere­cho a un abogado de oficio si lo desea, tiene derecho a guardar silencio, cualquier cosa que diga puede ser utilizada en su contra...

ANA: Tiene gracia. ¿Me lee los derechos ahora?

POLICÍA: ¡Vamos!

ANA: (Resistiéndose.) ¡No me empujes! COMISARIO: No forcejee demasiado o le harán daño las esposas.

(OSCURO.)

ESCENA XIII

(Iluminación completa, Ana está tumbada en el sofá. Tiene una pesadilla.)

ANA: ¡Yo no, no!

SUSY: (Sale a escena por la izquierda.) Ana, Ana, despierta.

ANA: Susy, yo no la maté.

SUSY: ¿Pero qué dices? ¿A quién se supone que no has matado?

ANA: ¡Uf!, ¡Vaya angustia! ¿Me das el vaso de agua? (Le da el que está sobre la mesa.) La casa estaba llena de policías y tú les habías contado aquel problema que tuve con mi ex novio. Decían que yo la había matado.

SUSY: ¿Pero a quién?

ANA: A Toñi. En mi sueño. Decían que alguien le produjo un accidente de coche.

SUSY: ¿De qué forma?

ANA: Utilizando el coche de Jose, alguien le cortó el liquido de frenos y se mató por las curvas de Verdicio. No me mires así, yo no le deseo la muerte, lo del sueño no me lo explico.

SUSY: Hoy me ha llegado una carta de ella. Ayer tenía todas sus cosas recogidas y se fue hoy, en la madrugada. Entre otras cosas ter­mina diciendo que te quiere.

ANA: ¿Pero por qué hizo lo que hizo?

SUSY: No soy especialista en analizar conductas, pero después de lo visto y de lo vivido, puedo deducir que Toñi quería demostrarte que todos los hombres son unos cerdos.

ANA: Pero está equivocada. Yo sólo he tenido mala suerte.

SUSY: Ella nunca se ha fiado de los hombres aunque de vez en cuando le gustan. Hace cosas muy raras. Cuando se siente atraída por una mujer intenta ser su protectora. En su mundo particular creía que demostrán­dote que Jose es un vulgar escarabajo podría ganarte, pero es tan torpe que en vez de dejar pasar el tiempo y que se metie­ra por medio cualquier otra lo hizo ella misma. Toñi te tenía en un pedestal y no quería compartirte con nadie.

ANA: Pero su amor eras tú, me lo dijo.

SUSY: (Sonríe.) Era. ¿Te das cuenta? Es pasado.

ANA: ¿Dónde ha ido?

SUSY: Con sus padres. Es lo mejor que podía hacer.

ANA: ¿Y tú cómo estas?

SUSY: Maldiciendo aquél primer día que entré por esa puerta e intentando sobrevivir. Mañana también me voy. No quiero quedarme por más tiempo entre estas cuatro paredes donde no he respirado más que mentiras...

ANA: Hay que mirar a los ojos de las personas al hablar.

SUSY: No quiero hacerlo, los ojos de la gente siempre mienten. (Suena el teléfono, Ana lo coge, Susy sale de escena por la izquierda.)

ANA: (Al teléfono.) ¿Sí?, Hola Juanma... Sí, estoy mejor... ¿cuándo?... Sí, claro... ¿Qué pelí-
cula vamos a ver?... ¿¡El felpudo maldito!?... Preferiría ver otra...No, no tengo nada en contra de las lesbianas, es que no soporto a Victoria Abril... Sí, cualquiera donde
salga Antonio Banderas...... Yo no sé por qué los chicos le tenéis tanta manía... Sí, es mi prototipo de hombre. (Risa.)

(OSCURO LENTAMENTE.)

Fin


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